Home > Historia > El Concilio de Trento

El Concilio de Trento

Antonio Miguel Jiménez Serrano

En el año de Nuestro Señor Jesucristo de 1563 finalizaba el decimonoveno Concilio ecuménico de la Iglesia Católica, más conocido como Concilio de Trento. Y si me lo permiten, uno de los concilios de la Iglesia peor entendidos de la Historia. Me explico.

Sumamente fácil es dar crédito a superficiales teorías que se dan por ciertas en muchas y famosas páginas web de carácter enciclopédico, por decir algo. Pero eso, amigos míos, es un error. El Concilio de Trento no tuvo como objetivo acabar con la Reforma protestante, si bien es verdad que luchó contra anatemas que ésta proclamaba, quedando desacreditado con ello el término “Contrarreforma”, sino que fue una respuesta eclesial, para unir a los cristianos, ya pensada mucho antes de la aparición de Martín Lutero, y dar, además, respuesta a una serie cuestiones que venían proponiendo movimientos reformadores internos, y aclarar así numerosas cuestiones teológicas, doctrinales y de vida del clero, como fueron la simonía y el nicolaísmo.

Como todos los grandes acontecimientos, los concilios de la Iglesia, y concretamente el tridentino, se encuentran enmarcados en una circunstancia histórica muy determinada y, en este caso, compleja. Pero normalmente, cuando se intenta dar una explicación de un hecho histórico encerrando al mismo en un “compartimento estanco”, como diría una buena profesora mía, se puede caer en los errores más garrafales que desembocan en la confusión. Este es el caso del Concilio de Trento.

¿Y si les dijera, queridos amigos, que Federico II Hohenstaufen, personaje trescientos años anterior a Trento, tiene mucho que ver en el mismo? ¿O que Felipe IV de Francia, llamado el Hermoso, más de doscientos años anterior, también? Como antes afirmaba, ningún acontecimiento histórico surge ex novo, sino que todo tiene un porqué. Por ello, para entender este concilio, es necesario aportar alguna breve explicación anterior.

Federico II Hohenstaufen, nieto de Federico I, más conocido como Barbarroja, fue quien propició la situación de autonomía de los príncipes alemanes respecto del Imperio, encarnado aquí en la persona del habsburgo Carlos I de España. Federico II, de sangre alemana pero siciliano en todo lo demás, centró sus miras en los territorios italianos, pues sabía que Alemania era ingobernable por la fuerza, y otorgó a los príncipes alemanes el poder de autogobernarse, lo que brindó a Federico II una “retaguardia segura” de la que, además, pudo conseguir mesnadas leales.

Por otra parte, cabe destacar que Felipe IV de Francia fue el propiciador de lo que historiográficamente conocemos como Papado Aviñonense o Cisma de Occidente, por el que el rey francés traslada la sede pontificia a Aviñón, lo que derivó en un control por parte de los monarcas franceses del papado y el origen de una perniciosa situación moral en la Iglesia.

Preparada la “carga”, donde se encontraba la situación eclesial originada por el papado aviñonense y el espíritu autónomo de los príncipes alemanes, únicamente faltaba la “chispa”. Martín Lutero, un fraile agustino alemán, inteligente y de gran talento en la oratoria y la retórica, dio a los príncipes alemanes la excusa perfecta para reivindicar sus derechos políticos. Esto no quiere decir que muchos no creyeran en la reforma de la Iglesia, aunque es interesante ver cómo las teorías de Lutero van mudando de reforma cristiana a nacionalismo alemán.

Concilio de Trento

Pablo IIIEn cualquier caso, el Concilio que ya numerosos reformadores habían pedido y pedían desde dentro de la Iglesia, confiando en devolver la pureza espiritual y doctrinal a la misma, se hizo necesario, pues las tesis protestantes estaban poniendo en peligro esenciales pilares de la fe. De esta manera, en 1546, el pontífice Pablo III convocó el concilio tan esperado por algunos y temido por otros, caracterizado por su gran espíritu reformista. A su vez, en 1547, Carlos I se enfrentaba y vencía a la Liga Esmalcalda, opositores al Concilio, cerca de Mühlberg.

Bien podríamos dividir el concilio en tres etapas, con veinticinco sesiones: la primera, de 1546 a 1549, la segunda, tras la peste y la etapa en Bolonia, de 1551 a 1552, y la tercera, de 1555 a 1563. En estos años se crearon importantes decretos como el de la Revelación, centrado en las Sagradas Escrituras y la tradición de la Iglesia, el de los Sacramentos, o el de la Justificación, en el que se establecía que el único que justifica es Cristo, y lo hace con total gratuidad. Comienza, además, el intenso debate sobre la Residencia, centrado en la necesidad de que “el pastor cuide su rebaño” entre el mismo. Otros puntos importantes fueron la reforma de la Curia, del Breviario y del Misal, además de la elaboración del primer catecismo. Se crearon los seminarios y se combatieron los problemas que aquejaban a la Iglesia, como el tema de las indulgencias, la propiedad privada de los religiosos o la decaída moral reinante en muchos clérigos.

Continúa el camino...
El retorno de un rey. La aventura británica en Afganistán 1839–1842
Blitzkrieg, la guerra relámpago de Hitler
Los emperadores de Roma
Skanderbeg: el cruzado del Adriático

5 Responses

  1. Bierce

    También se estableció la Biblia Vulgata como biblia oficial católica y se condenó severamente la traducción de esta o la lectura de otros textos bíblicos, además de regularizarse la cuarta funeral, sistema de severos impuestos eclesiásticos sobre los testamentos,y otros privilegios abusvios del clero, hay que decirlo todo del concilio de Trento, no solo lo que os interesa

    1. ¡Muchas gracias por el apunte! Es una verdadera alegría el saber que la gente lee lo que uno escribe, sobre todo si se lee en sentido crítico, pues se demuestra tener criterio. Y aunque seguro iba con toda su buena voluntad, no se si sabrá que el impuesto sobre funerales y misas se “regularizó” para evitar el abuso de algunos párrocos e “iglesias propias” (iglesias influenciadas por los nobles con coacción o siendo el párroco de dicha familia). Cobrar había que cobrar, pues, aunque es verdad que “no sólo de pan vive el hombre”, cierto es que los sacerdotes y canónigos tenían que comer, ¿no? Además del mantenimiento de la propia iglesia y las obras de misericordia propias de la misma. Por otra parte, no es que se estableciera La Vulgata como “Biblia oficial” (que también), sino que es la traducción más correcta al latín; fue algo lógico, lo que puede corroborar cualquier biblista o filólogo. Por último, no era mi intención “decir lo que nos interesaba”, sino que de forma objetiva intenté extraer los hechos más significativos del Concilio, especialmente fechas y acontecimientos, del mismo modo que sólo nombro al pontífice Pablo III, y no a Julio III y Pío IV. Creo, además, no aportar ningún dato vano ni incierto.
      Gracias.

  2. Bierce

    La cuarta funeral no tiene justificación, pues el impuesto iba de manera íntegra para el Obispo de la diócesis correspondiente, además, un impuesto del 25% sobre las propiedades heredadas me parece abusivo del todo. No tenía nada que ver con el diezmo (vigésima, etc) u otros impuestos que tenían como fin mantener el sacerdocio local.
    Lo de que la Vulgata es la traducción más fiel, eso es cuestión de fe supongo, los luteranos españoles preferían la biblia del oso (prohibida en los territorios católicos) aunque a los que se atrevían a traducir una Vulgata como Fray Luis de León se les reprendía severamente por ello, yo creo que el contenido de la misma es lo de menos pues era una obra que al no poder traducirse estaba fuera de la comprensión de pueblo llano.

    1. Perdón, pero creo que se equivoca. El impuesto no se aplicaba a las propiedades heredadas, ni mucho menos, sino a las tasas recogidas de misas y funerales, de ahí el nombre de dicho impuesto. Reitero que no por ello esté justificando dicho impuesto, como usted insinúa en su contestación (que por otra parte me parece algo ridículo intentar justificar o condenar un hecho histórico). Por otra parte, me gustaría que me proporcionara bibliografía para poder informarme mejor sobre ello, en especial del hecho de que el obispo se llevara la cantidad íntegra, pues tenía entendido que se quedaba en la parroquia correspondiente.
      ¿Es cuestión de fe una buena traducción del griego al latín, y a un latín vulgar (de ahí “Vulgata”), que fue la que llevó a cabo san Jerónimo para el pueblo? No lo creo. Por otra parte no entraré en lo de la “biblia del oso”, pues creo que es bastante obvio que en un país de confesionalidad católica y con tamaña necesidad de unidad, en pleno siglo XVI, se vete una biblia protestante, creo que carece de sentido discutir sobre ello…
      Gracias.

  3. fernando ricardez

    …………., y no solo lo antes dicho, que es bastante si se analiza históricamente pero que solo se lee sin comprender si no se tiene un conocimiento previo de lo que implican dichos documentos. Por otro lado las nueva biblia “nacida” de este concilio en cuestión borró para siempre de la historia eclesiástica los antiguos textos que por cientos de años se consideró la verdadera y reconocida palabra de Dios entre la grey dejando otros y agregando los que a criterio terrenal consideraron oportunos. Los que no entraron como textos oficiales en la nueva biblia se consideraron libros apócrifos todos. Como fué esto posible? La “palabra” de dios plasmada en los antiguos textos juzgada en un concilio humano?

Deja un comentario

Este sitio emplea cookies propias y de terceros para mejorar su calidad. Si continúa navegando o utiliza el scroll de navegación vertical, aceptará implícitamente el uso de Cookies. Puede consultar más datos en nuestra Política de Cookies

Las opciones de cookie en este sitio web están configuradas para "permitir cookies" para ofrecerte una mejor experiéncia de navegación. Si sigues utilizando este sitio web sin cambiar tus opciones o haces clic en "Aceptar" estarás consintiendo las cookies de este sitio.

Cerrar