Home > Historia > Contemporánea > ¿El fin de la guerra?

¿El fin de la guerra?

Antonio Miguel Jiménez Serrano


A finales de 1942, la batalla en el Pacífico se había decantado por los aliados. El gran Imperio japonés había sido privado por los estadounidenses de sus portaviones y sus grandes buques de guerra en la batalla de las Midway, donde una osada estrategia, combinada con el buen funcionamiento de los servicios de inteligencia, propinaron el mayor varapalo, hasta el momento, a los nipones. Los Estados Unidos de América comenzaban a reclamar el primer puesto en el ranking mundial de las grandes potencias. Su población, joven y numerosa, sus industrias, fuertes, sus recursos, inagotables.

No llegaría a pasar un año de aquélla batalla cuando en España Francisco Franco, Jefe del Estado, cambiara su no beligerancia a favor de los aliados, repatriando a la División Azul del frente oriental alemán, siendo consciente de que “la guerra se la ganarían los inagotables a los invencibles”. No le faltaba razón. Posiblemente, Franco se viera influido por el informe que el Jefe de Operaciones de Estado Mayor de la Armada  redactara en 1940, en el que afirmaba que el control del mar daría la clave de la victoria, y ese control estaba en manos aliadas. Aquel Jefe de Operaciones se llamaba Luis Carrero Blanco, una mente privilegiada para la estrategia naval y militar. Es curioso que ya en 1940, gran parte del Estado Mayor español fuera consciente de la derrota del Eje.

ve-day-germany-surrender-ww2

Todo apuntaba a que la entrada de EEUU en la Segunda Guerra Mundial decantaría finalmente la balanza en favor de los aliados. Pero lo cierto es que si algo decantó la guerra a favor de alguien fue, sin lugar a dudas, el ataque de Hitler a la Unión Soviética. Con la URSS del lado aliado, todo era cuestión de tiempo, pues también tenía población, recursos y fuerza abundante. Es muy posible, aunque nos introducimos en el resbaladizo campo de la historia ficción, que si Alemania y la Unión Soviética hubieran seguido siendo aliadas el resto de la guerra, el resultado de la misma hubiera sido inimaginable. No habría habido Europa democrática. Pero ni el nazismo, ni después el parlamentarismo, durarían mucho aliados con la URSS.

EEUU tenía ingentes recursos y no menos población trabajadora, pero no tenía tropas experimentadas. De poco habría valido la entrada de los estadounidenses en la contienda sin la URSS, ya que mientras una sostuvo el mazazo alemán, la otra puso a punto las nuevas divisiones, los equipamientos y las estrategias de su ejército, practicando con la operación “Antorcha”, primero, y con la operación “Husky” después, teniendo, así, dilatada experiencia para la posterior realización de la operación “Overlord”, bajo la atenta mirada de Gran Bretaña, mediadora entre las que un par de años más tarde se repartirían el mundo. Finalmente, Gran Bretaña, EEUU y la URSS decidieron acabar con la Alemania de Hitler.

Pero no todo el mundo pensaba lo mismo sobre ello. Grandes generales visionarios, como el famoso estadounidense George Patton, poseía un esbozo mental de lo que ocurriría si se dejaba a la Unión Soviética entrar a sangre y fuego en el este de Europa. Por ello, abogó por conseguir un armisticio de los alemanes, unirse a ellos tras derrocar (y juzgar) a los nazis y declarar la guerra a la URSS, con el fin de hacer caer a los comunistas e instaurar un sistema parlamentario. Patton pensó en aprovechar la pérdida de credibilidad de Hitler ante en el Alto Mando de la Wehrmacht, causada por el desastre militar en Rusia y por los rumores que llegaban al frente de barbaridades que estaban acaeciendo en unos “campos de prisioneros” regentados por las SS en Alemania, Austria y Polonia. Patton era consciente de que grandes militares como Rommel, Manstein o Halder poco tenían que ver con Hitler, intentando algunos, como Henning von Tresckow y Claus von Stauffenberg asesinar al führer para conseguir el tan ansiado armisticio. Pero nada de esto pudo ser. Hitler no fue asesinado, y los soviéticos no fueron parados.

Conferencia-de-Yalta-I

Hace setenta años finalizó una guerra contra un régimen de terror, pero, por la equivocada gestión angloamericana, comenzó otra. De nuevo, las potencias aliadas perdieron su visión estratégica y de futuro a causa de su gran rencor a Alemania. La Segunda Gran Guerra contra los alemanes y sus aliados había terminado, pero comenzaba un conflicto que duraría más de cuarenta años: la Guerra Fría. Ahora comenzaba a mirarse con simpatía por parte angloamericana a todos aquéllos que, bajo la égida alemana, habían luchado encarnizadamente contra el comunismo, como la España franquista, que había enviado a la División de Voluntarios Españoles al frente oriental, arriba nombrada. Aquéllos que anteriormente fueron aliados comenzaron una pugna por el poder mundial, dividiendo el mundo en dos bloques opuestos e irreconciliables. Los soviéticos, tras un breve idilio de alianza con las potencias democráticas, volvió a su posición anterior, el de enemigo de la democracia y la libertad.

Continúa el camino...
Los emperadores de Roma
Skanderbeg: el cruzado del Adriático
‘La Guerra de los Doscientos Años’ de Abulafia: una obra necesaria
Impenitente: las emociones como punto de encuentro

Deja un comentario

Este sitio emplea cookies propias y de terceros para mejorar su calidad. Si continúa navegando o utiliza el scroll de navegación vertical, aceptará implícitamente el uso de Cookies. Puede consultar más datos en nuestra Política de Cookies

Las opciones de cookie en este sitio web están configuradas para "permitir cookies" para ofrecerte una mejor experiéncia de navegación. Si sigues utilizando este sitio web sin cambiar tus opciones o haces clic en "Aceptar" estarás consintiendo las cookies de este sitio.

Cerrar