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Gesta Vandalorum

Antonio Miguel Jiménez Serrano

VándaloQué decir de los vándalos, ese pueblo tan maltratado por la historiografía tradicional, tachado de bárbaro, sanguinario y, más tarde, de pirata. Lo cierto es que aún mucho se puede decir de ellos. Si nos alejamos un poco de los escritos romanos y de los testimonios de quien sufrió las consecuencias de sus actos, nos encontramos con un pueblo deseoso de abandonar un nomadismo forzado con el único objetivo de establecerse en una buena tierra. Puede ser que la dureza de sus costumbres, las cuales tuvieron que adoptar para sobrevivir en un mundo tan sumamente revuelto como fue el tardoantiguo, les valiera que su gentilicio se utilice en la actualidad para denominar, y cito textualmente a la RAE, al “hombre que comete acciones propias de gente salvaje y desalmada”.

¿Por qué no llamamos en la actualidad godos, francos, o hunos a todas aquellas personas que llevan a cabo destrozos, robos o agresiones? Sencillamente por un capricho de la Historia. Los vándalos no actuaron de manera distinta a otros pueblos con respecto a Roma. De hecho, cabe señalar que algunas de las mejores muestras de urbanismo y monumentalidad romana las podemos apreciar en el norte de África, lo que fuera el antiguo reino vándalo. Cierto es que el obispo francés Henri Grègoire nombró ciertos comportamientos acaecidos en la Revolución francesa como vandálicos en 1794, siendo ésta la primera vez que se registraba dicho adjetivo, posiblemente debido a que los vándalos eran arrianos y combatieron ferozmente la ortodoxia católica (destrozando templos y persiguiendo al clero, entre otras cosas).

Así, como todos sabemos, en torno a los siglos II y III d.C. numerosos pueblos de origen indoeuropeo, especialmente de origen germánico e iranio, comienzan a realizar grandes movimientos de poblaciones que no radicaban en la vida del pillaje, sino en la búsqueda de una nueva tierra para establecerse por diversas razones, como pudieron ser el clima (fuerte bajada de las temperaturas en el caso, por ejemplo, de godos, vándalos o burgundios), empuje de pueblos esteparios (como a los sármatas y alanos), malas cosechas, etc. Además del deseo de la civilización, que comenzó a surgir en la mayoría de pueblos que, por una u otra razón, habían estado en contacto con Roma.

Los vándalos son uno de esos pueblos, que, procedentes de las costas bálticas, germánicos de tinte oriental, muy cercanos al pueblo godo geográfica y étnicamente, se encaminaron al sur hasta establecerse en la Dacia (actual Rumanía) en el siglo III d.C., después de una serie de guerras y divisiones tribales. Una vez en la Dacia tuvieron relación con los godos, asentados en las llanuras de Escitia (Ucrania), quienes más tarde se convertirían en sus más aciagos enemigos. Durante este periodo, los vándalos encontraron cierta simbiosis entre el Imperio y los godos, luchando sus magníficos guerreros, diestros jinetes, como mercenarios de Roma, pero el conflicto llegó cuando los godos, a finales del siglo III d.C. reclamaron la Dacia, siendo los vándalos por aquéllos vencidos y expulsados. De este modo, se unieron a una gran multitud de pueblos itinerantes (suevos, alanos…) que se habían puesto en camino con el fin de atravesar el limes romanun hacia la Galia e Hispania. Esto se hizo fáctico cuando en diciembre del año 406 se heló el Rin, lo que provocó que el Imperio no sólo se viera desbordado, sino que tuviera que pactar numerosos foedera (tratados por los que Roma esperaba una retribución en tropas, los ya conocidos federados) con estas “inicuas y enfurecidas” gentes, como Hidacio, obispo y cronista hispanorromano coetáneo a los hechos, los denomina.

Reino vándalo en África

Tras asentarse en la Península Ibérica son acosados por los visigodos a instancias de Roma, siendo vencido el precario reino alano de la meseta y arrinconado el suevo en la Gallaecia. Por su parte, los vándalos son reducidos a la costa bética, donde llevan a cabo, siendo rey el carismático caudillo asdingo Genserico, una increíble asimilación de las dotes romanas de navegación y construcción de navíos. De esta manera, en la primera oportunidad que se le presenta, en torno al 428 Genserico pasa a África, donde, aprovechando las intrigas de la corte imperial entre Aecio, magister militum de Valentiniano III, y Bonifacio, gobernador de África, vencerá a los ejércitos romanos y fundará el Regnum Vandalorum, reconocido por el propio Aecio.

Genserico saquea Roma en el 455

A partir de ese momento, Genserico jugó muy acertadamente sus cartas en el juego político entre Roma, Constantinopla y Cartago (actual Túnez), capital esta última del reino vándalo, ocupando la función de granero del Imperio, defensor del arrianismo y pirata ocasional. Tal fue así que, en 455, reuniendo una gran flota, partió a Roma, atracó sus naves en Ostia, desembarcó a sus aguerridos hombres y, camino de la Urbe se encontró una pequeña comitiva de clérigos. El Papa León Magno, el mismo que frenó a Atila, le pidió que no derramara sangre. Tras saquear Roma, Genserico volvió a Cartago con la espada limpia de sangre. El reino vándalo fue finalmente conquistado por los bizantinos en torno al 530, de la mano de Belisario, el gran general de Justiniano I.

Bárbaros en Occidente - el monográfico

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