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Los Magos de Oriente

Antonio Miguel Jiménez Serrano


A veces la Historia nos juega malas pasadas, y si además a esta caprichosa musa le echan una mano los grandes almacenes y las grandes empresas ansiosas por hacer una temporada redonda, la mezcla es explosiva. En nuestra querida civilización occidental, nos encontramos con importantes figuras por todos conocidas, pero que presentando su lado puramente histórico nadie querría saber nada de ellas. Destacamos aquí los claros ejemplos navideños: Santa Claus y los Reyes Magos.

San Nicolás de BariEn muchas ocasiones pienso, o mejor dicho, imagino, la reacción de aquellos grandes personajes que Dios, por medio de la Historia, nos ha brindado al ver la imagen generalizada que en la actualidad se vende de ellos, y, como poco, mi visión es tragicómica. San Nicolás de Bari, el gran santo licio, conocido por su extrema generosidad y venerado como se merece en la Iglesia Ortodoxa, no es hoy más que un abuelete gordinflón que se desliza subrepticiamente por las chimeneas. Es el resultado de la unión de esta gran figura con la nomenclatura germánica y una serie de leyendas anglosajonas, por no hablar de su riqueza cromática aportada por la tan conocida empresa de refrescos. De corte, gracias a Dios, más latino, encontramos a los Tres Reyes Magos, que ni eran tres, ni eran reyes y no eran del tipo ¨magos¨ que tenemos en mente. Al ser el tema principal de este artículo intentaré explicarlo más a fondo, como me hubiera gustado con la extraordinaria figura de san Nicolás (la dejamos para la próxima Navidad). Dice san Mateo en el pasaje de la Epifanía del Señor:

Unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: ¿dónde está el que ha nacido, el rey de los judíos? Porque hemos visto su estrella en el oriente y venimos a adorarlo. […] Entraron en la casa y vieron al niño con María, su madre; se pusieron de rodillas y lo adoraron; abrieron sus tesoros y le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.

Aquí, indirectamente, aún en la escasez de información, el evangelista nos presenta las principales claves para identificar estas misteriosas figuras. En primer lugar nos dice que eran unos, es decir, más de uno, pero nunca tres, lo que carece de valor, valor que le atribuirán los textos apócrifos por la simbología de la Trinidad y émulo de la perfección de dicho número. Nos dice que eran magos, pero ¿qué tipo de magos? Se han querido ver como una especie de científicos, sabios o estudiosos, y, aunque muy probablemente los eran, en la época únicamente se conocían como magos a la casta sacerdotal del zoroastrismo (magi), religión imperante en Persia desde época aqueménida, y un tanto olvidada durante las dinastías seléucida y arsácida; religión que deja su impronta en el judaísmo y que destaca en este caso por un hecho que nos interesa: esperaban un Salvador (Saushyant), lo que responde al interrogante de la búsqueda del Niño.

Mategna - Adoración de los Reyes Magos

Todo esto podemos relacionarlo con lo que nos dice el evangelista de que provenían de Oriente, es decir, Persia. Hay otras informaciones un tanto complicadas pero que no son indemostrables, como el hecho de que en torno a la misma fecha se registre el movimiento de cierto asteroide, la estrella. También se nos cuenta que al ver al Niño, al que curiosamente identifican como ¨Rey de judíos¨ (Rex Iudeorum) y no como Dios, se postran y le adoran, señalando aquí la ya centenaria costumbre persa de la proskynesis, es decir, la postración y adoración de la figura del rey. Por último, el evangelista nos señala que le ofrecen oro, incienso y mirra, única referencia del pasaje al número 3 sin por ello poder afirmar el número de magos presente en dicho pasaje. Lo dicho hasta ahora es, en gran parte, lo que podemos deducir de las líneas de san Mateo, siendo las demás características añadidos posteriores, no por ello incorrectos, aunque sí arriesgados.

Es interesante señalar de manera especial la simbología central de estas misteriosas figuras, cargada de gran belleza, destacando el hecho del reconocimiento de Cristo como rey por los ¨pueblos gentiles¨, representados todos ellos por los Magos, por lo que más tarde se representarían las tres conocidas razas (oriental, occidental y africana) o las tres edades (juventud, madurez y ancianidad), muy presentes en el ámbito bizantino. También destaca la simbología de los presentes ofrecidos, siendo el oro el regalo que hace referencia a la realeza de Cristo, el incienso a la divinidad de Cristo, y la mirra a la humanidad de Cristo, y, curiosamente también, son algunos de los presentes que más se podía encontrar en los regalos ofrecidos a los reyes persas.

Mosaico de san Apolinar il Nuovo (Rávena) representación de las edades del hombre

En cuanto a los nombres se refiere, Melchor (Melchior), Gaspar (Caspar) y Baltasar (Balthassar), hay que decir que aparecen de forma tardía, pero son nombres de origen esencialmente persa, que podremos encontrar, incluso, en ciertas inscripciones sasánidas posteriores. Según la tradición, y para concluir estas líneas, los restos de los Magos se encuentran en la catedral de Colonia. Así, para finalizar, pidamos a los Magos de Oriente, no ya objetos, simbólicos o concretos, útiles o inútiles, y tampoco el tan manido deseo de ¨paz en la tierra¨ ¡Ya nos conocemos! Pidámosles que nos traigan virtud y Gracia, últimamente olvidadas; para que llegado el momento, podamos dar origen nosotros mismos a todo lo demás.

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2 Responses

  1. Muy buen artículo, gracias Marta. Es vano todo lo demás, aunque lo popular tiene un valor universal. Todo es gracia y nada se desperdicia si es de buena intención. Que se cumpla tu predicción!!

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