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Tirano

Pablo Casado Muriel
@pablo_casado


Es común en nuestra sociedad que ciertas palabras queden desvirtuadas. El desgaste de los siglos y las interpretaciones cambiantes, y la vida de las lenguas han provocado ese proceso, no siempre negativo. Podríamos hablar de “fascismo”, ese término utilizado para adjetivar todo aquello que se sale de lo “políticamente correcto”. Podemos hablar de sátrapa, calificativo despectivo para un gobernante cuando en origen era el nombre que recibían las autoridades de las “satrapías”, provincias del Imperio Persa.

Pues bien, yo hoy quería hablar de un gran tirano. Es raro unir estos dos términos, ¿verdad? Bueno, podemos decir que es fascista, ¿no? Pues a eso me refiero cuando hablo de términos desvirtuados. Quiero hablar de Pisístrato, el hombre que dirigió Atenas durante el siglo VI a.C., un referente en el buen gobierno. Y es que, en los albores de aquella Atenas llamada a ser cuna de la democracia, las reformas que otorgaban poder al pueblo, como las de Solón, se intercalaban con periodos de inestabilidad y luchas en las que fue necesaria la aparición de figuras de mando como Pisístrato, o más adelante Pericles.

En origen el termino tirano no tenía ninguna connotación negativa, su raíz es el la palabra tirra, que significa fuerza, y viene a definir al hombre que ejerce un poder personal sin, como en el caso de un rey, heredero legítimo. Pues bien, como el ser humano es como es, y a pesar de tener grandes ejemplos de “buenos tiranos”, los hombres que escriben la historia decidieron poner ejemplos como el de Fálaris de Acragante, y a nuestros días ha llegado ese mal concepto de la tiranía. A lo que hay que sumar, claro está, ese error que se comete habitualmente de analizar el pasado con los ojos y la conciencia de hoy.

Hablábamos de Pisístrato. El reformista Solón había abandonado Atenas acosado por aquellos que criticaban sus reformas político-económicas. El espectro político había quedado dividido en tres facciones: los costeros, grupo que defendía las reformas solonianas, los de la llanura, sector más tradicional y oligarca, y una tercera vía, de posterior creación, y denominados montañeros, que apostaban por un mayor impulso reformista.

Las luchas entre los dos primeros grupos provocaron que Pisístrato, héroe de guerra, pidiese una guardia persona, inimaginable en la polis griega. Tras conseguirla, asaltó la Acrópolis y ocupó el poder de manera efímera hasta que fue vencido. Apartado del poder reunió fuerzas y realizó un nuevo intento de tomar los mandos que volvió a fracasar por la alianza de las otras facciones. En el año 546 a. C. las luchas internas habían debilitado tanto a la clase dirigente ateniense que Pisístrato volvió a probar fortuna en su ascenso al poder y en esta ocasión no tuvo rival. Se convertía así en tirano de Atenas hasta su muerte en el 527 a. C. dando forma a un periodo de esplendor en la polis ática.

Los grandes historiadores griegos, Heródoto, Tucídides e incluso Aristóteles, señalan que Pisístrato mantuvo el orden constitucional previo, respetando las leyes y las magistraturas, aunque asegurándose el control de las mismas a través de sus partidarios. Además, algunos investigadores modernos consideran que durante su mandato se amplio la Ekklesia, acabando con la relación entre ciudadanía plena y posesión de tierras, y dándole un mayor número de votos en la Asamblea.

Algunas reformas económicas de Solón habían cortado el grifo económico de los agricultores, el préstamo privado. Para conseguir mejorar su situación, Pisístrato concedió créditos a estos pequeños campesinos. Además, realizó una serie de repartos de tierras, lo que también daba entrada en la Ekklesia antes mencionada. Para poder mantener este flujo económico Pisístrato sacó adelante una medida revolucionaria, creo el impuesto sobre la producción agrícola, incidiendo en los ciudadanos según su riqueza y muy probablemente sin afectar a aquellas tierras de menor rendimiento. Fue con la llegada de Pisístrato cuando Atenas acabó de convertirse en una gran potencia comercial, basada en el colonialismo y también gracias a diferentes movimientos militares que facilitaron la apertura de vías comerciales para los productos de la polis. En el plano de la justicia también hubo adelantos, que murieron con el tirano. Pisístrato creo un cuerpo de jueces que, de forma itinerante, impartían Justicia. De este modo se intentaba limitar el poder de los grandes señores, y restar fuerza a la arbitrariedad privada.

Por último, Pisístato dio un gran impulso a las artes y las letras. Las Panateneas eran transformadas cada cuatro años en las Grandes Panateneas, y se creo un gran concurso de rapsodas. Allí se dieron a conocer poetas como Anacreonte de Teos o Laso de Esmirna. Además creo una comisión que tuvo como objetivo unificar La Ilíada y La Odisea de Homero, que hasta entonces estaban desparramadas en fragmentos que se conservaban gracias a la tradición oral.

Los hijos de Pisístrato no supieron mantener el equilibrio de su padre en el poder y acabaron derrocados. Las facciones políticas retomaron el juego de poderes y Atenas siguió su camino hacia la Historia. La de Tirano Pisístrato ya está escrita, aunque a algunos, al leer el término que precede a su nombre, se les escape entre dientes un rotundo “fascista”.

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