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Cartas desde la Revolución Bolchevique. Epístolas y recuerdos de Jacques Sadoul

Ficha técnica

Título: Cartas desde la Revolución bolchevique

Autor: Jacques Sadoul

Editorial: Turner Noema

Año: 2016

Páginas: 500

Precio: 28’00€

 

 

 

 

Antonio Miguel Jiménez Serrano


La Primera Guerra Mundial fue, sin duda, la gota que colmó el vaso de los ánimos del pueblo ruso frente a un cada vez más incompetente y autocrático gobierno zarista. La estabilidad centenaria que había aportado la figura del zar a casi todas las clases de la sociedad rusa por su mera existencia, desde nobles y grandes potentados hasta el inmenso campesinado ruso, caía bajo un peso insostenible: el crecimiento paulatino del proletariado urbano, debido al éxodo rural, la colonización comercial y empresarial occidental y la explotación por éstos de los recursos del país, además de los motivos políticos y el surgimiento de movimientos ideológicos contrarios al poder. Los nuevos retos sociopolíticos y económicos urgían a una modernización y democratización del poder que, lejos de llegar poco a poco, quedó estancado en el tímido intento de Nicolás II tras los trágicos sucesos de 1905: la creación de la Duma.

Poco más se hizo, y todos estos cambios, propios de una sociedad moderna, abordados por la última autocracia del Antiguo Régimen, se vieron brutalmente agravados por las consecuencias de una guerra cuyas magnitudes no había visto nunca antes la humanidad. Como ocurriría algo más de veinte años después, la guerra costaría al pueblo ruso un increíble sacrificio en vidas humanas, ya que de en torno a 12 millones de hombres reclutados por la leva, perecieron, solo durante el conflicto, en torno a 1.850.000 hombres. La situación se había tornado insostenible.

Esta situación crítica fue la que encontró el abogado, político y escritor francés Jacques Sadoul, autor de Cartas desde la revolución bolchevique (Turner, 2016), cuando llegó a Petrogrado a principios de octubre de 1917 formando parte, como capitán, de la misión militar francesa allí destinada. Ya había tenido lugar la Revolución de febrero, y el país era ahora dirigido por el llamado Gobierno Provisional, cuya facción más significativa la encarnaban los moderados del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia, los denominados mencheviques, con Aleksandr Kérenski como presidente.

Pero la caída del zarismo no había aplacado apenas al pueblo. La sangre seguía corriendo en el frente, y la paz seguía siendo la principal exigencia de los rusos, ya fueran revolucionarios (socialistas o kadetes), ya monárquicos o anarquistas. Pero el Gobierno Provisional no sería capaz de satisfacer dicha exigencia, ya fuera por una cierta pasividad ya por la influencia de las potencias de la entente. Esto no hacía, como relata Sadoul, sino caldear cada vez más los ánimos. Así, en el período comprendido entre febrero y octubre de 1917, los bolcheviques, fracción al principio minoritaria del Partido Obrero Socialdemócrata, supieron aprovechar el descontento del pueblo y el ejército, y sus filas se incrementaron significativamente. Su actividad política y revolucionaria no hizo sino intensificarse gracias a proclamas que se centraban en el fin de la guerra, la expropiación de las fábricas y el reparto de la tierra.

A este respecto afirma Sadoul, en una carta al diputado socialista francés Albert Thomas, fechada el 18 de octubre (según el calendario juliano) de 1917, que “la voluntad de paz a cualquier precio expresada por tantos rusos me parece inamovible”. Y en efecto, Sadoul no se equivocaba. El pueblo pedía la paz, y los únicos que abogaron decididamente por ella fueron los bolcheviques. Así, el autor francés narra casi día a día los sucesos de la toma del poder por los correligionarios de Lenin y Trotski en la llamada segunda revolución o Revolución bolchevique. Y lo hace de forma epistolar, contando los sucesos a “Albert Thomas, diputado, querido amigo”, como encabeza casi todas sus cartas. Su narración es ágil y vibrante, y hace notar al lector que lo que escribe lo está viviendo en el momento y en primera persona.

Además, históricamente esta obra tiene un gran valor, ya que Sadoul tuvo el privilegio de entrevistar a los principales líderes bolcheviques, como es el caso de Trotski, principal cabeza de la Revolución bolchevique, además de muchos otros. Esto aporta la visión de una de las partes, cuyo conocimiento es necesario para entender lo que ocurrió en dicha revolución y cómo lo vivieron sus protagonistas. Sadoul recoge, por ejemplo, declaraciones de Trotski que, si no hubiera sido por él, posiblemente no habrían sido registradas:

“Hemos dirigido, contra las fracciones socialistas adversarias, antes del 25 de octubre, una guerra encarnizada. Hemos demostrado su incapacidad y estigmatizado su mala voluntad. Las hemos desacreditado, y luego combatido con las armas. Están vencidas. Si hoy les tendiéramos la mano, nuestras tropas no entenderían ese gesto. […] Actualmente los bolcheviques solo pueden tener una política: continuar, solos, la que han empezado solos, conducirla a buen puerto, aprovechar su llegada al poder para imponerse gubernamentalmente e iniciar la ejecución de las cuestiones esenciales: tierra, paz, control obrero, etcétera” (Carta del 1 de noviembre de 1917).

Por otra parte, y posiblemente sin darse cuenta, Sadoul ilumina a lo largo de sus cartas una realidad escondida, o que ha pasado desapercibida, en la historia de la Revolución rusa: la importancia de Lev Trotski. Éste fue, sin duda, el alma de la Revolución bolchevique, pues como afirma el mismo Sadoul, Lenin era el teórico de la revolución, mientras que era Trotski quien se encargó de llevarla a la práctica. Ya fuera por su conocimiento en idiomas o porque era el Comisario del Pueblo para Asuntos Exteriores, lo cierto es que da la impresión que era Trotski, junto a la “ciudadana Kolóntai, la virgen roja” (como la llama Sadoul), quien llevaba las riendas de la segunda revolución. Lógicamente Stalin, futuro enemigo político de Trotski, se encargaría de intentar borrar todo rastro del intelectual bolchevique y su influencia en la historia rusa. Las cartas de Sadoul escaparon de dicha purga.

Cabe señalar por último el papel que juega Jacques Sadoul, como señalan muy acertadamente los encargados de la traducción, el prólogo y las notas a esta edición, advirtiendo al gobierno francés, a través de Albert Thomas, del peligro que entraña unirse a los movimientos anti-bolcheviques, junto al resto de los aliados de la entente, en favor de los mencheviques, primero, y de los contrarrevolucionarios después, como Casandra avisaba a los troyanos de la catástrofe que vendría sobre la ciudad. A lo largo de estas interesantes cartas se desarrolla esta cuestión, que terminará por posicionar a este observador antes neutral.

En definitiva, esta edición al castellano, ya necesaria, por la editorial Turner, de Cartas desde la revolución bolchevique de Jacques Sadoul promete convertirse, sin duda alguna, en una obra imprescindible para entender en profundidad, desde una visión próxima al movimiento bolchevique, los hechos acaecidos en Petrogrado y Moscú entre 1917 y 1919.

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