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Cien años de literatura a la sombra del Gulag (1917-2017)

Ficha técnica

Título: Cien años a la sombra del gulag

Autor: Adolfo Torrecilla

Editorial: Rialp

Año: 2017

Páginas: 490

Precio: 23 €

 

 

 

 

 

Pablo Ortiz Soto
@portizs


A lo largo de este año 2017 se ha conmemorado el centenario de la Revolución rusa con la publicación y reedición de multitud de libros sobre los sucesos históricos que acontecieron. Sin embargo, como suele pasar desde hace cien años –y a diferencia del nazismo–, el tema predominante en las editoriales y en la opinión pública no ha sido el de recordar y analizar los crímenes contra la humanidad que se cometieron bajo el estandarte rojo de la hoz y el martillo en la URSS, y también, como consecuencia ideológica, en el resto del mundo: «la catástrofe comunista ha afectado, desde hace ochenta años, a cerca de una tercera parte del género humano en cuatro continentes» –casi 100 millones de muertos–, afirmaba hace tiempo el historiador francés Stéphane Courtois en su famosa obra El libro negro del comunismo: crímenes, terror y represión.

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Bandera comunista (Fuente: El País).

Quizá… la causa de este sorprendente olvido se encuentre en lo que algunos autores han denominado como la «religiosidad marxista», que «ilustra dónde puede llegar la colaboración con el crimen cuando es la izquierda quien la comete. Los crímenes perpetrados por la derecha no disfrutan de esa indulgencia: esto nos muestra un rasgo significativo de los movimientos de izquierdas, que parecen poseer la misma capacidad que las religiones tanto para tolerar el crimen como para limpiar la conciencia de sus cómplices. […] Raymond Aron sostenía que el marxismo salvaba el «vacío dejado por la religión», recuerda el filósofo británico Roger Scruton en su obra Pensadores de la nueva izquierda. Tal vez, además de por ignorancia, esta sea la principal razón por la que se sigue defendiendo y festejando públicamente en la actualidad –por ejemplo, cuando se ondea la bandera comunista en manifestaciones democráticas o los elogios que muestran ciertas fuerzas políticas asentadas en el Parlamento español–.

En el centenario de la Revolución rusa el tema predominante de editoriales y opinión pública no ha sido el de recordar y analizar los crímenes contra la humanidad que se cometieron.

Pues bien, si quieren responder a «por qué la magnitud del terror soviético no ha penetrado en el imaginario colectivo» y saber cómo vivieron aquellos años más de 125 escritores de varios países del mundo, es muy recomendable el libro Cien años de literatura a la sombra del gulag (Rialp, 2017): «Durante los años del poder soviético represaliaron a más de tres mil escritores y otros dos mil fueron fusilados o murieron en las cárceles y en los campos, sin esperanza para la libertad. No solo rusos. Las pérdidas fueron globales: exterminaron a casi todos los escritores armenios, a toda la intelectualidad del pequeño pueblo de los cheremíes, a todos los escritores udmurtos, altaicos, bashkirios, komis… No hubo pueblo ni lengua en el territorio del Imperio soviético que se librara de esta tragedia. […] Solo un alma preparada, que disponga de un mínimo de clemencia y de sabiduría, puede comprender nuestra historia reciente y discernir, más allá del matadero anónimo, la tragedia de cada uno de los seres humanos a quienes se aplastó», afirmaba Vitali Shentalinski –uno de los autores estudiados– en su obra Crimen sin castigo.

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Retrato de Anna Ajmátova, poeta (1889–1966).

Firmado por el crítico literario, profesor y sindicalista Adolfo Torrecilla, en este monumental trabajo analiza de manera rigurosa y didáctica numerosas novelas, diarios, memorias, relatos, libros de viajes o poemarios que versan sobre la experiencia que tuvieron sus autores en los gulag (acrónimo ruso de los eufemísticos «Campos de Trabajo Correccional», es decir, los campos de concentración y exterminio soviéticos); o que fueron escritos para no olvidar los crímenes cometidos en los países del Telón de Acero (Hungría, Polonia, Checoslovaquia, Rumanía…) y en otras regiones del mundo como China, Camboya o Corea del Norte: «Diecisiete meses hace que grito. / Te llamo a casa, / me arrojé a los pies del verdugo, / hijo mío, horror mío. / Todo se ha enturbiado para siempre / y no puedo distinguir / ahora quién es el animal, quién la persona, / cuánto tiempo queda para la ejecución», expresaba con angustia la poeta rusa Anna Ajmátova en unos versos de su Réquiem.

«Diecisiete meses hace que grito.
Te llamo a casa,
me arrojé a los pies del verdugo,
hijo mío, horror mío».

Dividido en tres capítulos, Torrecilla comienza la obra repasando la represión en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) para, a continuación, y a lo largo del segundo y tercer capítulo, profundizar en más de cien referencias en español que dan voz a todos aquellos literatos, y a otras personas que conocían nuestros protagonistas (familiares, vecinos, amigos, conocidos…), que vivieron y sufrieron en carne viva el terror rojo: purgas, torturas, exterminios, matanzas en masa, persecuciones, fusilamientos, trabajos forzados, exilios, apaleamientos hasta la muerte, esclavitud, hambrunas… Entre los muchísimos autores que encontrarán sumergiéndose en este interesante libro podrán descubrir a escritores muy conocidos (Svetlana Alexiévich, Alexander Solzhenitsyn, Czeslaw Milosz, Monika Zgustova…) y a otros que no lo son tanto (Kang Chol Hwan, Esther Hautzig, Nicolae Steinhardt, Norman Manea, Denise Affonço…).

A este respecto, es importante subrayar que no nos encontramos ante un simple listado bibliográfico o resúmenes de las obras. Todo lo contrario. El autor realiza un exhaustivo estudio sobre los literatos y su contexto histórico, añadiendo comentarios sobre aspectos estéticos y éticos de sus libros que nos ayudan a comprender todavía más lo significativo de sus legados literarios. En definitiva, si quieren conocer la terrible realidad del comunismo en muchos países del mundo a través de innumerables testimonios de personas que lo vivieron, esta obra que debe estar en todas las bibliotecas es una magnífica oportunidad para responder a sus inquietudes. Por eso la recomiendo encarecidamente.

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