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Cartas a mi novia

Ficha técnica

Cartas a mi novia_Nuevo InicioTítulo: Cartas a mi novia

Autor: Léon Bloy

Editorial: Nuevo Inicio

Páginas: 200

Precio: 19€

Pablo Ortiz Soto


Siempre he pensado que el género epistolar, más allá de que en la literatura –real o ficticia– se intuya la época, vida y pensamientos del escritor, las cartas, nos descubren en su plenitud el alma del que escribe, ya que éste último no espera otro lector/a que su corresponsal, permitiéndole verter en el papel todo aquello que le inquieta; vaciarse por entero a su respectivo/a destinatario/a y viceversa; sin “miradas extrañas”. Esto es lo que descubres –sin olvidar el eterno dilema que nos compartió la redactora Andrea Reyes– cuando lees este género literario, y que no es confesado por entero en la mayoría de textos que esperan ser leídos, aunque ciertamente se entrevé algo. Eso es lo maravilloso de la literatura. Un medio de expresión que, en su género epistolar, puede ayudarnos a comprender aún más la personalidad del hombre, ya sea el de una literata, el de un naturalista, el de un músico o el de un pintor. Véase el caso de la correspondencia entre el postimpresionista decimonónico Vincent van Gogh y su hermano Theo, o el Epistolario de Beethoven. Las cartas son, en la literatura, la ventana del alma.

Pues bien, me sirvo de esta introducción para presentar el libro Cartas a mi novia del escritor francés Léon Bloy. Léon-María Bloy (1846 – 1917) fue un novelista, poeta y ensayista católico converso caracterizado por su deseo de lo Absoluto, del Amor. Su novia, Jeanne Molbech, podría dar muy buena fe de ello y, precisamente, este fue el motivo para que ella misma, en 1921, publicara sus cartas para el bien de las “miradas extrañas”:

¿Quién es ese hombre?, le pregunté una vez que quedé a solas con ella. La respuesta fue fulminante: un mendigo, dijo. […] La sola grandeza que emanaba de él me conquistó, la ignominia con la que le cubría me atrajo, y su gran dulzura me robó el corazón. En ningún momento de nuestra vida fue desmentida su bondad, y afirmo que la injusticia que se le hizo como hombre y como escritor es monstruosa, sobrenatural, privilegio de un Santo.

Jeanne Molbech

Vilipendiado, despreciado, denigrado y ultrajado por defender ese Absoluto que tanto había implorado. Por defender la verdad: “he sufrido mucho por la verdad cuando habría podido, como tantos otros, prostituir mi pluma y vivir en la abundancia de los bienes de este mundo. No me han faltado ocasiones, pero no he querido traicionar la justicia y he preferido la miseria, la oscuridad e inefables tormentos”. Así era Léon Bloy –una defensa de la verdad, por cierto, que recuerda a Hilaire Belloc–. Si bien, a diferencia del último, la desgarradora fuerza y vehemencia de su prosa nos rememora al existencialismo de Kierkegaard, Nietzsche o Dostoievski. También, en su inconformismo y misticismo religioso, encontramos reminiscencias de Charles Péguy. Un carácter, el de Bloy, independiente, con tendencia melancólica y triste y en cuyas profundidades encontraba la luminosidad de la condición humana. A esto se le añadiría, como a tantos artistas contemporáneos –recuerdo a Vicent van Gogh o Egon Schiele–, el ambiente social de su época. No obstante su sublime deseo de trascender, de amar, como un místico, le rescataba.

Léon Bloy

Para el escritor francés, su querida novia supuso una gracia en su vida porque atendió a ese Absoluto tan rechazado por su contemporáneo; y al que Léon correspondería vertiendo su alma a su “único amor, mi luz y mi sola alegría”, su “ángel dulcísimo”. Jeanne fue para Bloy un regalo anhelado del cielo.

Por eso estas cartas –además de dar pie, como toda correspondencia, a muy diferentes temas– transmiten ternura, dulzura, inocencia, confianza, liberación, caridad, cariño, encanto, admiración, felicidad, amistad, intimidad, promesa, alegría, regocijo, júbilo, gozo, dicha, esperanza, deseo, ardor, pasión, ilusión, prosperidad, recuerdo, anhelo, amparo, consuelo, sinceridad, afecto, estima, deleite, naturalidad, sencillez, descubrimiento, misterio, luz, providencia, creencia, maravilla, verdad, belleza, bondad, bendición, devoción, elección, certeza, fidelidad, pudor, compromiso, honestidad, generosidad, refugio, prudencia, porvenir, impaciencia, fragilidad, debilidad, confesión, comprensión, perdón, reconciliación, comunión, preparación, diligencia, unión, atención, protección, compasión, profundidad, inquietud, sensibilidad, fuerza, valentía, coraje, rectitud, trabajo, escasez, necesidad, lucha, desolación, sufrimiento, temor, turbación, zozobra, angustia, oración, espera, paciencia, misericordia, curación, consuelo, paz, fortaleza, piedad, sabiduría, pureza, adoración, humanidad… y, principalmente, todo esto a la vez: Amor. Amor absoluto. Amor eterno.

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