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El milagro de Empel

Pablo Casado Muriel

El 8 de diciembre de 1854 se proclama el dogma de la Inmaculada Concepción, sin embargo, la fe de España y del ejército en la Virgen Purísima viene de mucho más lejos. La Inmaculada es patrona de la infantería española desde el siglo XVI, y el origen de esta protección surge en plena Guerra de Flandes y en una de esas historias que casi hemos olvidado y que paso a relatarles:

Diciembre de 1585, después de un año de asedio, los tercios españoles al mando de Alejandro Farnesio habían tomado la importante ciudad de Amberes. Después de unos meses de asentamiento y contraofensivas, Farnesio licencia a parte de sus tropas y las conduce hasta la isla de Bómel, una verdadera ratonera entre ríos y diques.

El general rebelde Holac ve la oportunidad para acabar con parte del ejército de Su Católica Majestad y hace destruir varios diques hasta dejar a las tropas españolas totalmente rodeadas de fango, agua y tropas enemigas. El camino hacia la ciudad aliada de Hertongenbosch está cortado por barcazas flamencas y la única opción es rezar. 

La raza y el valor que demostraron los españoles en aquellos años en los que dominamos el mundo se demuestra en ocasiones como esta. Ante los mensajes del general Holac de que se rindieran, los capitanes decidieron que, llegado el momento, sería mejor matarse entre ellos que entregarse al enemigo. Una situación desesperada donde surge el milagro.

Mientras el maestre Bobadilla exhorta a sus hombres a rezar, uno de los soldados cava una pequeña fosa como parapeto. De repente, de entre el barro surge una tabla flamenca que muestra la imagen de la Inmaculada Concepción. Ante la extraordinaria señal, se improvisa un altar y los viejos y cansados soldados rezan a su madre.

Esa noche, un gélido frío del nordeste sopló con fuerza y congeló los canales abiertos por los flamencos. Holac se ve obligado a sacar sus barcazas de allí ante el peligro de quedar inmovilizados. Al amanecer del día 8, unos cinco mil españoles cargan contra las tropas enemigas caminando a través del hielo.

El camino hacia Hertongenbosch queda despejado, los hombres salvan la vida y no dudan en atribuir el milagro a la Inmaculada Concepción, que ya en ese momento es aclamada como patrona de las huestes, algo que no sería ratificado de manera oficial hasta 1892.
 

Continúa el camino...
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