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Diluvio Universal

Carlos Bonete Vizcaino


Tanto en la tradición babilónica como bíblica, el Diluvio constituye una línea divisoria entre dos épocas de la humanidad, lo cual forja diferencias que destacaremos a continuación. Parece ser que el mito se hizo eco durante ala Dinastía de Isin, en el siglo XX a.C. La versión más antigua la encontramos en la tablilla III de la Balada del Super-Sabio, que se data entre los siglos XIX y XVIII a.C. Le sigue la tablilla XI de la Epopeya de Gilgamesh, entre XIII y XII a.C, y finalmente el relato bíblico que terminaría de redactarse hacia VI o V a.C. El orden en que hemos ido conociendo estos pasajes ha sido cronológicamente inverso, y el único íntegro es el de la Sagrada Biblia.

Las primeras diferencias se constatan en los testigos humanos el diluvio: en el Diluvio bíblico es Noé (en hebreo: Noah, “quedarse tranquilo, reposar”), en Gilgamesh es Utnapishtim y en la balada paleobabilónica Super-Sabio (Atram-Hasis). El relato bíblico de Diluvio Universal es producto de dos documentos diferentes que se ve perfectamente en la dualidad divina: Yavé y Elohim. Es seguro que ambos recogieron materiales previos de origen babilónico. El motivo que desencadenan los diluvios es claro: los dioses se hartaron de los hombres. En la tradición bíblica Eva y Adán estrenan su libertad desobedeciendo a Yavé, y así seguidamente, con Caín y Abel. De modo que,

… viendo Yavé cuánto había crecido la maldad del hombre sobre la tierra y que su corazón no tramaba sino aviesos designios todo el día, se arrepintió de haber hecho al hombre en la tierra (…) y dijo: «Voy a exterminar al hombre que creé sobre la faz de la Tierra; y con el hombre, a los ganados, reptiles y hasta aves del cielo, pues me pesa haberlos hecho»

La decisión de Dios era clara porque el culpable era el hombre:

dijo Dios a Noé: «El fin de toda carne ha llegado a mi presencia, pues está llena la tierra de violencia a causa de los hombres, y voy a exterminarlos de la Tierra»

La decisión sería difícil y Yavé pensó dejar vida en Noé: “pero Noé halló gracia a los ojos de Yavé”. Para ello, Noé, debía construir un barco cuyas instrucciones para la construcción no ahonda en muchos detalles. En él entró con sus hijos, con su mujer y con parejas de animales de raza pura. Así, “pasados los siete días, las aguas del diluvio cubrieron la tierra”. Constituye una diferencia notoria que veremos más tarde la duración del Diluvio en diferentes textos. En la Biblia: “estuvo lloviendo sobre la tierra durante cuarenta días y cuarenta noches”. Para que Yavé no se arrepintiera del arrepentimiento, “alzó un altar a Yavé, y tomando de todos los animales puros y de todas las las aves puras, ofreció sobre el altar un holocausto”. Con esto, como decíamos al principio, se hace una separación que comporta una nueva era garantizada por un pacto a partir del cual Yavé ya no exterminará al hombre.

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En Gilgamesh  (“el que vio lo más hondo”), se utilizaron varios materiales, entre ellos “Un Gigante entre los reyes” y el Diluvio Universal que formaba parte del “Super-Sabio” (Atram-Hasis). Si omitimos la historia de Gilgamesh hasta el momento en que es consciente de su mortalidad, nos damos cuenta de que el personaje con quien se entrevista, Utnapishtim, es un anciano corriente. Sin embargo, éste le cuenta la historia que le hará saber el porqué de su inmortalidad, inalcanzable para cualquiera que tenga pies en la tierra. La historia del Diluvio ocupa la mayoría de la tablilla XI y se sitúa en una esfera ajena a Gilgamesh.

Cuenta que los dioses, molestos con los hombres, decidieron eliminarlos. Es la ayuda de Enki (rival de Enlil), la que salva a Utnapishtim de la aniquilación. Ante su supervivencia, lo consideraron no humano. Enki le dirá cómo tiene que disimular delante de la gente de su pueblo dando esperanzas que se verán truncadas por la catástrofe. Aún así, celebra un banquete de despedida: “Suruppak: una ciudad que tú ya conoces; [la ciudad] que está [a orillas] del Éufrates. Esta ciudad era muy antigua, y los dioses estaban dentro de ella: mandar el Diluvio fue antojo suyo, de los Grandes Dioses”. Utnapishtim mete a su familia, sus bienes y animales. También artesanos que ayudarán a reconstruir y difundir técnicas cuando todo haya pasado.

Hice subir a borde de la nave a toda mi familia y parentela.

A las fieras del monte, a los bichos del monte,

y a los maestros de todos los gremios los hice subir también a bordo.

La hora me la había fijado Samas.

El dios de la tempestad, Abad, y el viento del sur que porta el Diluvio (abubu) causan una enorme tormenta, de tal magnitud, que hasta los dioses tienen que trepar y llamar a la puerta de Anu, que la había cerrado ya. El remordimiento también está presente en Mesopotamia ya que es la Diosa Madre, la que viendo a sus criaturas ahogarse, lanza un grito como una parturienta.

La duración del Diluvio comprende seis días y siete noches, que guarda una gran diferencia con el Génesis. Además tras los siete días, Utnapishtim suelta primero una paloma, luego una golondrina y finalmente un cuervo. Noé soltará un cuervo y después tres palomas. (Génesis 8: 6-13). De nuevo vuelve a ver similitudes, en este caso, con las libaciones y ofrendas que hace Utnapishtim a los dioses. Estos últimos comienzan una disputa violenta pues la Diosa Madre, arrepentida de los actos decididos por los dioses, acusa a Enlil de haber sido el promotor. Enlil apunta que alguien está vivo (Utnapishtim) y Ninurta acusa a Enki, que se evade alegando que Utnapishtim supo del futuro mediante sueños. Es su inmortalidad lo que le acerca a los dioses y por ello tiene que pagar un precio: el destierro (alejado de los seres humanos). Tras contar su historia, Gilgamesh acepta que su caso es irrepetible.

Presentados los rasgos de la Epopeya de Gilgamesh, es evidente que comparte, con la Balada del Super-Sabio, muchos paralelismos. En la Epopeya se habría omitido el motivo por el cual los dioses hicieron desaparecer a la humanidad pero en el Super-Sabio sí se expone. Esta balada comienza con la rebelión de los dioses jóvenes, cansados de servir a los mayores. La solución se encuentra en crear a los hombres que servirán a los dioses. Estos se fabrican con barro pero mezclado con sangre de dios. La idea es de Enki. No obstante, el ruido de los humanos es excesivo y los dioses no pueden dormir, de modo que tras experimentar varias propuestas de reducir la población, surge la idea de acabar con ella directamente (propuesta por Enlil). Sería, otra vez, Enki, quien diera el mensaje al Super-Sabio a través de una experiencia onírica en las pareces de su vivienda.

El arrepentimiento se vuelve a repetir porque los dioses sufren las consecuencias de la exterminación: hambre y sed. El último fragmento no se  conserva y debería hacer alusión al final del Diluvio, la suelta de aves, etc. Los restos conservados apuntan a que no era igual que Gilgamesh. Cuando acaba el texto, se realiza una ofrenda y Enlil se duele de su fracaso porque hay un superviviente. Anum le aconseja que a partir de ese momento se castigo solo al culpable y se crean seres nocivos como Lasmastum, que mantienen estable la mortalidad infantil con el fin de que la humanidad no se multiplique en exceso, como pasó antes.

En conclusión, si hemos visto cada uno de los relatos, podremos ver que se mantienen similitudes (salvación de familias, ofrendas al final, soltar animales, recompensas al finalizar el Diluvio, etc.) pero en dentro de estas similitudes hay detalles diferenciadores importantes. La inmortalidad del Super-Sabio, la longevidad de Utnapishtim así como la renovación de la relación dios-hombre bíblica conforman una moraleja, resultado de un proceso incitado por la tendencia humana a traspasar las fronteras de lo divino. Eso sí, de diferentes formas.

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