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Expansionismo del Eje y la operación “Barbarroja”

Antonio Miguel Jiménez Serrano


El año 1941 fue, probablemente, uno de los pocos años en los que el primer ministro británico, Winston Churchill, perdió el sueño alguna vez. Tenía la sana costumbre de dormir la siesta todos los días para “disfrutar” de tardes productivas en el Gabinete de Guerra, lo que conllevaba que al llegar a la cama al final de la jornada cayera rendido, durmiendo plácidamente hasta que un oficial lo despertaba al día siguiente, temprano, a duras penas. Desde luego ese ritmo le fue interrumpido en más de una ocasión en 1941, año en que los alemanes y sus aliados llevaron a cabo ataques contra Gran Bretaña y su Imperio en numerosas partes del mundo: en el Atlántico y el Mediterráneo, en los Balcanes, en el norte de África, en Oriente Próximo… Hasta la mismísima Unión Soviética, aliada del III Reich entraría en los planes conquistadores del führer. La guerra comenzaba a adquirir el carácter geográfico de su denominación.

Así, tras el fracaso de la operación “León marino”, el alto mando alemán decidió ahogar a Gran Bretaña impidiendo la llegada de convoyes a la isla, dejándola fuera de juego, ya que no había podido ocuparla ni acabar con ella. Pero los británicos seguían contando con una flota digna de su Imperio, y decidieron emplear todo su esfuerzo en frustrar los planes germanos. Así tuvo lugar la batalla del Atlántico, en la que los cruceros y destructores británicos se enfrentaron al terror provocado por los submarinos alemanes en el Atlántico septentrional, zonas de Terranova y Groenlandia, y meridional, como la desembocadura del Río de la Plata o el Cabo de Hornos. Ambas flotas quedaron sumamente afectadas, poniendo bajo relieve la envergadura del enfrentamiento.

Operacion Barbarroja

También comenzaron los conflictos en el Mediterráneo, surgidos de la necesidad de tropas por los dos bandos en campos de batalla como el norte de África, los Balcanes, Grecia u Oriente Próximo, entre la primavera y el verano de 1941. En primer lugar, la rápida y limpia campaña llevada a cabo por los británicos en la Tripolitania y la Cirenaica, actualmente Libia, contra los italianos, desató la serie de campañas por el control de la zona entre británicos y alemanes, lo cuales acudían a reparar los huecos que dejaban las derrotas italianas. Al igual que ocurrió en Albania, Grecia y Yugoslavia. La difícil situación en los Balcanes, donde las influencias de ambos bandos querían atraer adeptos a sus respectivas causas, originó un nuevo objetivo clave en la guerra. Los italianos, confiados por su posición en Albania, intentaron invadir Grecia en octubre de 1940, siendo rechazados, provocando la subida de la moral griega y de otros pueblos cercanos, como el yugoslavo. Así, tras la retirada de los italianos a Albania y el descrédito del Eje en los Balcanes, Hitler tuvo que modificar su hoja de ruta y restablecer la situación balcánica (operación “Marita”), apoyado por los búlgaros. El poderío combinado entre ambas potencias fue arrollador. Hungría tuvo que capitular, y después Yugoslavia. En abril de 1941 los alemanes entraban en Grecia. El ejército griego, junto con divisiones británicas, como la 1º Brigada Blindada, y del Imperio, como la brava División neozelandesa o la 6ª División australiana, además de cuerpos procedentes de países ocupados, como la Brigada polaca, intentaron resistir en la línea Aliákmon, río situado al norte del país, pero fue imposible. Se efectuó una retirada organizada y la última resistencia fue, curiosamente, en el desfiladero de las Termópilas, donde más de dos mil años antes cayeron los espartanos de Leónidas. La retirada siguió hasta la operación de evacuación de Grecia, quien capituló el 21 de abril de 1941. Los Balcanes y la Hélade quedaban bajo el control del Eje.

Mapas 1941

Otro tanto alemán fue el norte de África, donde se enfrentaron las tropas británicas del exhausto general Wavell, quien ya no daba abasto con los puntos de conflicto, y las mortíferas divisiones del desierto del mariscal Rommel, un hombre que, como definió Churchill en la Cámara de los Comunes, era “un adversario sumamente hábil y osado y, si se me permite decirlo a pesar de los estragos de la guerra, un gran general”. La derrota británica en el norte de África con la pérdida de importantes ciudades como Tobruk, fue un duro golpe para Gran Bretaña y sus aliados, y una inyección de moral para los alemanes.

Teniendo en cuenta la situación, en la que los británicos no podían infligir grandes daños, Estados Unidos parecía no querer entrar en el conflicto y el intento de Hitler de poner a Irak de su parte para llegar a zonas clave para Gran Bretaña como la India fracasó, el Alto Mando alemán decidió, no sin divergencias internas, llevar a cabo lo que Churchill calificó como “milagro para Gran Bretaña”, la operación “Barbarroja”. Dicha operación planteaba la invasión de la URSS en un gigantesco frente oriental que, efectivamente, concentraría la mayor parte de los recursos materiales y humanos alemanes, dando un respiro a los británicos para reponerse de una guerra que no podría haber sostenido mucho más tiempo. Aun así, el Servicio Secreto británico, mediante sus agentes en Berlín, conoció dicho plan mucho antes de que se comenzara a llevar a cabo en el verano de 1941, retirando los alemanes divisiones de Centroeuropa y los Balcanes para trasladarlas a Polonia y Rumanía, siendo avisado convenientemente el primer ministro británico. Éste mandó varios menajes de alerta a Stalin, quien por alguna razón (¿incredulidad?) no efectuó preparativo de defensa alguno. Sea como fuere, el 22 de junio de 1941, Alemania le declaró la guerra a la Unión Soviética, comenzando un conflicto que cambiaría de forma determinante el desarrollo de la guerra.

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