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El ‘iter Gothorum’ y el linaje de los Baltos

Antonio Miguel Jiménez Serrano

Este pueblo [los godos] alcanzó, en efecto, un renombre asombroso en las regiones en las que habitaba, es decir, en la costa del Ponto (Mar Negro) y en el territorio de Escitia, por ser dueño de una extensión tan grande de tierras, de tantas zonas marítimas y de tantos cauces fluviales; hizo caer al vándalo bajo su brazo en muchas ocasiones, hizo pagar tributo al marcomano y sometió a la esclavitud a los príncipes de los cuados. […] Pues, aunque vivieran apartados y gobernados por sus propios reyes, sin embargo, eran federados del Estado Romano, y recibían compensaciones anuales

En estas líneas, escritas por Jordanes, cronista del siglo VI, en el capítulo XVI de su obra Getica, podemos ver de forma clara el importantísimo papel que los godos jugaron en el final del Imperio Romano de Occidente y el inicio de la Tardoantigüedad. Y será a partir de las mismas desde donde establezcamos un hilo vertebrador para conocer mejor a este gran pueblo.

Procedentes de Götland o Götaland, en la actual Suecia, el pueblo godo recorrió Europa de norte a sur y de este a oeste en torno a los siglos I a.C. y V d.C., poblando llanuras, humedales, bosques, montañas, valles y mesetas, como bien nos indican los textos de importantes cronistas como el ya citado Jordanes o Amiano Marcelino, Orosio y Zonaras, entre otros. Cruzando el mar, se establecieron en la desembocadura del Vístula, desde donde pasaron, uniéndoseles gran número de gentes, como los taifalos o los hérulos, a la gran llanura escita, en torno a finales del siglo II d.C. Ya asentados en territorio sármata en el siglo III, en la costa del Mar Negro, como indica Jordanes, los godos comienzan a extender enormemente su poder territorial, el cual estará caracterizado por dos elementos de suma importancia: la monarquía y la potencia militar.

Hay que decir que la realeza típica goda, traída desde el más lejano norte, estaba fuertemente relacionada con la guerra, es decir, como afirma la profesora Mª R. Valverde, sólo se elegía un rey cuando se planeaba una campaña militar. Este tipo de monarquía, además, tuvo un fuerte componente sacral, que poco a poco fue perdiendo preeminencia frente a la pericia militar. Pero una vez que el poder godo controló una extensión tan grande de tierras, como afirma Jordanes, en torno a mediados del siglo IV las pretensiones de poder entre las diversas tribus godas y sus aliados comenzó a crear un extraño clima que desembocó en la división de la magnífica confederación. La primera familia en importancia de la tribu de los greutungos, los Amalos, y la primera de la tribu de los tervingios, los Baltos, entrarán en conflicto directo por el poder, dando inicio a una larga lista de luchas por la corona en la historia del pueblo godo. Así, el balto Atanarico se convirtió en el primer rey de los tervingios (visigodos), denominado por Amiano como Iudex gentis o Iudex Thervingorum (en lugar de rex o dux), dando lugar a la monarquía visigoda, que a partir de ese momento iría asumiendo características federales y desembocaría en la monarquía visigoda hispánica.

Caballería sármata

Hay que decir, además, que en tierras sármatas los godos adoptaron una de las formas de combate más aplastantes del mundo antiguo: la caballería pesada de élite, que, se sumó, además, a una práctica puramente germánica que radicaba en los laagers, o muros de pesados carros, y el gran número de arqueros a pie. De este modo, los godos portaban en todo momento una base de operaciones para organizar los ataques de la caballería. Además, los nobles godos, cada vez más ricos gracias a la guerra, fueron reuniendo en torno a sí grupos de comitatus, como los denominó Tácito, unidades de élite que llevaban a cabo la función de guardia personal. Fue esta forma de combate la que llevó la muerte al emperador Valente en la batalla de Adrianópolis, la destrucción y el saqueo a los Balcanes e Italia (incluida Roma en 410)  por la sed de venganza de Alarico ante la desidia romana, la derrota a vándalos y alanos en Hispania y la deshonra a las invictas hordas de Atila en la batalla de los Campos Cataláunicos en 451.

Y como último punto a tratar, el servicio al Estado Romano, como también indica Jordanes, que si bien al principio fue real, se convirtió en algo puramente formal cuando la concepción tradicional que los visigodos tenían de Roma cayó en detrimento de ésta. Tras la batalla de Adrianópolis y el saqueo visigodo de los Balcanes, el emperador Teodosio supo atender a las demandas de aquellos hábilmente, y a partir del 382 los utilizó como tropas federadas. Tras la muerte del hispano los visigodos de Alarico marcharon a Italia, saqueándola hasta recibir permiso en 412 para asentarse al sur de la Galia. Ya en 417 se acordó un foedus con el rey visigodo Valia, por el que se les entregaba, a cambio de su ayuda militar, la provincia de Aquitania, donde fundaron el reino de Tolosa, que más tarde pasaría a Barcino y, tras la “pacificación” de Hispania, a Toletum, donde concluyó la itinerancia de la corte tervingia y dio comienzo una época de esplendor que concluiría en el siglo VIII con la llegada de un nuevo poder.

Bárbaros en Occidente - el monográfico

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