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Cartas a Theo

Ficha técnica

"Cartas a Theo" - Vincent van GoghTítulo: Cartas a Theo

Autor: Vincent van Gogh (Introducción de David García López)

Editorial: Alianza Editorial

Año: 2012

Páginas: 486

Precio: 12,80€

 

 

 

Andrea Reyes de Prado
@AudreyRdP


Vincent van Gogh escribió la última carta a su hermano Theo el domingo 27 de julio de 1890. No la terminó, sino que la metió en su bolsillo, salió a los campos de trigo que rodeaban Auvers armado con un revólver y se disparó en el pecho.

Así de impactante, inesperado e intenso es el comienzo de Cartas a Theo, un personal documento hecho libro que da voz y luz a las más bellas y tristes oscuridades de un hombre puramente luminoso: Vincent van Gogh (1853-1890). Mucho se ha escrito y especulado sobre él en biografías, estudios y artículos, pero ¿qué mejor forma puede haber de conocer a una persona que a través de ella misma? Cartas a Theo, publicada en español desde hace casi veintitrés años por editoriales como Labor, Idea Books o Paidós Ibérica, constituye una lectura recomendada tanto para los interesados en la figura artística del pintor como para todas aquellas almas inquietas que, como él, amaban el arte y la vida.

Las Cartas a Theo de Alianza Editorial (2012), en concreto, nos presentan una selección de las epístolas más relevantes y sustanciales que envió el pintor a su hermano entre 1873 y 1890, las dos décadas más profundas de su vida. Antes de sumergirnos en ellas, David García López, Doctor por la Universidad Complutense y Profesor del Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Murcia, escribe un ameno y preciso prólogo en el que nos introduce al hombre y al artista, incluyendo una pequeña nota bibliográfica a nivel nacional. Las últimas páginas del libro, tras la lectura de la emocionante correspondencia, están dedicadas a una útil cronología que esquematiza los sucesos más importantes de la vida del holandés errante.

Prácticamente todos ellos los vivió Theo, quien fue, probablemente, la persona más importante para Van Gogh. Por supuesto a nivel personal, pero también al artístico: fue él quien le animó a desarrollar su talento, a convertirse en artista, antes incluso de que él mismo lo descubriera en sí. Su relación, como todas las que mantenía el pintor (de sobra es conocida su tensa amistad con Gauguin), tuvo frecuentes episodios de crisis e irritabilidad. Van Gogh era un hombre inestable y difícil, pero, a pesar de ello, su hermano nunca le abandonó. Se sentía responsable de él, ya que era, de alguna manera, la mano a la que podía aferrarse cada vez que el puente entre el mundo real y el suyo propio amenazaba con descolgarse por completo.

Cuando Van Gogh, debido a la distancia, no contaba con la presencia de su hermano, se refugiaba y desahogaba a través del papel. En muchas de las cartas podemos conocer no sólo dónde se encontraba el pintor, a qué otros artistas había conocido o qué nuevas situaciones y paisajes inspiraban su paleta; sino qué opinaba acerca de todo ello, cómo se sentía consigo mismo y con los demás, qué esperaba del futuro… Sus sentimientos, como una lluvia de ideas, a menudo fluyen con desorden de la mente a su mano, con el desorden propio de alguien que escribe lo que su alma le va dictando.

«Desde mi enfermedad –escribe en 1889– me asalta en los campos una sensación tan terrible de soledad que no me decido a salir […]. Sólo delante del caballete, pintando, siento un poco de vida». Fue, como muchos de sus contemporáneos, lo que hoy llamaríamos un «adicto al trabajo»: vivió por y para la pintura que, junto con su fervor religioso, era su mayor pasión. Escritas en Londres, París, Bruselas, Nuenen o Amberes, estas cartas contienen pensamientos, sentimientos, esperanzas, decepciones, vivencias y supervivencias de un hombre cuya personalidad, contradictoria, insegura y nerviosa, ha pasado a ser una de las más fascinantes y sobrecogedoras de la Historia del Arte.

«El soñador cae algunas veces en un pozo, pero luego dicen que se eleva». Van Gogh no consiguió en vida alejarse del pozo, de esas aguas turbulentas que ahogaban su razón; pero si hoy hiciera un autorretrato, probablemente esbozaría una sonrisa al ver cuán alto y lejos ha llegado su amada pintura.

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