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Dumas, el Reverte del siglo XIX

Pero, no son tres, sino cuatro los que complementan esta fantástica novela atemporal, que mucho nos recuerda a la ficción con base histórica a la que nos tiene acostumbrada una pluma más moderna, la de Arturo Pérez Reverte

Angélica Anquela Gil
@AAnquela


Para muchos aquella famosa escena de la película Slumdog Millionare (Danny Boyle, 2008), con un fantástico  Dev Patel, bajo la mirada atenta de un Carlos Sobera a lo Indio, nos introduciría en una curiosa cuestión: ¿Cuáles son los nombres de los tres mosqueteros? Pero para el espíritu curioso, todavía cabe una pregunta más: ¿Cuál es el cuarto mosquetero? Y es que quien aprecie la buena literatura de ficción no habrá disipado el recuerdo de leer Los Tres Mosqueteros de Alejandro Dumas. Pero, no son tres, sino cuatro, los que complementan esta fantástica novela atemporal, que mucho nos recuerda a la ficción con base histórica a la que nos tiene acostumbrada una pluma más moderna, la de Arturo Pérez Reverte.

Athos, Porthos, Aramis y D´Artagnan, cuatro nombres que a nadie pasan desapercibidos. Díganme, ¿Existieron realmente estos mosqueteros?, ¿Por qué si no iba a comparar a un magnífico Dumas con un magnífico Reverte? La respuesta es muy sencilla: la historia, el documento, la palabra escrita. Adentrémonos en el momento, descubramos que hay detrás de cada uniforme de mosquetero.

Mosquetero: soldado de infantería que pertenece a la guardia real, conocida así por utilizar el mosquete como elemento de defensa, se popularizaron en la etapa moderna. Como bien introducíamos antes, nos cabe la duda de si la pluma de Dumas inventó estos actores de ficción, o más bien aludió a personajes reales para nutrirse de ellos; pero, ¿A quién leyó Dumas para inspirarse? Pues ni más ni menos que al D´Artagnan real en la obra Memories de M. D`Artagnan, por G. de Courtzil, el verdadero protagonista en la vida real. Gatien de Courtzil de Sandras, conocido como conde de Artagnan, un gascón conocido en 1615, que sería mosquetero, pero no en la época de sus tres compañeros, tampoco coinciendo con el cardenal Richelieu, sino con Mazarino. Moría en 1673 durante el sitio de Maastrich, momentos antes de recibir su bastón de mariscal, al igual que en la novela de ficción.

Tampoco encontraríamos un Athos, no como conde de la Fére, sino como Armando de Sillegue, señor de Athos, muerto de una estocada en un duelo, años antes a la entrada de D´Artagnan en los mosqueteros reales. Aramis, conocido en la realidad como Henri de Aramitz, escudero y abate laico en la senescalía de Oloron, acabaría sus días desterrado con su mujer y sus cuatro hijos. Entraría en los mosqueteros por relación familiar cercana.

Y por último, no, tampoco hubo un Porthos como tal; se llamaba Isaac de Portau, ingresó en los mosqueteros en el año 1643, y la gran sorpresa para el lector, ahora escéptico, es que este sí llegaría a conocer a Aramis, quien estaría ya en los mosqueteros a su entrada. Su aventura duraría poco, ya que moriría de una enfermedad crónica.

No se pretende arruinar la magnífica novela, solo se le da luz a la inventiva de Dumas, y se hace a raíz de una obra de Pérez Reverte: El club Dumas, donde paradójicamente se nos habla del pasado histórico de este gran escritor y poeta en pluma.

El que la historia se nos presente con un carácter de ficción no a todos nos resulta de agrado, pero cuando enciendes programas poco apropiados para lectores como Gran Hermano, y compruebas que en un concurso de preguntas culturales todos conocen los nombres de los cuatro mosqueteros, no puedes no pensar que Dumas no solo era un genio sino un gran conservador de la verdad y de la historia, por ello, aunque a veces nos cueste entender que algunos toman la ficción como la realidad, debemos entender que es solo un medio que nos acerca a la historia.

Alejandro Dumas era tachado en su época de “violar a la historia” y en una ocasión respondía con esta elocuencia: “La violo, es cierto. Pero le hago bellas criaturas”.

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