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Legado y herencia germánicos

Antonio Miguel Jiménez Serrano

Y llegamos al final de este recorrido, en el que hemos lanzado una rápida mirada sobre tres pueblos que, tras siglos de existencia y desarrollo, con sus particularidades sociales y culturales, en torno a los siglos II y III d.C., entraron en la gigantesca órbita de Roma por una serie de cuestiones que anteriormente referimos, y que propiciaron unas características muy concretas de la época que estaba por llegar. No hubo una ruptura, pues no hay resquebrajamientos ni escisiones en la Historia, fue un proceso que iba a darse tarde o temprano, y estos pueblos, al igual que el mismo Imperio, fueron meros agentes para dicho cambio. Al igual que los romanos, anteriormente, con sabinos, etruscos y samnitas entre otros, de los que adoptaron todo aquello de lo que se podían valer para el bienestar suyo y de su gente, la mayoría de estos “bárbaros” tomaron de Roma todo aquello que les pareció válido para ofrecer a su pueblo con el propósito del crecimiento y positivo desarrollo del mismo, a la vez que mantenían muchas de sus costumbres propias.

Así, debemos decir que en el Occidente no quedó rastro alguno de vándalos ni de hunos, si bien hay ciertas historias de los primeros. Estos últimos, tras la muerte de Atila en 453, se dividieron, y el Imperio cayó, rebelándose muchos de los pueblos que había absorbido anteriormente la gran confederación esteparia, y marchando cada tribu por su lado siguiendo a su jefe. La mayoría volvieron a las estepas orientales, y muchos otros se quedaron en Occidente para servir como mercenarios. Así, los hunos, a los que no empujaba el deseo de buscar una nueva vida y encontrar una tierra mejor, sino que amaban el nomadismo y el pillaje, desaparecieron de la Historia como habían aparecido.

Atila, rey de los hunos

Desde otra perspectiva encontramos el caso visigodo, los cuales supieron amoldarse perfectamente a la vida de los hispanorromanos, que se seguían rigiendo por la lex romana, con sus más y sus menos, aportando aquéllos, además, sus leyes propiamente germánicas, basadas en el bahn (ley pública, poder otorgado por el señor) y el munt (ley privada, inherente al cabeza de sippe o “jefe de clan”, de la que emanaba un poder absoluto hacia los que estaban bajo la misma). Pero además, las aportaciones visigodas no sólo se limitaron al mantenimiento de importantes herencias romanas como el mismo idioma, las divisiones administrativas del territorio o la corte regia. También tuvieron sus propias aportaciones de carácter propiamente germánico, como la comitiva de los grandes señores, formadas por la figura del comitatus, una guardia personal de guerreros de élite que juraban lealtad al señor por medio de un pacto y a cambio de un stipendium o regalo del mismo, lo que pondría las bases para el sistema feudal de ejércitos, siendo en la Galia de los francos donde triunfe especialmente.

Señalamos, por otra parte, la idea del tesoro, es decir, el rey germánico poseía un tesoro en objetos y piedras preciosas, costumbre típicamente nórdica, con el que su poder aumentaba o disminuía dependiendo de la cantidad del mismo, y que los monarcas visigodos van a llevar a cabo. Respecto a esto último podemos señalar la interesante figura, y últimamente más conocida gracias a las magníficas obras de J.R.R. Tolkien, del enano, visión claramente germánica del poder en cuanto a la riqueza. Mucho más podríamos decir de los visigodos, si bien debemos resaltar por último su legado religioso, señalando el gran número de concilios y sínodos celebrados en tierras hispanas en los que se dirimieron importantes cuestiones de fe, pudiendo encontrar, además, a grandes santos como san Isidoro de Sevilla, doctor de la Iglesia.

San Isidoro

En cuanto a los vándalos, ya que antes dijimos que muchas historias se han contado sobre ellos (de forma no científica la mayoría), no es seguro su paradero tras la derrota frente a las tropas bizantinas de Belisario. Hay quien piensa que fueron exterminados, y hay teorías que afirman que se mezclaron con la población norteafricana, especialmente con bereberes. Como información de interés, dentro de esta teoría, se dice que los descendientes de esos vándalos con la población bereber fueron los que invadieron la Península en 711, causa del terrible odio que a los visigodos siempre profesaran los vándalos, desde su estancia en la Dacia en torno al siglo III d.C. hasta pasados cinco siglos, desde el hostigamiento de los vándalos por los visigodos en el más lejano este europeo hasta el arrinconamiento en la Bética en el siglo V. Como teoría, es pobre y fantasiosa, como hipótesis, imaginativa; como historia, es genial.

Concluyendo, bien es verdad que de los tres pueblos que hemos tratado son los godos los únicos que nos han dejado un legado indiscutible, pero no debemos olvidar que aunque vándalos y hunos no lo hicieran, jugaron un papel exactamente igual de importante para la transformación de todo cuanto les rodeaba, al igual que francos, lombardos, burgundios, sajones, anglos, jutos y un sinfín de pueblos que, sin saberlo, contribuyeron a este rico proceso de cambio que va a gestar la mal llamada Edad Media.

Bárbaros en Occidente - el monográfico

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