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Asedios

Pablo Casado Muriel
@pablo_casado

La semana pasada se hizo común escuchar y leer la palabra “asedio”. Ciertos grupos tenían la intención de sitiar el Congreso de los Diputados para, supongo, derrocar un Gobierno y colocar otro, que supongo también, ya tendrán elegido en la sombra. Pero ese no es el caso que nos ocupa. A raíz de esa “popularización” del término asedio, me ha parecido corrector realizar un pequeño repaso a esta técnica bélica durante el periodo medieval, donde los castillos y sus fuertes defensas hicieron habitual este sistema militar.

Asedio medieval

En el momento de cercar y tomar una posición enemiga durante el medievo, el ejército ofensivo contaba con tres posibles técnicas que se citan en Las partidas de Alfonso X el Sabio y que repasaremos a continuación:

· A furto: Rápida, sencilla y muy eficaz. Un verdadero golpe de mano. Un pequeño grupo de hombres especializados (lo que hoy llamaríamos un comando), aprovechando la noche, y en ocasiones el mal tiempo, debía entrar en la fortaleza y hacerse con el control de la puerta, acabando con los vigilantes. Sin duda, es necesaria la actuación posterior de un mayor número de hombres para terminar de reducir la plaza.

· A fuerza: este sistema hacía necesario una amplia superioridad de efectivos por parte de los atacantes. La toma a fuerza sigue tres pasos: acercamiento, destrucción de murallas y puertas y asalto. Para el acercamiento, las tropas utilizaban diferentes sistemas de defensa, una vez situados en los pies de la muralla, las escalas eran impresicindibles para intentar superar las altas murallas enemigas.

Asedio "a fuerza"Para el avance masivo de tropas y en busca de una mayor protección, se utilizaban las torres de asedio, algo que ya vimos al analizar el ejército alejandrino. Para la destrucción de la muralla o las puertas se contaba con los famosos arietes, pero la ingeniería militar puso especial atención a los sistemas de destrucción a distancia. Durante este periodo se supero el sistema de torsión por el de contrapeso, que permitía una mayor efectividad a la hora de disparar contra las posiciones enemigas. El primer arma de contrapeso utilizada durante la Edad Media se denominó trabuchet.

En el siglo XIV el arte de la guerra conocerá un nuevo sistema que cambiará por completo la concepción de los conflictos, los cañones de pólvora. Este elemento se generalizó en este periodo. La experiencia demostró que el hierro era el mejor material para su realización, tras mejorar otros de latón o bronce. Tras un primer sistema de cuñas y poleas, se generalizó la incorporación de ruedas y otras plataformas que resultaban imprescindibles para conseguir objetivos concretos. El modelo más habitual de cañón era la bombarda, capaz de disparar pesos de hasta 136 kg.

· Por cerco: Cuando la fuerza masiva o las estratagemas no funcionaban para rendir una fortaleza, se ponía en práctica la toma por cerco, que era la forma más frecuente de tomar una plaza fuerte en la Edad Media. Los recursos de los sitiados, y su capacidad de resistencia a condiciones  adversas era el factor que determinaría cuanto tardaría en rendirse la plaza.

Como su nombre indica, esta estrategia consistía en aislar por completo el lugar que se pretendía ganar, haciendo imposible la llegada de cualquier recurso, siendo el hambre el que daría el golpe de gracia a los defensores. Durante los días o meses que duraba el asedio se producían, también, continuos ataques que ayudarían a crear un clima de continuo desgaste en las defensas.

Para que una conquista por cerco  diese el resultado deseado, el ejército atacante debía ser más numeroso que el defensivo. La plaza debía ser rodeada en su totalidad, por lo que el número debía de ser incluso mayor que si se preparase un ataque a fuerza. En torno al castillo a tomar se construían campamentos y trincheras, unidos entre sí para evitar la llegada de suministros. En caso de encontrarse con una plaza con salida al mar, una flota debía aislar también el puerto.

El ejército atacante debía preocuparse, no solo de contener a los defensores, sino de proteger su propia retaguardia. No era difícil que un sitiador se viera sorprendido por un ejército enemigo que venía en socorro de sus aliados.

Tres sistemas y un objetivo, la toma de la posición enemiga en un clima bélico, que afortunadamente en la actualidad, y pese a la corruptela del lenguaje, está muy lejos de la realidad.

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