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El retorno de un rey. La aventura británica en Afganistán 1839–1842

Ficha técnica

Título: El retorno de un rey. La aventura británica en Afganistán 1839-1842

Autor: William Dalrymple

Editorial: Desperta Ferro Ediciones

Año: 2017

Páginas: 464

Precio: 27,95 €

 

 

 

 

Antonio Miguel Jiménez Serrano


«Habéis traído vuestro ejército a Afganistán, pero, ¿cómo pretendéis sacarlo de aquí?»

– Mehrab Khan, kan de Qalat.

Decía Cicerón en su obra De oratore (Sobre la oratoria) que «la Historia es testigo de los tiempos, luz de la verdad, vida de la memoria, maestra de la vida, legado de la antigüedad» (Orat. II, 36). Posiblemente, Cicerón exagerara un poco al decir que la Historia es la luz de la vedad, pues, como de sobra sabemos quienes a esto nos dedicamos, en muchas ocasiones la Historia adolece de parcialidades y subjetividades por parte de sus propios “artesanos”, a veces inconscientemente, a veces al contrario, pero siempre en detrimento de todos. Lo que sí es innegable es que la Historia es magistra vitae (maestra de vida), o, al menos, así deberíamos considerarla.

La Historia nos enseña la tónica de los tiempos y los lugares, de las personas, el resultado de las acciones, el desarrollo de las sociedades y su idiosincrasia, y, por fortuna, nos enseña también que la llamada globalización es algo superficial, y que los pueblos siguen encerrando su espíritu propio. La Historia nos enseña mucho, casi todo, pero siendo reduccionistas, o mejor dicho, siendo prácticos, la Historia nos ayuda a vivir, nos enseña a no repetir errores. Es como una lista de “cosas que no hay que hacer” para que todo funcione. Es la experiencia. Por eso dar de lado a la Historia, a su enseñanza, normalmente nos acarrea problemas. Como decía aquel pensador siguiendo la máxima ciceroniana, «quien no conoce la historia, está condenado a repetirla». Este es el caso de los constantes y fallidos intentos a lo largo de la historia de invadir Afganistán.

Afganistán
William Dalrymple en 2014.

Esta tierra, enclavada en el corazón de Oriente, ha sido cruce de etnias, civilizaciones y religiones durante siglos, y, por tanto, territorio disputado y de conflicto. Desde época aqueménida, las potencias que han intentado controlar esta zona y a sus gentes, han fracaso. Los persas aqueménidas, los macedonios de Alejandro (Sikander), los partos, los hunos blancos, los sasánidas, los árabes, los turcos, los mongoles… No fue hasta el siglo XVIII que los afganos dejaran de defenderse y se convirtieran en potencia regional de primer orden, creando el llamado Imperio durrani, una época dorada de la historia y cultura afgana. Pero duraría poco. La idiosincrasia afgana tiende a la fragmentación política y a la autonomía tribal. Esta situación sería aprovechada por la primera potencia del lugar en el siglo XIX: los británicos.

La Historia nos enseña mucho, casi todo, pero siendo reduccionistas, o mejor dicho, siendo prácticos, la Historia nos ayuda a vivir, nos enseña a no repetir errores.

La historia de la aventura británica en Afganistán, o la historia de la metedura de pata geoestratégica de los británicos en Afganistán, solo puede explicarse adecuadamente si antes se conoce la situación étnica y política del lugar. Y ese es precisamente el caso de William Dalrymple (Escocia, 1965). Excelente historiador y escritor, ganador de numerosos premios por ello, Dalrymple muestra en El retorno de un rey. La aventura británica en Afganistán 1839-1842 (Desperta Ferro Ediciones, 2017), un profundo conocimiento de las costumbres y tradiciones del pueblo afgano, además del terrible desconocimiento que llevó a los británicos a ganarse la férrea oposición de la población local y unas sangrientas guerras que mermarían su influencia y poder en Asia Central.

A través de un excepcional conocimiento de todas las fuentes, tanto anglo-indias como afganas, Dalrymple ofrece un espectro completo y de una imparcialidad intachable sobre la intervención británica en Afganistán en 1839 para devolver al trono de Kabul al sucesor del fundador de la dinastía durrani, del clan sadozai, Shah Shuja. Dalrymple muestra de manera clara y veraz la imposibilidad de que un poder extranjero como el británico tratara de imponer al pueblo afgano un gobernante, unas leyes y unas costumbres distintas, e incluso contrarias, a las tradiciones propias del país, por bien vistas y beneficiosas que parecieran a los occidentales.

Afganistán
Fortaleza de la ciudad de Ghazni entre 1839-1842.

Además, Dalrymple profundiza en el verdadero motivo de la intervención británica en Afganistán, que, lejos de ser altruista a favor de Shah Shuja y sus partidarios, escondía un objetivo lejano al desinterés: impedir la entrada de los rusos, su comercio y su influencia político-militar en Asia Central, y, especialmente, en la India, lo que se ha denominado tradicionalmente por la historiografía como “El Gran Juego”, la pugna entre rusos y británicos por ejercer su influencia y control en Asia Central y el Cáucaso. Esta pugna recuerda bastante, por la forma en que se llevó a cabo, a la posterior Guerra Fría entre estadounidenses y soviéticos, cuyas influencias intentaban atraerse la amistad de determinados países intentando evitar, con mayor o menor éxito, la intervención directa de las dos grandes potencias, dando especial importancia a las acciones de espionaje, diplomacia y negociación política.

Este libro supone un profundo conocimiento de las costumbres y tradiciones del pueblo afgano, además del terrible desconocimiento que llevó a los británicos a unas sangrientas guerras que mermarían su influencia y poder en Asia Central.

Por otra parte cabe señalar el retrato que hace el autor del Afganistán de la época, de sus gentes, sus costumbres, su cultura, sus monumentos, su religión… La sensación que aporta al lector es la de introducirse de lleno en la vida del país, pero no la que se muestra hoy, cada día, en los telediarios occidentales, que se limitan a enumerar, sin apenas explicar la situación, el número de muertos que ha habido en un atentado en Kabul; sino aquella vida que, generación tras generación, ha hecho del pueblo afgano uno de los más singulares de Oriente. Asimismo sobresale la importante lección que Dalrymple despliega en esta genial obra sobre la actuación extranjera en un país que no conoce y donde no se es bien recibido, y para ello es necesario citar a uno de los protagonistas de la obra, sir William Macnaghten, cuyo testimonio, entre otros muchos, recoge el autor:

«Además de la intolerancia religiosa, [los afganos] también odian nuestras costumbres, lo que nos obliga a ser muy cautos en nuestros intentos de innovación; no debemos olvidar que un sistema, por muy bueno que sea en teoría, podría no serlo aplicado a este país, puede que ni siquiera fuera apreciado. Debemos ser muy prudentes para no alentar los prejuicios del pueblo pero, por otro lado, tampoco debemos dejar el gobierno en el mismo estado retrógrado en el que lo encontramos» (Dalrymple, 2017: 182).

Como se puede apreciar en este fragmento, perteneciente a la correspondencia entre sir William Macnaghten, encargado de dirigir la burocracia de la Compañía de las Indias Orientales, a Lord Auckland, gobernador general de la India, la difícil situación británica en Afganistán en 1840, tras colocar al rey-títere Shah Shuja, evidenciaba la dificultad de implantar innovaciones propias de la mentalidad occidental en territorio afgano, al mismo tiempo que queda en evidencia la testarudez de Macnaghten por, según él, no «dejar el gobierno en el mismo estado retrógrado».

Volviendo a las palabras de Cicerón, la Historia es maestra de vida, pero, por desgracia, no todos lo recuerdan. Apenas un año después de escribir estas palabras, Macnaghten comprobaría crudamente el error que habían cometido. Otro aviso para navegantes, aunque no sería el último intento británico por controlar Afganistán.

Afganistán
«Last stand at Gandamak» · William Barnes Wollen

Muchos otros han pasado después por el mismo camino (soviéticos en 1978, estadounidenses en 2001), y todos, absolutamente todos, se han chocado con el mismo muro: el del desconocimiento y la soberbia. Contra esto se presenta la genial obra de Dalrymple, que Ediciones Desperta Ferro ha tenido el acierto y la valentía de editar, donde se comprende sumamente bien el porqué del gran error cometido por todos aquellos que, ingenuamente, han intentado imponer sistemas políticos extraños para la población local, incluso mediante ocupación militar, sin la simpatía del propio pueblo. El retorno de un rey no solo es una obra pionera en España por su temática, también es una obra genial, con una narración ágil que atrapa y que da voz a los auténticos protagonistas de la historia: una obra excepcional

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