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El matrimonio que cambió la historia de Irlanda

María Muñoz Sanz-Agero


Es bien conocido que las políticas matrimoniales son una buena carta para jugar en el panorama internacional. Ejemplos de ello son el matrimonio de los Reyes Católicos (1469) que llevó a la unificación de las coronas de Castilla y Aragón, o el de Luis XIV de Francia y María Teresa de Austria (1660), gracias al cual el rey sol colocó a su nieto en el trono español. Pues bien, otro matrimonio de grandes consecuencias fue el de Strongbow y Eva la Roja, por el que Irlanda quedaría subyugada a Inglaterra durante 800 años.

La Inglaterra del siglo XII es una potencia muy poderosa, sobre todo cuando asciende al trono Enrique II en 1154. Éste había heredado diversos territorios en suelo francés: el condado de Anjou y el ducado de Normandía y por su matrimonio -de nuevo esta palabra- con Leonor de Aquitania (1152) adquirió el ducado de Aquitania, Gascuña y Guyena. Gracias a este enlace consigue crear el Imperio Angevino, sus dominios continentales se extendían desde el río Somme hasta los Pirineos. Pero conviene retroceder un poco en el tiempo para comprender mejor la situación de este reino.

angevin-mapPues bien, los vikingos llevaban atacando las costas del norte de Europa y de las islas británicas desde el siglo VIII. Ya en el siglo X, convertidos al cristianismo, estaban asentados en la península de Normandía y en Irlanda y los movimientos migratorios continuaban. Pero su afluencia sobre esta isla cesó en 1014, con la batalla de Clontarf, entonces dirigieron sus fuerzas a Escocia y lo que hoy sería Inglaterra: los reinos de los anglos, sajones y jutos. Allí triunfaron los normandos en la batalla de Hastings (1066) por la que Guillermo el Bastardo, duque de Normandía, se convirtió en Guillermo I de Inglaterra, más conocido como el Conquistador. Así comenzó el dominio normando de la isla, los duques se convirtieron en reyes y las generaciones se fueron sucediendo durante cien años hasta Enrique II y Leonor de Aquitania.

El rey, centrado en la expansión de su imperio, deseaba conquistar la isla vecina, Irlanda. Ésta vivía una situación política débil: existía un Alto Rey que reinaba sobre todo el territorio, pero no una unidad política real, solo conseguida por el rey irlandés vencedor en Clontarf, Brian Boru, un siglo atrás. Enrique II quiso obtener un apoyo fuerte para lanzarse a la conquista, y ese fue el de Roma, con la bula Laudabiliter (1155) del inglés Inocencio IV, quien legitimó el derecho de Inglaterra a conquistar Irlanda. Y no solo derecho, sino también un deber de la iglesia católica inglesa sobre la irlandesa, mal organizada por aquel entonces.

Pero, a pesar de esta bula que le daba vía libre a Enrique II, éste aún no se volcó en la empresa, sino que se dedicó más a sus territorios de Europa continental. Pero todo cambió en 1166.

Esta es la situación de Inglaterra a mediados del siglo XII. Mientras tanto, en Irlanda no existe una entidad política que cohesione la isla, aunque sí lo haga la figura del Alto Rey, con “poder” sobre toda ella. El territorio se encuentra dividido en cinco provincias, de norte a sur: Ulster, Connacht, Meath, Leinster y Munster. En 1166, el rey de Leinster, Dermot MacMurrough, es derrotado por una coalición formada por los reyes de las otras provincias y es expulsado de su reino. Esta oposición no era nueva, pues, desde más de un siglo atrás, las rencillas entre los reyes eran constantes. Esta vez todos estaban en contra de MacMurrough por sus pretensiones sobre el trono del Alto Rey.

Strongbow y Eva la Roja

Una vez que fue expulsado, huyó a suplicar ayuda a Inglaterra para recuperar su reino. No fue a la isla sino al continente, a la corte de Enrique II en Aquitania. Allí departieron y el rey inglés aceptó prestarle su ayuda a MacMurrough para restaurar su reino. Por supuesto, no fue un acto de bondad, tenía presente la bula Laudabiliter, que justificaba la conquista de Irlanda; además, MacMurrough le había prometido fidelidad si le ayudaba, más a su favor.

En su vuelta a Irlanda, MacMurrough atracó su flota en Gales. Allí encontró a Ricardo FitzGilbert de Clare, segundo Earl de Pembroke, perteneciente a una de las familias normandas galesas más importantes. Ricardo era conocido como Strongbow (arco fuerte), es fácil imaginar por qué. MacMurrough decide hacer un pacto con él: si le ayuda a recuperar su trono le concederá la mano de su hija mayor Aoife (Eva la Roja), y con ella todos los derechos de sucesión sobre su reino.

Naturalmente, Strongbow aceptó la propuesta. Al año siguiente, en 1167, MacMurrough reunió un ejército y se dirigió a su antiguo reino a luchar contra el Alto Rey, pero fue nuevamente derrotado. En 1169 llegó la primera oleada de caballeros normandos para asistirle y entraron triunfantes, tanto que el Alto Rey reconoció a MacMurrough como rey de Leinster. Pero no fue hasta 1170 cuando llegó Strongbow con refuerzos y conquistó Dublín, entonces un reino hiberno-normando semiindependiente. A su llegada también se casó con Eva la Roja. Las consecuencias de este matrimonio no tardaron en llegar: en 1171 murió MacMurrough y Strongbow recibió los derechos de sucesión al trono de Leinster.

En su corto reinado, Strongbow tuvo que enfrentarse a rebeliones nativas, pero sobre todo, el problema con mayúsculas fue Enrique II. El rey inglés no estaba dispuesto a que sus súbditos normandos fueran quienes dominaran Irlanda, con la posibilidad de que crearan un reino normando independiente. Así que decidió desembarcar en costas irlandesas y llegar hasta Dublín para someter a Strongbow.

Allí, él suplicó su perdón por desobediencia y el rey inglés utilizó su mejor recurso para apoderarse de la isla: la bula Laudabiliter, además, ratificada en 1172 por el nuevo papa, Alejandro III, y reconocida también por los obispos irlandeses en el sínodo de Cashel, en el mismo año.

De esta manera, el rey de Inglaterra, y del Imperio Angevino, se convirtió en señor de Irlanda (Lord of Ireland). Aunque los clanes irlandeses pudieron mantener su influencia en sus respectivas zonas, la isla estaba en manos extranjeras. Por otro lado, MacMurrough es recordado como el mayor traidor de la historia de Irlanda, quien facilitó el dominio inglés que duró hasta el siglo XX. Prefirió entregar los derechos de sucesión a cualquiera con tal de recuperar su trono. A pesar de que la responsabilidad nunca es de un solo hombre (no hay que olvidar la bula), la política matrimonial que siguió con su hija fue determinante para la conquista anglo-normanda.

Continúa el camino...
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