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Cannas

Antonio Miguel Jiménez Serrano

¿Qué podríamos decir ya de la famosa batalla de Cannas? Me permito responder que poco, o incluso nada. Pero, aún así, merece la pena recordarla, pensar lo que esta enorme ¨puesta en escena¨ militar desencadenó y, lo que creo es más importante, pudo desencadenar, en el contexto de la Segunda Guerra Púnica (218 a.C.-201 a.C.).

Retrocedamos al año 216 a.C., y situémonos en la Península itálica, en una pequeña región del medio-sur conocida como Cannas, o Cannae originalmente. Aníbal, el genio militar púnico, inmortal recuerdo del ¨jaque¨ y casi ¨mate¨ a Roma, había conducido audazmente su acrisolado ejército por una Italia atemorizada. Pero la actuación de un hombre insigne, que aunaba en su persona la prudencia y el valor, llamado Quinto Fabio Máximo, y conocido a partir de entonces como Cunctator (¨el que retrasa¨), asestó un fuerte y profundo golpe en las fuerzas de Aníbal, llevando a cabo una guerra de desgaste que ocasionó duras críticas en el Senado, pero dio a Roma la oportunidad de tomar oxígeno tras las duras derrotas en el río Trebia y el lago Trasimeno.

En esta situación, Aníbal se vio desprovisto de víveres, y los que anteriormente se quejaban de carestía, ahora desertaban a causa del hambre; así, el bárcida decide marchar a Apulia, región sur, donde la cosecha estaba lista para la siega. Los romanos, en cambio, no estaban dispuestos a permitir que un poder extranjero permaneciera un día más en suelo itálico, por lo que tras reclutar una grandísimo ejército, entre romanos y aliados, decidieron poner fin al sueño del general cartaginés.

Aníbal, que cuenta con una astucia digna de su fama, sabe que el mando romano constaba de dos cónsules, y no tarda en sacar provecho de la situación. Tras poner en marcha una estrategia de movimientos fantasma, el hijo de Amílcar se percata de la impetuosidad de que hacía gala uno de los cónsules, Varrón, y decide aprovecharla; establece su campamento junto a la población de Cannas y espera al enemigo, al que hostiga de forma constante con la veloz caballería númida, propiciando, así, la ruina de los romanos, en palabras del historiados Tito Livio. Dice este, además, de forma preciosa si me lo permiten: se dirigieron (los romanos) acosados por el destino a ennoblecer a Cannas con un desastre romano.

La batalla

Tomando a los grandes historiadores de la época como pilares: Polibio, Apiano, Plutarco, Valerio Máximo, Polieno, Dión Casio y, por supuesto, el propio Tito Livio, intentaremos entender mejor cómo un ejército cinco veces inferior a otro pudo no sólo alzarse con la victoria, sino infligir una de las mayores humillaciones al imperio más grande del Occidente antiguo.

Junto a la pequeña población de Cannas se encuentra una gran llanura, y tanto romanos como cartagineses han inspeccionado bien el campo. Los romanos, confiados en su superioridad numérica y la versatilidad de su ejército, forman las tropas a la manera característica republicana, anterior a la reforma de Mario, en tres filas base: hastati, principes y triarii, las columnas de hostigadores o velites, los jinetes y la infantería aliada en el flanco izquierdo, con Varrón a la cabeza, y los jinetes romanos o équites en el flanco derecho con Paulo; unos noventa mil efectivos.

Justo enfrente forma el ejército cartaginés, mucho menos numeroso, en torno a los cuarenta mil efectivos, cuya infantería estaba compuesta de africanos (cartagineses y libios) que ocupaban los extremos de la línea, y galos e hispanos, que ocupaban el centro. Es en los flancos donde se encuentra la fuerza de Aníbal, en el izquierdo jinetes galos e hispanos, y en el derecho los númidas. Si nos imaginamos la situación, incluso un leve cosquilleo recorre nuestra espalda. Allí estaba Aníbal, jugándose su campaña a ¨un mano¨. Pero, ¿con qué mano contaba el cartaginés?

Hay que decir que sus cartas, por sí solas, no valían mucho, pero juntas le brindaron una grandiosa victoria. Carta número uno: la caballería; mejor y más rápida que la romana y aliada, vencen a la caballería enemiga con prontitud y apoyan el ataque por la retaguardia romana. Carta número dos: la cuña galo-hispana; cargan y retroceden, dando la tentativa a Varrón de sacrificar la movilidad por la contundencia. Carta número tres: infantería pesada africana; adelantan la línea por los extremos mientras los romanos embisten contra la cuña, lo que provoca que éstos se vean rodeados. Además, al estirar la línea, Aníbal cubre más espacio con menos efectivos. Y aprieta. Y cierra la trampa. Carta número cuatro: el viento; llamado Volturno por los lugareños, levanta una polvareda tal que reduce notablemente la visibilidad romana. Y carta número cinco: la experiencia de sus soldados; posiblemente doblaba a la de los romanos, cuya mayoría era bisoña, reclutados pocos meses antes. Aníbal alcanzó la victoria, y las legiones supervivientes quedaron malditas a partir de entonces.

Tras esta batalla, acción magistral con la que Aníbal se ganó la inmortalidad, Maharbal, comandante de su caballería le planteó dirigirse rápidamente a Roma y tomarla, pero Aníbal, indeciso, le prometió pensarlo, a lo que aquél respondió: Vincere scis, Hannibal, victoria uti nescis; ¨sabes vencer, Aníbal, pero no sabes utilizar la victoria¨.

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13 Responses

      1. Giovanni Collamati

        Antonio, creo, de verdad, que eso no habria podido ser. No porque Anibal no era capaz, todo lo contrario. Pero porque me gusta pensar que ESA Roma, la Roma de los Scipioni, la Roma del Mos Maiorum no lo hubiera permetido.
        Si hay algo que siempre me ha impresionado mucho de Canne es el numero de los romanos que tomaron parte a esa batalla. Despues de los dos desastres del Trebbia y del Trasimeno fueron capaces de levantarse otra vez y volver a luchar y perder y volver otra vez a luchar, irse en Africa, distante, y ganar.
        Si es vero, como dicen unas fuentes, que Anibal llego enfruente de las murallas de Roma, podia tambien entrar y subir las escaleras del senado, pero…para cuanto???
        Tu de verdad crees que aquellos romanos del Trebbia, del Trasimeno, de Canne y de Zama le habian dejado vida larga? Tu crees que unos cansados mercenarios podian contra ciudadanos romanos?
        Yo no creo.

        Como siempre, un señor articulo colega! me ha encantado!
        Tengo ganas de leer el proximo.
        😉
        complimenti!
        (p.s. perdoname por el idioma)

        1. ¡Hola Giovanni! No te imaginas la alegría que me das al decirme tan sabias palabras, en primer lugar porque así le sacamos más jugo a mi pobre aportación, y digo sabias porque tienen el peso de la verdad, nadie podría haberse apropiado de la Roma de Fabios y Escipiones, eso es cierto. Lo único es que debemos prestar atención a dos puntos: en primer lugar el objetivo de Aníbal, que no era para nada, como otros afirman, ¨conquistar Roma¨ en el amplio sentido de la palabra, sino infligir en ella el máximo dolor posible, de ahí que el general siga campando por Italia en lugar de ¨tomar¨ la eterna ciudad. Y en segundo lugar el hecho de que el Senado no las tenías todas consigo, pues podemos ver como las más importantes regiones se pasan inmediatamente a Aníbal sin resistencia alguna, como en los casos de Capua o Tarento, y que, además, éstas seguirán con el cartaginés hasta el mismo final y asedio romano, por no hablar de los rencorosos galos que únicamente querían la sangre romana. No soy de los que abandera la Historia-Ficción, pero si Aníbal hubiera querido eliminar del juego político a Roma, yo pienso que hubiera tenido medios para conseguirlo. Por otra parte, y ya de forma objetiva, pienso que esa resuperación ¨post-cannae¨ pudo deberse, además de al espíritu romano, al la ayuda ibera (cuña publicitaria) en Hispania y la griega en Macedonia. Por otra parte sí es destacable la incansabilidad y tremenda voluntad de la que hacían gala aquellos grandes romanos, que consiguieron dejar totalmente K.O (en argot pugilístico) a un enemigo que los había mandado al suelo y sacado casi los diez segundos al árbitro.
          Como siempre, Giovanni, un placer. Espero que en el próximo también me puedas dar algún matiz como éste.
          ¡Un abrazo!

  1. Frente Popular de Judea

    Enhorabuena al autor de este magnífico artículo. Su amor por los enemigos de Roma le convierte en nuestro amigo.

    Un saludo:
    Frente Popular de Judea
    “No al chantaje”

  2. Maxi

    Hola, Antonio. Me ha gustado mucho el artículo y más la sentencia de Maharbal. Es obvio decir que de la Historia aprendemos siempre, es una gran maestra. En la vida – la entendamos metafóricamente como batalla o no,-si no administramos bien los talentos (lectura del pasado domingo) estamos condenados al fracaso. Un abrazo y sigue ilustrándonos.

    1. ¡Hola Maxi! Me alegro muchísimo de que te haya gustado. La verdad es que no lo había visto desde la perspectiva de los talentos, y tienes mucha razón, además es un tema muy interesante. Gracias por todo de nuevo, la verdad es que no hay mayor premio que el hecho de que la gente (en especial la que sabe más que yo) me transmita su gusto por lo que escribo. Un abrazo.

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