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Clontarf: el fin de las invasiones vikingas de Irlanda

María Muñoz Sanz-Agero


Si España tuvo las Navas de Tolosa (1212), Inglaterra Hastings (1066) y Francia Bouvines (1214), Irlanda también tuvo su gran batalla medieval: Clontarf. El Viernes Santo de 1014 en las cercanías de Dublín tuvo lugar esta batalla que enfrentó al Alto Rey Brian Boru y al rey de la provincia irlandesa de Leinster, Maelmora, ambos siempre en conflicto durante sus reinados. Pero no fue solo una de las muchas batallas entre clanes que caracterizan la Irlanda altomedieval. Otro factor estaba en juego: el dominio vikingo de la isla.

Las primeras incursiones vikingas en las Islas Británicas tuvieron lugar a finales del siglo VIII, y a partir de entonces los ataques no cesaron hasta que ya en el siglo IX comenzaron a establecerse en Irlanda. Ya no eran expediciones de ataque y saqueo, ahora se asentaban, pues allí encontraron grandes extensiones de tierra sin hielo, donde los cultivos serían mejores y sus vidas indudablemente menos duras. De esta manera, empezaron a fundar ciudades, como Dublín en 841, y crearon redes de comercio con Escandinavia. Pero estos nuevos habitantes no solo se establecieron allí sino que también se mezclaron con la población nativa gaélica mediante alianzas matrimoniales.

Esta sería la visión del vikingo sobre Irlanda: una nueva tierra, con poca población y mejor clima que su lugar de origen. Por ello decidieron quedarse e iniciar una nueva vida. Se dejaron influir por la cultura irlandesa, arte, literatura, incluso religión, y fueron aumentando sus cotas de poder con la fundación de ciudades y la posesión de la corona de Leinster.

Pero antes de asentarse, en las primeras invasiones, eran hordas de guerreros muy bien armados y violentos que desembarcaban en la costa y se dirigían rápidamente a los monasterios donde se guardaban auténticas joyas del arte religioso irlandés. Puesto que eran paganos solo les interesaba el saqueo para la posterior comercialización del botín.

Pero, ¿cuál era el punto de vista irlandés? En los primeros momentos estarían aterrorizados ante este violento invasor, su destreza en el uso de las armas y sus embarcaciones, que por su decoración más parecerían monstruos que barcos. Pero conforme fue pasando el tiempo y se fueron asentando, las relaciones mejoraron. Pues bien, ¿qué importancia tuvieron los vikingos en la batalla de Clontarf si ya estaban establecidos y mezclados con la población irlandesa? Pues tuvo mucha. Veamos.

La organización política que se encontraron al llegar no era ni mucho menos unitaria. La isla se encontraba dividida en cinco provincias: Ulster al norte, Connacht al oeste, Meath en el centro, Leinster al este y Munster al sur. Toda la población estaba repartida en tribus y clanes diferentes, cada clan tenía una familia más poderosa, a la que pertenecía el jefe. De entre todos los jefes de clanes de una provincia se escogía al rey. Durante siglos, los clanes mantuvieron guerras continuas entre ellos y cada uno luchas intestinas por el poder. En el siglo X quien detentaba el título de Alto Rey en esta diversidad de reinos y tribus era Malachy de Meath, del clan de los Uí Neill. Pero a lo largo del reinado de éste, la familia de Brian Boru, los Dalcasianos, hasta entonces clan insignificante frente a los omnipotentes Uí Neill, alcanzó el trono de Munster, con sede en la Roca de Cashel, famoso castillo irlandés. Primero el hermano mayor de Brian, luego él mismo, intentaron atraer hacia sí los demás reinos y el título de Alto Rey. En el año 1002 Brian Boru ya era el Alto Rey de Irlanda, incluso nombrado en el libro de Armagh, importante monasterio de Ulster, como “Imperator Scottorun” (emperador de los irlandeses).

Casbel Munster

Conservó este título hasta su muerte en 1014 en la batalla que nos ocupa. Muchos años de reinado le llevó alcanzar algo parecido a la unidad del territorio irlandés. Lo hizo empleando una activa política matrimonial, uniendo a su descendencia con los reyes de las otras provincias. También fortaleció la iglesia en Irlanda, fundando monasterios por todo el territorio, para así complacer a sus dirigentes y evitar la oposición.

En 1011 ya había alcanzado esa unidad, y el reino de Meath, aparentemente el más rebelde, también se puso bajo su mando. Pero en 1012 el reino de Leinster, que, recordemos, estaba poblado en gran parte por vikingos y su familia real se había unido a ellos, quiso acabar con la sumisión hacia el Alto Rey, y por ello comenzó a atacar territorios limítrofes con su propio reino y al año siguiente alcanzó pactos con el rey de las islas Orcadas y con el de la Isla de Man, ambos vikingos, quienes establecieron contacto con los vikingos de Escandinavia. Por su parte, Brian Boru también buscó aliados: Meath y Connacht meridional.

Ante los deseos de independencia de Leinster, Brian Boru se aproximó con su ejército a este reino, atravesó el río Liffey, sitió la ciudad de Dublín e instaló su campamento cerca de Clontarf el Domingo de Ramos de 1014. Tanto el reino de Leinster como sus aliados vikingos eran cristianos, pero para ellos primaba la guerra. Por esta razón, decidieron atacar al ejército del Alto Rey el Viernes Santo, sabiendo que su reacción no sería lo suficientemente rápida por el calendario religioso, lo que les daría ventaja.

En el campo de batalla los leinstermen (irlandeses propiamente dichos y vikingos allí asentados desde décadas atrás) y los vikingos que llegaron para asistirlos se encontraban en la costa, y el ejército de Brian Boru, formado también por una mezcla de población gaélica y vikinga, hacia el interior de la isla. Los dos bandos estaban igualados. Los vikingos extranjeros destacaban por su fuerza y armas, pero Boru se había formado en estrategia bélica clásica, conocía las obras de Jenofonte y Julio César. Su organización era mucho mejor que la del reino de Leinster y la escandinava. Durante la batalla fueron cayendo los caudillos vikingos y la balanza se fue inclinando a favor de Munster. Las hordas vikingas extranjeras se abalanzaron a las embarcaciones de la costa, pero en su huída fueron masacradas por el ejército de Boru antes de llegar a ellas.

Batalla de Clontarf

La victoria fue clara. Pero tuvo un alto precio, Brian perdió a los hijos que comandaban su ejército y, según la leyenda recogida por las crónicas medievales, fue asesinado por Brodir, rey vikingo de la Isla de Man, en su propia tienda mientras rezaba.

Munster y el Alto Rey vencieron en Clontarf. Esto significó el fin de los intentos vikingos procedentes de Escandinavia de dominar Irlanda, pues desde entonces dirigieron sus fuerzas hacia Escocia e Inglaterra, y los ya establecidos en la isla se quedaron. Pero en la batalla, Brian Boru fue asesinado, y con él se fue la unidad irlandesa. Aunque el título de Alto Rey dejó de ser honorífico y adquirió con él deberes políticos, la unidad que intentó alcanzar fue muy inestable por las rencillas entre los diferentes reinos y llegó a su fin un siglo después, con la invasión anglo-normanda.

Continúa el camino...
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2 Responses

  1. patricio

    Un excepcional resumen de un momento especial de la historia de Irlanda. Objetividad con toque personal. Gran articulo.

  2. Victoria Gómez-Salas

    Gran artículo, muy bien documentado y muy bien escrito
    Es el segundo que se publica de María Muñiz Sanz-Agero
    y los dos muy buenos
    Sin duda una joven promesa como historiadora

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