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‘Catalanes todos’: más allá de la polémica

Reseña de libro: Catalanes todos

Ficha técnica

catalanes-todosTítulo: Catalanes todos

Autor: Javier Pérez Andújar

Editorial: Tusquets

Páginas: 334

Precio: 8,95€ (Maxi, tapa blanda)

 

Luís Melgar Blesa
@lluismblesa


Javier Pérez Andújar (Sant Adrián del Besós, 1965) ha sonado mucho en mi vida durante este año. Con sus Paseos con mi madre (2011) me inicié en esta revista tan solo unas semanas antes de que estallara la polémica por haber sido elegido pregonero de las barcelonesas Fiestas de la Mercè de 2016. La polémica, y la lectura previa, me llevó a asistir, por vez primera, al discurso institucional. Y menos mal que lo hice, porque pude disfrutar de una joya literaria e histórica, aderezada con el lirismo que es propio y la sentimentalidad que transmite el que es real, puro y tiene, a la vez, lecturas y calle y respeto e historia.

Catalanes todos (2014) era, por tanto, una lectura obligada (o al menos, eso me decían todas las personas con las que hablaba de Pérez Andújar). Para ser justos debo empezar diciendo que lo que he leído es una nueva edición de la obra de 2002 (la primera del escritor). Y no tan solo una revisión del texto original, sino que casi, en palabras del autor estamos leyendo una nueva versión: “El caso es que al revisar aquellas páginas […] me di cuenta de que ahora lo hubiera escrito de otra manera, con otro gusto, con otro orden de importancia en las cosas, es decir, que hoy siento la escritura de otra forma. Por tanto me puse a reescribirlo de arriba a abajo”. Y sigue advirtiéndonos el escritor que, si en la primera versión lo que más le importaba eran las quince visitas de Franco a Catalunya, en esta versión le da más importancia a los personajes ficticios que “van a enredarse en una trama íntima”. La trama a la que se refiere el autor es la trama de la propia vida, la que intimidad de envejecer y pasar acontecimientos conforme avanza el inexorable tiempo.

Así, la novela se sitúa entre 1936 y 2013 en Barcelona. Lo cierto es que yo no esperaba que Pérez Andújar llegara tan lejos, quiero decir, que esperaba encontrarme un espacio conocido entre, qué se yo, por decirlo de un modo literario, la Barcelona de Nada (1944), de Laforet, y la de Ventura en El pianista (1985), de Manuel Vázquez Montalbán. Por supuesto que Pérez Andújar hace pasear a sus personajes por esa misma ciudad, pero el dramatismo y la crónica —y denuncia— social queda atrás o en un segundo plano. No es que no exista, pero no es el tema fundamental de la obra. De hecho, creo que el tema central de la obra es la obra en sí, el estilo de la obra, esa forma de mezclar los “ecos de sociedad” de la revista ¡Hola! y las crónicas de las visitas de Franco con una ironía fabuladora o ficcional que acaba por construir la novela; de esta forma el proceso de creación de la novela se convierte en interesantísimo. El objetivo es explicar una historia de sobra conocida, la historia de continuidad de ese grupo social que vivió a cuerpo de rey durante el franquismo y que, acabado este, siguió ocupando las mismas instituciones en las que siempre había estado (ayuntamientos, diputaciones, etc.), ahora desde el catalanismo democrático aunque, como bien apunta Pérez Andújar, con las mismas palabras: “honor, dignidad, sentimiento, patriota, nación, patrimonio…”.

De esta forma la novela funciona como una especie de novela coral, al estilo de La colmena (1951), de Cela, o, en el mismo año, La noria, de Luis Romero. Aquí asistimos al devenir de Juanito Oliva, el personaje de una sola pierna, perdida con poco honor, que acumula desdichas; de Santiago Salvatierra, conspirador insaciable; Ramona Codolls, mujer de y médium; Leopoldo Roca, siniestro reverendo y un largo etcétera. De entre todos ellos resalta la figura del Generalísimo, Francisco Franco Bahamonde, al que se ficciona como un enamorado de Barcelona y de los catalanes. Son hilarantes los diálogos de Franco con su mujer, Carmen Polo, siempre con un tono cercano al chiste: 

—Paco, ¿qué es el autoritarismo?
—Pues que te paseen en auto, la misma palabra lo dice, Carmen.
—Y el totalitarismo ¿qué es?
—Una vergüenza, mujer. El oprobio de los regímenes. El totalitarismo es la decadencia, es cuando ya mangonea todo el mundo, de ahí el nombre: todos. Ya lo dijeron los latinos: Totus tuus: todos pillan. Y yo esta guerra la he ganado solo para nosotros dos, pichoncito. España es nuestro nidito de amor.

Esta forma de tomar al gran personaje y ridiculizarlo hace que la obra adquiera tonos, en ocasiones, de novela de dictador. Ahí está Tirano Banderas (1926), de Valle Inclán, aunque leyendo Catalanes todos, no nos acordaremos exclusivamente del autor modernista por su novela de dictador, sino también por el esperpento, dada la ridiculización de los personajes. La novela sigue dando muestras de parecidos literarios. El que más me ha llamado la atención es el que comparte con el realismo mágico. La novela sucede en Barcelona que, como ciudad existente, no puede entenderse como un Macondo, pero sí que hay ciertas cuestiones que recuerdan mucho a la forma narrativa de Gabriel García Márquez. Así la realidad de la ciudad condal se interrumpe con situaciones inverosímiles sin perder la prosa clara y precisa que consigue, como poco, sembrar la duda en el lector.

“Una vez, estando Juanito en los lavabos, se puso todo el cielo negro y cayó un chaparrón muy violento. Al principio creyó que era granizo; pero, cuando salió a las escaleras de hormigón que subían de los urinarios a la plaza, vio que también había llovido monedas. Eran unas piezas antiguas, tal vez griegas o romanas. Aquello ocurrió el día de Reyes. Juanito Oliva lo recordaba muy bien porque al verlas le parecieron chocolatinas que habían quedado del paso de la cabalgata. Sin embargo, mientras las recogía, comprendió que acababan de caer del cielo en ese preciso instante. […] Aquella misma semana, sobre la plaza Urquinaona también cayeron sardinas, una lluvia de diminutos pececillos que agonizaban retorciéndose en el suelo. Una mañana Juanito Oliva observó el cielo y creyó distinguir algo distinto en su textura. Era como si allí hubiese una región formada por una especie de masa gelatinosa. Al otro día llovió gelatina. Y cuando Juanito pensó que ya solo faltaba que lloviesen ranas, cayó una lluvia de sangre. No mucha, solo unas gotas.” 

Con todo, la obra sigue manteniendo algo de novela histórica, aunque difuminada por todos los juegos anteriores. Al final lo que tenemos entre las manos es una novela para todos, en este caso no es una novela para una generación, como sí pasa con Paseos con mi madre (2011) o Los príncipes valientes (2007). Catalanes todos puede entenderla todo el mundo aunque no nos engañemos, las referencias políticas y a la realidad e historia de Cataluña están presentes. De esta obra destacaría el humor con el que Pérez Andújar reviste todo el relato. De hecho, ya lo apuntaba al principio, lo fundamental es el estilo en sí mismo, la forma de tomar un tema grave (siguen mandando, fundamentalmente, los mismos) y dotarlo de una comicidad irónica, un reírse de todo y, por supuesto, de nosotros mismos. De todas formas el libro tampoco me parece una obra política, teniendo en cuenta lo que he leído y escuchado del autor. Al final parece que Pérez Andújar lleve su sambenito en forma de lacra política, que cuando la gente hable de él solo se refiera a su parte o cuestión política y no: Javier Pérez Andújar es un escritor, y de los buenos.

catalanes todos
Adolfo Suárez

El autor anunciaba al principio de su obra que lo único que pretendía es que Catalanes todos fuera una carcajada general, “¡Generalísima!”, que —como la vida— empieza de forma trágica y acaba como un auténtico disparate. Asistimos, de nuevo, a un esperpento esta vez narrativo, un desenlace inesperado, un giro sorpresivo aunque con un sentido metafórico, digámoslo claro, tan conocido como manido. A mí el final de la novela me rompió un poco las expectativas ya que no ofrece una gran reflexión, sino que lo que hace Pérez Andújar es resucitar a sus personajes el 11 de septiembre de 2013, durante la manifestación de la Vía Catalana hacia la independencia (una cadena humana de 400 km. que cruzó Cataluña de norte a sur para reivindicar la independencia). Esta astracanada, reconocida por el propio autor, cobra sentido a través de sus palabras: “Ellos son patriotas de fuste y ante la posibilidad de que se cree un nuevo país (Cataluña), están convencidos de que son necesarios”. En general la novela funciona como un buen entretenimiento, en parte gracias a ese humor propio del autor, pero cuidado, porque si el humor sí es de Pérez Andújar, en el texto no encontraremos el estilo más lírico y nostálgico al que también nos tiene acostumbrado el escritor de San Adrián.

Para terminar, esta edición incluye, después de la novela, un vodevil en diez escenas titulado La dimisión. Se trata de un texto descacharrante sobre la dimisión de Adolfo Suárez repleto, también, de personajes esperpénticos. Este texto, pícaro y jocoso y con mucha más presencia del llamado capital cultural al que Pérez Andújar nos tiene acostumbrado, es absolutamente recomendable y sería un auténtico placer verlo en escena. De hecho, Catalanes todos también podría llevarse a escena. Teniendo en cuenta el tema y el estilo no sé quién sería el mejor candidato, si José Luis Cuerda —sobre todo el de Amanece, que no es poco (1988)—, o José Luis Garci.

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