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Drácula

Antonio Miguel Jiménez Serrano

Hoy, 8 de noviembre, se cumplen 165 años del nacimiento del escritor romántico irlandés Abraham Stoker, más conocido como Bram Stoker, y no podíamos dejar de decir algo sobre tan brillante autor y su obra maestra, Drácula, y sobre lo que nos ocupará en esencia, la figura histórica de éste.

Bram Stoker, perteneciente a una familia burguesa pero no muy adinerada, recibió una excelente educación, donde destacaron su tesón, notas y trabajo. Finalmente aprobó las oposiciones para ejercer la abogacía, se casó y marchó a Inglaterra, donde comenzó a trabajar como funcionario. Pero su verdadera vocación era la literatura, los relatos de terror. Mientras trabaja, escribe y publica relatos del género con cierto éxito además. Debemos destacar obligatoriamente Drácula, el culmen de su obra.

Nos adentramos en la figura del conde Drácula, personaje principal que aparece en el epistolario formal de la novela. Se nos presenta como un extraño ser, un vámpiro, ser diabólico que adquiere un puesto principal en las historias de terror románticas, y que alcanza su cumbre en la novela de Stoker. No se refleja en los espejos, come a escondidas, es ruin y despreciable, y su vida es nocturna. Este ¨ser de las tinieblas¨ procede, muy posiblemente, de mitos húngaros y rumanos, en los que Stoker basaría el comportamiento del conde.

Bram Stoker no sólo necesitaba un mito terrorífico, necesitaba una cara, un nombre, una leyenda.  El escritor irlandés se inspiró en el príncipe Vlad III de Valaquia (actual Rumanía), conocido como Draculea, primero, y Vlad Tepes (empalador), después. Vladislaus Dracúlea, como seguramente sus contemporáneos le conocieron, fue un príncipe de origen transilvano que, curiosamente, también nació en noviembre, y que luchó ferozmente durante toda su vida por mantener su derecho al trono, acabar con la corrupción que había mutilado su patria y mantener alejada la amenaza turca de su tierra y de Occidente.

Los valacos y transilvanos, y por lo tanto Vlad III, defendían la puerta de Europa frente a los turcos otomanos tras la caída del Imperio Bizantino. Vlad III, siguiendo la costumbre de su padre, Vlad II Drâcul, siguió una política de amistad respecto al catolicismo desde su cristianismo ortodoxo, hasta el punto de llegar a convertirse al catolicismo. Las leyendas que se formaron en torno a su figura fueron mezclando hechos, títulos, palabras, rumores, etc. Hasta el momento en que aparece Bram Stoker, reúne todos esos mitos y los da a conocer en el occidente europeo.

Algunos de estos mitos están basados en hechos históricos, como sus masacres y empalamientos de turcos y boyardos, de donde surgió el rumor de su gusto por la sangre y el dolor, y otros totalmente inventados y sacados de contexto, como su estrecha relación con el diablo, de donde, según muchos, procedía su segundo nombre, Draculea, literalmente ¨hijo del dragón¨, tomado de la tradición cristiana ortodoxa en la que dicho animal mitológico es sinónimo del demonio. Ahora bien, en primer lugar hay que decir que, aunque es cierto que en el ámbito cristiano ortodoxo (y cristiano en general) el dragón es sinónimo del demonio, en otras culturas y tradiciones es un símbolo de honor y nobleza, lo que podemos ver de forma clara en los ¨dracos¨ sármatas, que adoptaron ciertas legiones en el Bajo Imperio como estandarte en lugar del águila, los dragones de las banderas de la resistencia britanorromana (rojo) e invasores sajones (blanco) o, incluso, las dinastías de la China imperial. Y en segundo lugar debemos decir que este nomen del voivoda valaco no hace referencia a que sea hijo del diablo, sino a que su padre era conocido como ¨el dragón¨, Vlad II Drâcul, por el mero hecho de haber ingresado en la Orden del Dragón, fundada en 1408 por el rey Segismundo de Hungría para defender a toda la Cristiandad y por la que pasaron príncipes y nobles de todos los rincones de Europa, como el monarca aragonés Alfonso V el Magnánimo, en cuyo escudo de armas se aunaban los símbolos de las órdenes del Dragón y del Toisón de Oro, y el mismo Vlad III.

No pretendo, de ningún modo, cambiar radicalmente la visión del príncipe transilvano de demonio a santo, pero sí me gustaría dejar claro que la magnífica obra del gran Bram Stoker no debe distorsionar la figura del personaje auténtico, Vlad Dracúlea, que, aunque desde nuestra perspectiva actual sea visto como un vil bárbaro sin escrúpulos, debemos entender que fue hijo de su tiempo, además de haber vivido una infancia y juventud bastante dura. No olvidemos, además, que en cuanto a héroes nacionales se refiere, en España tenemos al Cid Campeador, en Francia a Roldán, en Inglaterra a Ivanhoe, y en Rumanía a Vlad III, al que nosotros llamamos Drácula.

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4 Responses

  1. Antonio, me ha parecido muy interesante la comparación que haces entre Vlad III y otros héroes épicos ¿A qué crees que se debe exactamente la interpretación violenta de su figura en “Drácula”? ¿Se trata simplemente de una estrategia literaria de Stoker para dar más morbo e interés a su novela, o podría tener algo que ver la conversión al catolicismo de Vladislaus Dracúlea y una reacción en su contra?

    1. Es una muy buena e interesante pregunta Fernando, e intentaré responderte con el escaso conocimiento que poseo. En primer lugar debemos mirar la historia de Drácula desde el prisma romántico, cargado de todas esas características que aúna el movimiento artístico y existencial, y luego, además, pasarlo por la criba de la novela gótica o de terror; obtenemos historias como la que nos ocupa. Añadir, además, que en la zona húngaro-transilvana existió a partir del s.XVI un sincretismo de mitología e historia que, personalmente, pienso que servía para hacer retroceder anímicamente a los turcos, pueblo bastante supersticioso, de la ¨ultra-silvam¨ (en español, ¨más allá del bosque¨), donde se concentraban algunos de los principales núcleos de resistencia. Pero esto mismo lo podemos ver en el no tan alejado caso en el tiempo de los hermanos Grimm respecto a los bosques alemanes y las tropas napoleónicas; un cuento al natural, sin ¨cobertura infantil¨ ni transcripción del dúo germano, haría temblar de una forma desmedida a los niños, de ahí la extrema transformación que han sufrido sus relatos, como Caperucita Roja, Hänsel y Gretel o Blancanieves. En cuanto al tema religioso, no he encontrado indicios que me hagan pensar sobre la existencia de la relación violencia-conversión al catolicismo, de todas maneras pienso que no, pues entendemos que la procedencia irlandesa y católica de Stoker impidió dicho fenómeno, amén de la escena final de la novela, que no pretendo desvelar aquí para que todo interesado en el tema disfrute con su lectura.

  2. Javier Andreu

    Antonio, sabes muchísimo, felicidades de nuevo por este artículo aunque no sea sobre Antigüedad. Un abrazo fuerte

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