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La Revolución de febrero de 1917

Antonio Miguel Jiménez Serrano


Hace unas semanas conmemorábamos el centenario del estallido de la primera revolución fructífera en Rusia, la Revolución de febrero de 1917, y que sería el íncipit de una serie de acontecimientos políticos, sociales y bélicos que, después de muchos avatares, desembocaría en el nacimiento de la Unión Soviética en 1922, pasando, eso sí, por lo que se ha llamado Gobierno Provisional Ruso, de carácter progresista burgués, y la Revolución de octubre o bolchevique, con la que posiblemente mucha gente asocia la generalidad de la Revolución.

La Revolución rusa fue, como todos los procesos históricos, un acontecimiento sumamente complejo, y que sólo pueden entender bien los que conozcan la historia rusa. En primer lugar hay que señalar una cuestión, interesante como poco, sobre la Revolución rusa: no fue orquestada por comunistas (llamados durante el Gobierno Provisional de 1917 “bolcheviques”) o por movimiento obrero alguno, sino que surgió espontáneamente de un pueblo que sufría unas condiciones de vida verdaderamente lamentables. Es cierto que los ánimos eran caldeados por agitadores cuya ideología llamaba a la rebelión y a la acción directa, pero la auténtica realidad es que fue la gente normal, sin ideología o altos valores adquiridos entre paredes universitarias, quienes decidieron salir a la calle porque ya no tenían nada que perder. Aquéllos que sí tenían ideologías determinadas, aprovecharon esta coyuntura para llevar a cabo sus acciones políticas.

Revolución de febrero
Protestas en Petrogrado

Pues bien, podría decirse que la Revolución de febrero de 1917 fue la consecuencia de dos realidades. En primer lugar las condiciones extremas que estaba atravesando el pueblo ruso, especialmente en la entonces capital de Petrogrado (hoy san Petersburgo), donde el hambre, el frío, la ley marcial, etc., estaban minando de una forma brutal los ánimos y la paciencia de la población. Y en segundo lugar, un recuerdo: el del llamado Domingo Sangriento de 1905. En aquella trágica jornada, y tras una crisis que afectó profundamente a todo el país, trabajadores de san Petersburgo, encabezados por el padre Gapón, se concentraron, desarmados, ante las puertas del Palacio de Invierno para pedir al zar una mejora en las condiciones de trabajo y, en general, de vida. Pero el zar no estaba, y su tío, el Gran Duque Vladimir Aleksándrovich, mandó abrir fuego a la Guardia Imperial contra los manifestantes. El resultado fue una masacre.

El país ardió en cólera. Incluso el leal ejército ruso comenzó a notar las convulsiones de los motines. El zar, tras la estúpida y a la vez inhumana reacción de su tío, tuvo que hacer una serie de concesiones políticas y sociales que, dicho sea de paso, deberían haberse hecho con mucha antelación. Pese a ello el pueblo, y sin tener ninguna idea de que todas esas concesiones no serían si no violadas constantemente por la autocracia zarista, había aprendido una muy valiosa lección: ya no valía manifestarse pacíficamente, pues las armas los acallarían de nuevo; la próxima vez que el pueblo se levantase, llevaría la situación hasta las últimas consecuencias.

Y eso fue lo que ocurrió en 1917. La Gran Guerra, que hoy conocemos como Primera Guerra Mundial, estaba sangrando al pueblo ruso. La maquinaria de guerra zarista se engrasaba a base de recursos bélicos y demográficos, lo que se tradujo en una ingente cantidad de hombres en el frente y un trabajo casi esclavo en las fábricas de armamento. A esto cabría añadir que la concesiones del zar de 1905 resultaron una pantomima para eludir las verdaderas responsabilidades para con el pueblo. Si a esto añadimos elementos como un par de malas cosechas y un invierno especialmente frío, no podemos sino afirmar lo mismo que uno de los testigos extranjeros del estallido de la revolución mientras caminaba por Petrogrado, el periodista norteamericano Donald Thompson: “Si va a haber una revolución… Estoy de suerte”.

Ya se venía sintiendo en el ambiente. Y de hecho muchos personajes importantes, tanto internos como externos al gobierno de Nicolás II, intentaron prevenir al zar, pero por alguna razón difícil de entender, éste no hizo caso a las advertencias. Muchos han achacado esta actitud a los pésimos consejos de unos ministros mediocres. Otros, a la pusilanimidad del propio zar. Y otros, con una visión mucho más introspectiva y analítica de lo que era la monarquía zarista, han afirmado que en la cosmovisión del zar sobre la autocracia no entraban esas ideas que liberales y socialistas, en su gran mayoría exiliados por el gobierno o por cuenta propia, abanderaban de que la totalidad del poder no se encontrara en una sola mano: la del zar.

Revolución de febrero
El zar Nicolás II

En cualquier caso, lo cierto es que la situación se hizo inaguantable para la gente de a pie. El 17 de febrero de 1917 (según el calendario juliano) las mujeres, hartas de la guerra, de hambre, del frío y del trabajo hasta la extenuación fueron las primeras que salieron a la calle, y a éstas se unieron los trabajadores del puerto y de las fábricas de Petrogrado (como se había rebautizado a San Petersburgo tras el inicio de la guerra). Mientras el zar se encontraba en el frente, las autoridades gubernamentales competentes ordenaron a la guarnición de la capital sofocar estas manifestaciones, pero, ante una situación de tal penuria, la tropa confraternizó con la gente. La vuelta del zar, sin embargo, dio el giro dramático que ocasionó el desastre: mandó sofocar severamente las protestas. Este hecho terminó empujando al ejército a ponerse de parte del pueblo, lo que empujó, finalmente, a Nicolás II a abdicar.

Fue entonces, el 15 de marzo de 1917, cuando se formó el Gobierno Provisional, que intentaría, sin éxito, solucionar los problemas que aquejaban al país, convertido ahora en una república, y empezando por la guerra. Al mismo tiempo, Vladímir Ilich Ulianov, más conocido como Lenin, se dirigía a Rusia desde su exilio en Suiza. Daba comienzo, así, un período incierto y convulso para Rusia, en el que habría de pasar un gobierno ineficaz, una revolución más sangrienta que la anterior y un largo periodo de Guerra Civil. Comenzaba el largo proceso conocido como Revolución rusa.

Continúa el camino...
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