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Invasiones y conversiones

Antonio Miguel Jiménez Serrano

Y no podíamos dejar de contar lo más humano que portaban estos pueblos: el espíritu religioso. No podemos negar que la religión es algo inherente al hombre y dependiendo de la época y la circunstancia ese espíritu se desarrolla de una u otra manera. Hasta donde llegan nuestros conocimientos, podemos decir que no ha existido ningún pueblo sin religión, lo que nos indica la importancia que este elemento, exclusivamente humano, tiene para conocer lo más profundo del hombre. De esta manera, con ese espíritu repleto de religiosidad ancestral, todos estos pueblos entran en contacto, antes o después, con el cristianismo, religión oficial de Roma desde el 380.

Nunca en la Historia había ocurrido nada igual hasta la llegada del cristianismo. Esta era, en primer lugar, una religión que nació en las más bajas escalas de la sociedad judía (pues, como sabemos, los apóstoles eran artesanos, y los primeros cristianos esclavos y gente despreciada por los hombres), calando rápidamente en la grecorromana, y subiendo hasta las élites de esta. Y en segundo lugar, una religión que tenía un carácter misional, es decir, Jesús manda a sus discípulos a “ir y predicar el evangelio”, algo totalmente novedoso hasta entonces.

De esta manera, y saltando el largo proceso de conversión del Imperio romano, que llevó más de cuatro siglos, vemos cómo el cristianismo llegó a los pueblos que se habían situado en el limes. Así, antes de continuar, y como afirmaba el gran D. José Orlandis, hay que diferenciar entre conversión y cristianización, pues el primero podríamos decir que es breve, y el segundo es cuestión de mucho tiempo. Por el primero uno se llama cristiano, por el segundo lo es. Los francos, por ejemplo, se convirtieron al cristianismo por medio del exemplum regis, mediante el cual, al convertirse y bautizarse Clodoveo, el monarca, y su séquito, todo el pueblo franco siguió sus pasos, pero no fue hasta tiempos de Carlomagno cuando los francos asumieron las normas de moral cristiana.

Evangelización de los godos

Por otra parte, en cuanto a vándalos, visigodos y hunos se refiere, cabe destacar que son tres casos totalmente distintos, al que podríamos añadir el excepcional de los francos.

Los vándalos se convirtieron al cristianismo arriano (doctrina de Arrio, que no reconocía la naturaleza divina de Cristo) en Hispania mediante el exemplum regis de Genserico, como afirma Víctor de Vita, obispo del norte de África contemporáneo al monarca vándalo, aunque muy posiblemente llevarían el sustrato pre-converso traído de la confederación a la que se habían unido para atravesar Europa. Es también interesante el fenómeno de la pre-conversión, utilizado también por Orlandis, que hace referencia a los pioneros conversos de un pueblo. La convicción de Genserico y su gente fue tal que siempre fueron hostiles a la ortodoxia católica y nunca dejaron de perseguir a la Iglesia, fundando incluso una Iglesia oficicial arriana. Pero esta iglesia no duraría mucho, pues apenas cien años después, en torno al 530, las tropas de Justiniano, al mando de Belisario, aniquilarían a los vándalos, y su arrianismo con ellos. Son, por ello, un pueblo que se queda en la primera etapa, el cristianismo arriano, y no pasan al catolicismo.

Después encontramos a los visigodos, cuyo proceso es, podríamos decir, el llevado a cabo por la mayoría de los pueblos germánicos, es decir, su conversión al arrianismo y su posterior paso al catolicismo. En este caso podemos encontrar al gran misionero Ulfilas o Wulfila, conocido como “apóstol de los godos”, que a mediados del siglo IV llevó su fe arriana a este pueblo, traduciendo La Biblia al gótico creando un nuevo alfabeto (aun conociendo el griego, el latino y el rúnico), conservado en el Codex Argenteus. Los visigodos llevarían el arrianismo a la Península Ibérica, hasta que en el siglo VI Recaredo, hijo de Leovigildo, adoptara la ortodoxia católica, finalizando así el proceso de conversión del que habla Orlandis. Los ostrogodos, en cambio, serían aniquilados, al igual que los vándalos, defendiendo su arrianismo inicial.

Conversión de Recaredo

Y por último llegamos a los hunos, pueblo que no se convirtió, y mucho menos se cristianizó. No hay, además, testimonios de pre-conversión por parte de los hunos, es decir, algún miembro de la gran confederación esteparia que se acercara al cristianismo de forma pionera. La única relación que los hunos tuvieron con la Iglesia fue el encuentro entre Atila y san León Magno, por el que el pontífice (no sabemos cómo) hizo retroceder al caudillo huno. Los hunos se marcharon de Europa como llegaron, firmes en sus creencias.

Por último, cabe señalar el caso de los francos, que sin haber tenido especial contacto con las fe cristiana, pasaron directamente, junto con su rey Clodoveo, de su paganismo inicial a la ortodoxia católica.

Bárbaros en Occidente - el monográfico

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