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“Stonewall” Jackson, la leyenda del hombre inamovible

Pablo Casado Muriel
@pablo_casado


La mañana del 21 de julio de 1861 se desata en Bull Run la primera batalla de la Guerra de Secesión Americana. Las tropas nordistas avanzan desde Washington contra los sureños, que esperan en el pueblo de Manassas. La contienda no puede empezar peor para los confederados. Su flanco izquierdo cede rápidamente ante el empuje de los soldados dirigidos de la Unión, la retirada se hace inevitable, los hombres huyen del fuego enemigo y cuando la derrota parece inevitable…surge la leyenda. Un hombre, un general a lomos de su caballo, se mantiene impasible mirando al ejército rival a la cara. Las balas, aunque vuelan por todas partes, no le golpean.

Thomas Jackson, natural de Virginia, era un presbiteriano devoto, tanto es así que no entraba en combate los domingos. Consideraba que Dios tiene fijada la fecha de su muerte, y por lo tanto, el día que llegue nada podrá impedirlo. Un pensamiento que recuerda a los soldados griegos que acudían a primera línea de batalla sabiendo que su hado estaba ya marcado.

Aquel 21 de julio de 1861 no era su día. Las balas pasaban a su lado, y el impertérrito mantenía su figura entre el caos, el polvo y la muerte. En ese momento, el general Bernard Bee alza la vista, y tras ver a Jackson inmóvil frente al enemigo grita a sus hombres: “¡Miren! ¡Allí está Jackson como un muro de piedra!”

Sus soldados, en plena retirada, observan su figura, y como los aqueos al ver a Patroclo vestido de Aquiles, recobran las fuerzas y cargan contra las filas unionistas, que atacan desordenadas ante la retirada sureña. La batalla de Bull Run ha dado un giro inesperado.

Los soldados yankees son los que huyen ahora. Al acabar el día 460 unionistas habrán muerto, y 387 por parte de las tropas confederadas. La batalla, aunque igualada en el resultado numérico, ha demostrado el desorden del lado abolicionista y la dureza que pueden mostrar los soldados de la Confederación. Además, estos últimos han ganado un mito, el de Stonewall Jackson.

Si Jackson es conocido en la Historia por un gesto de inmovilismo, sus tropas lo son por todo lo contrario, por mostrar un dinamismo superior, que permitió a la Confederación una movilidad vital a la hora de hacer frente a la Unión. La agilidad de los hombres de Stonewall les permitió bloquear durante un largo periodo de tiempo, diez semanas, a las tropas de McClellan en el valle de Shenandoah, en un momento en el que Richmond, capital del Sur, estaba gravemente amenazada.

Jackson era todo un símbolo en el Ejército del Sur. Su figura fue de vital importancia en otras batallas como la segunda confrontación de Bull Run, el combate de Fredericksburg, donde 80.000 rebeldes frenaron a 150.000 yankees, y también en Chancellorville, donde parece que el Altísimo, tenía escrito el final de la aventura del Muro de Piedra.

Comenzaba la primavera del año 1863, tercer año de la guerra, y el Ejérctio unionista del Potomac preparó una ofensiva contra las tropas del general Lee en Virginia. La tenaza se estaba realizando a la perfección, pero el general Hooker temió la falta de reacciones sureñas y prefirió esperar en Chancellorsville. Allí era donde Lee, acompañado por Jackson, asestaría un importante golpe al poderoso ejército yankee. De la tenaza unionista, se pasó a la tenaza sureña. Aprovechando el conocimiento del terreno, los hombres de Hooker se vieron rodeados por los soldados de Lee y los de Stonewall. La batalla durará varios días, y la salvación de la Unión solo llegará gracias a una ágil retirada durante la noche, y después de perder a más de 17.000 hombres.

El Sur se había hecho con una gran victoria, pero perdería a un gran general en un momento decisivo de la Guerra. Durante la madrugada del 2 de mayo, Stonewall Jackson se había adentrado en los bosques persiguiendo a un grupo de soldados unionistas. Entre las sombras emerge una ráfaga de fusiles que golpea al general. EL fuego es amigo, los rebeldes han confundido a su objetivo en la oscuridad y han destrozado el brazo izquierdo del hombre que resistió a cualquier disparo en Bull Run.

Las heridas de Jackson eran graves, y fue necesaria la amputación de la extremidad herida. como diría el general Lee: “él pierde el brazo izquierdo, pero yo me he quedado sin mi brazo derecho”. Dios había escrito un trágico final para un valiente héroe. Tras la amputación, Jackson sufrió una grave pulmonía que acabó con su vida el 10 de mayo de 1863.

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