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Heródoto

Antonio Miguel Jiménez Serrano

HeródotoTras la publicación de algunos artículos de Historia por quien les brinda estas líneas, me he dado cuenta de que, en muchas ocasiones, las personas que no están relacionadas con esta mi amada ciencia no conocen a una de sus principales figuras. Una de las más tempranas que a ella han contribuido es Heródoto, cuyo título de ¨padre de la Historia¨ le fue otorgado por el mismísimo Marco Tulio Cicerón, y cuyas historias y cuentos son conocidos mejor que él mismo (véase la batalla de las Termópilas).

Heródoto nació en la ciudad de Halicarnaso en torno al 480 a.C., en el seno de una familia acomodada de origen cario (Asia Menor). La ciudad estaba gobernada por un rey o tirano, llamado Lígdamis, que gobernaba bajo control persa, cosa que nuestro autor no veía con buenos ojos, siendo exiliado aún joven a la isla de Samos, donde probablemente pudo dar comienzo a su obra historiográfica, empezando, inicialmente, con los logoi.

El mundo de Heródoto

Tras la caída del tirano, Heródoto volvió a su patria, donde a causa de su espíritu curioso y aventurero, no permaneció mucho tiempo. Además, por la gran influencia recibida de la cultura jonia, el historiador comenzó a escribir de la manera en la que lo hacían los jonios e, incluso, con su mismo dialecto. En cuanto a los viajes, Heródoto comenzó sus andaduras por las colonias griegas de Oriente, y se fue adentrando poco a poco hacia el interior, zona, en aquella época, bajo dominio persa, lo que nos hace pensar la tolerancia del Imperio aqueménida en cuanto al movimiento de los griegos en su propio suelo.

También le llevó a otros lugares, como Egipto, al que dedica un libro entero de su obra principal, destacando la religiosidad (como el ritual de momificación), y a otros muchos rincones tras la Paz de Calias en 449 a.C., como Cirene, Fenicia, Babilonia o Escitia. Con todo, la haya realizado en camino, o una vez en Atenas y Turios, la Historia de Heródoto o ¨investigación¨ (istorih, ¨lo que sucede¨) es el resultado de la visita a todos estos lugares, la contemplación de los mismos y la ¨atención prestada a los logioi¨, como dice Fco. Rodríguez Adrados, o enterados y personas del lugar.

Por último, concluye sus viajes, que podríamos denominar de investigación, en Atenas, la ciudad más importante de su tiempo y que tan importante huella deja en su obra, como afirma Adrados. Una vez en Atenas, Heródoto se dedicó a visitar las principales ciudades y campos de batalla de las Guerras Médicas, por ello contamos con una tan detalla descripción de los lugares en cuestión, como el desfiladero de las Termópilas o la llanura de Platea. Podríamos decir que, en cierta manera, ¨Heródoto es conquistado por Atenas¨.

Según Rodríguez Adrados, lo que había empezado siendo ¨una mezcla, un tanto incoherente, de geografía, etnografía e historia de Persia […], se había convertido fundamentalmente en una historia de las Guerras Médicas dominada por el espíritu de patriotismo griego y por la creencia en la superioridad moral de los griegos sobre los bárbaros¨, a causa de la fuerte influencia que Atenas y sus características habían inflamado en Heródoto.

Por ello, debemos destacar la influencia ateniense y de las guerras contra los persas que existe en la obra del autor cario. Y volviendo a su vida y contexto, hay que decir que Heródoto fue bien acogido en la vida pública ateniense. Plutarco y Eusebio afirman que recibió un premio tras leer su obra (se supone que ya estaría concluida) en torno al 445 a.C. Pudo, también, haber entablado amistad con importantes personajes de la Atenas de Pericles, no como afirman algunos, abogando por entrar éste dentro del círculo de evergetismo cultural llevado a cabo por el stratega, sino por pertenecer, simplemente, a la élite intelectual, hablándose así de Sófocles.

HeródotoDe esta manera llegamos al período final de la vida de Heródoto, cuando marcha a la colonia ateniense de la Magna Grecia, Turios, como empresa llevada a cabo por la política de Pericles en torno al 444 a.C., donde debemos suponer que vive hasta el final de sus días, en torno al 426 a.C. Existe un epigrama, transcrito por Esteban de Bizancio, donde se atestigua que murió en la propia Turios. Además, en el curso de la obra se desprenden algunas alusiones a la Guerra del Peloponeso, cuyos primeros años Heródoto llegó a vivir, aunque sin afectarle, lo que nos vuelve a llevar a la cuestión de dónde escribió o compiló Heródoto toda su obra, pudiendo desprenderse de aquí varias teorías, siendo la más plausible para nosotros la que consta en ir escribiendo de una manera constante, hasta llegar el punto en que toda esta obra final fuera ¨terminada¨ y recopilada.

Estas breves líneas se han escrito con la única intención de acercar a este autor a la gente cuyo feudo se aleja de la Historia, brindarle su derecho bien ganado a la fama y animar a todos a retomar la lectura de los clásicos, que, en muchas ocasiones, y aunque pensemos que hemos avanzado mucho y ya tenemos todo sabido, pueden enseñarnos una inmensa cantidad de cosas.

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