Home > Historia > 800 años de la muerte del “Rey Noble”

800 años de la muerte del “Rey Noble”

Antonio Miguel Jiménez Serrano


El 6 de octubre de 1214 fallecía cerca de Ávila el monarca castellano Alfonso VIII. Su reinado fue amplio, 56 años oficialmente (algo más de 40 de facto) a causa de su juventud al inicio, y significó el ascenso de Castilla a primera potencia peninsular de manera indiscutible. Y elijo este adjetivo, “indiscutible”, porque en verdad la figura del “rey noble”, citando a don Julio González, representa el más alto grado de avance hasta el momento en la historia medieval hispánica, ya fuera en las artes, como en el gobierno, la espiritualidad, la ciencia o su propia personalidad.

Desde muy joven, Alfonso fue puesto a prueba por los condicionantes políticos de la corte castellana. Las luchas nobiliarias y la rivalidad con los otros monarcas peninsulares tambalearon sus primeros años, peligrando su vida en numerosas ocasiones. Sin embargo, cansados ya los castellanos de los conflictos internos entre facciones, pusieron sus esperanzas en el joven rey. Lo extrajeron de la mano de los Lara, una de las grandes familias castellanas, y lo pusieron bajo la guarda de las ciudades de Castilla leales a la corona. Los castellanos querían a su rey.

Años más tarde, tras su mayoría de edad, proclamación como rey de Castilla y matrimonio con Leonor de Inglaterra, Alfonso comenzó a trabajar en el engrandecimiento del reino. Fue una tarea ardua, pues debió lidiar con las grandes familias al tiempo que con monarcas como el de León o Navarra. Si a esto señalamos que, cruzando el Tajo, Alfonso se encontraba con el Imperio almohade, nos surge la pregunta, de forma natural, de cómo podría llevar a cabo sus objetivos.

Existe un refrán castellano, cargado de razón, que afirma: quien mucho abarca, poco aprieta, y Alfonso era consciente de ello. Así que, en primer lugar, y con los almohades presionando constantemente en la frontera, recuperó a golpe de espada los territorios que los monarcas de León y Navarra le habían arrebatado, estableciendo una fructífera alianza con el rey de Aragón. Hecho esto, avanzó contra aquellos que asolaban sus tierras y esclavizaban a su pueblo, los almohades. Sin dudarlo, y en inferioridad de recursos y hombres, Alfonso se enfrentó a los musulmanes, reconquistando importantes ciudades como Cuenca (1177), y fundando otras como Plasencia (1186). Las órdenes militares, neonatas por aquel entonces, no eran controladas por las grandes familias, y servían al monarca y a la fe, con lo que Alfonso pudo apoyarse en ellas para establecer un sustento fuerte en la Reconquista. Sí, la Reconquista, ese término maldito que a algunos tanto asusta y escandaliza, pues las crónicas hablan de “reconquistar”, “recuperar el territorio arrebatado al rey Rodrigo”, como podemos leer en la Primera Crónica General, editada por Menéndez Pidal: “toda la tierra de la mar aca, que los moros del rey Rodrigo de Espanna ganado ouieron”.

Pero la obra de Alfonso no se quedaría en lo militar, sino que destacaría de forma excepcional en el mecenazgo de las ciencias y las artes, de la mano de su amada esposa Leonor, hija de Leonor de Aquitania y hermana de Ricardo Corazón de León. Así, podemos asegurar, no sólo por los escritos y crónicas de García de Campos y Jiménez de Rada, quienes le conocieron, que cuidaba y atendía a trovadores y hombres de ciencia, sino que además éstos le tenían en alta estima, lo que han confirmado trabajos de autores actuales como P. Linehan. El culmen de este gran interés del monarca castellano por la belleza del arte y el saber tendrá lugar a través de dos fundaciones: el Estudio General de Palencia (1208-1212) y el Monasterio de Santa María la Real de Las Huelgas (1189), donde hoy se encuentran los restos de Alfonso y Leonor.

Por otra parte, y también de manera destacada, se encuentra la inmensa obra política de Alfonso y su cámara. A través de su cancillería, compuesta por los intelectuales más preparados de su época, casi todos clérigos, el monarca va a establecer las bases de la política y diplomática castellana de los siguientes quinientos años. Por ello afirma la especialista en el tema Pilar Ostos Salcedo que la cancillería de Alfonso VIII, oficina de expedición de documentos sumamente consolidada y preparada, va a resaltar el tan importante salto castellano en materia política.

Para finalizar, me gustaría creer que he aportado una visión general de la excepcional tarea que Alfonso VIII llevó a cabo en provecho de su gente y del reino, más allá de la gran victoria de Las Navas en 1212, en la que el monarca castellano, junto con los reyes de Aragón y Navarra, infligió una derrota al Imperio almohade que conllevaría la decadencia de éste, la conquista de La Mancha y el establecimiento de Castilla como principal corona peninsular.

Por último, les invito a recordar que no siempre España ha sido guiada por hombres sin conciencia ni escrúpulos. Que hubo un tiempo en el que se luchó por el pobre. En el que se apreció la belleza del arte y la ciencia. En el que había fe.

Continúa el camino...
Los emperadores de Roma
Skanderbeg: el cruzado del Adriático
‘La Guerra de los Doscientos Años’ de Abulafia: una obra necesaria
Impenitente: las emociones como punto de encuentro

Deja un comentario

Este sitio emplea cookies propias y de terceros para mejorar su calidad. Si continúa navegando o utiliza el scroll de navegación vertical, aceptará implícitamente el uso de Cookies. Puede consultar más datos en nuestra Política de Cookies

Las opciones de cookie en este sitio web están configuradas para "permitir cookies" para ofrecerte una mejor experiéncia de navegación. Si sigues utilizando este sitio web sin cambiar tus opciones o haces clic en "Aceptar" estarás consintiendo las cookies de este sitio.

Cerrar