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Pocahontas

Andrea Reyes de Prado
@AudreyRdP


Retrato realizado en 1616 a Pocahontas, por aquel entonces Lady Rebecca Rolfe, por Simon van der MeerTres nombres, dos mundos y una leyenda. Ésta es su historia. Nació como Matoaka, una de las muchas hijas del jefe indio Powhatan, en el territorio norteamericano que poco después se llamaría Virginia.

El destino se encaprichó de ella cuando aún no se había despedido de su infancia. Ese momento tiene lugar, las costas de Chesapeake, y fecha, 26 de abril de 1607. Tres barcos colonos mandados por la Compañía de Londres atracaron en la bahía, y de uno de ellos bajó el capitán, explorador y escritor John Smith.

Fundaron una ciudad, Jamestown, a orillas de un río al que bautizaron con el mismo nombre, en honor a su rey. La joven india, apodada pequeña licenciosa, siempre curiosa, merodeaba con frecuencia el fuerte donde se habían instalado los extranjeros. Su llegada no había molestado a su pueblo, que se mantenía expectante ante las extrañas costumbres de los recién llegados.

El destino, en una casualidad llena de intención, hizo que la princesa y el capitán se conocieran, uniendo la relación entre ambos pueblos y rompiéndola posteriormente para siempre, cuando el hambre y las enfermedades comenzaron a acechar el asentamiento inglés. La población se redujo considerablemente, de modo que el capitán no dudó en acudir al territorio indio en busca de sustentos.

Pero el número de colonos no fue lo único que se diezmó. Las invasiones de los colonos acabaron con la paciencia de los indios, quienes no pudieron ni supieron llegar a un acuerdo con ellos.

Los hombres de Powhatan capturaron a John Smith y, cuando se disponían a matarlo, un cuerpecillo frágil se interpuso entre el hombre y la espada con movimiento ágil y decisivo. Era ella, la india que hablaba con los ingleses. Ella, la niña que se había convertido en mujer. Ella, que iba a convertirse en una de ellos.

Pintura que representa a Pocahontas salvando la vida de Sir John Smith; expuesta en la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos

El capitán John Smith regresó a Inglaterra en 1609, herido por una explosión de pólvora y, quizás, de algo más. A oídos de la joven llegó que había muerto a manos de unos piratas. Sin embargo, mientras su pueblo creía que dormía eternamente, el capitán se dedicaba a escribir sus últimas aventuras, incluyendo el episodio de su salvadora, quizás con precisión, quizás decorándolo debido al efecto de la pólvora, o quizás inventándolo por completo. ¿Pudo rescatar realmente una niña india a un capitán experimentado en mil batallas? Quién sabe…

Lo que sí se sabe es que ella se casó con Kocoum, un guerrero indio con el que se marchó a vivir a la región de Potomac hasta que fue secuestrada por James Argall, un nuevo capitán inglés cuyas intenciones no se parecían a las de Smith. El secuestro, en Henricus, duró más de lo previsto, y el destino tuvo que intervenir de nuevo. La pequeña licenciosa conoció a John Rolfe, un colono viudo que había tenido mucho éxito con el mercado del tabaco. Se enamoró nada más conocerla, pero sus diferentes creencias le impedían dar el paso de casarse con ella.

El bautismo de Pocahontas, pintura de John Gadsby Chapman (1840). En ella se muestra a Pocahontas siendo bautizada por Alexander Whiteaker en Jamestown, Virgina, mediante el bautismo anglicano

Murió como Rebecca Rolfe, la primera mujer india en convertirse al anglicanismo. Vivió en la plantación de tabaco con su marido y su hijo, nacido en 1615 y bautizado como Thomas, hasta que se trasladaron a Inglaterra un año después, donde pronto descubrió que John Smith no había fallecido. Él, al enterarse de su llegada, escribió una carta a la reina Ana en la que solicitaba que debía ser tratada con el respeto de una visitante de la realeza ¿Se reencontraron? Sólo ellos lo saben.  

Unos meses más tarde ella quiso volver de nuevo a Virginia, a su tierra, a su origen, pero una enfermedad (¿el destino disfrazado?) se lo impidió. Éste le concedió su último suspiro en marzo de 1617, cuando sólo tenía veintidós años.

John Smith, el hombre que la hizo inmortal, murió catorce años después. Pasó a la historia como Pocahontas, su apodo; la mujer que unió el contrario destino de dos mundos que lograron encontrarse. 

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