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«Vergüenza» consigue lo que se propone

Ficha técnica

Título: Vergüenza

Directores: Juan Cavestany y Álvaro Fernández Armero

Guion: Juan Cavestany y Álvaro Fernández Armero

Producción: Movistar +

Fotografía: David Azcano

Música: Aaron Rux

Reparto: Javier Gutiérrez, Malena Alterio, Vito Sanz, Miguel Rellán, Lola Casamayor

Duración: 30’ (10 episodios)

País: España

Año: 2017

 

 

 

Jorge Velasco Fernández
@JorgeVF88


La plataforma Movistar + ha comenzado este pasado año a producir series de televisión. Su apuesta ha sido bastante agresiva y los productos que ha cosechado son de una elevada categoría con respecto a lo que sirven otras cadenas no temáticas en nuestro país. La propuesta es arriesgada y está realizada a conciencia para hacer frente a otras plataformas como Netflix, HBO, Rakuten, Filmin o Amazon Prime. Tras reseñar La peste o La Zona, les acercamos ahora a Vergüenza, una comedia sobre la vida del matrimonio formado por Jesús (Javier Gutiérrez, Goya al mejor actor por La isla mínima) y Nuria (Malena Alterio), una pareja de clase media que hace todo lo posible por lograr sus sueños y que siempre, por sus faltas de habilidades sociales y porque son expertos en meter la pata en el momento propicio, acaban sufriendo el enfado del otro o de su entorno, generando lo que el título de la serie grita: vergüenza.

Jesús es un fotógrafo de BBC («bodas, bautizos y comuniones») que se cree llamado a algo superior: la fotografía artística. Cada vez que sale de su casa se pone una máscara para no aparentar su patetismo. Dice que su trabajo es temporal, porque siempre está con grandes proyectos que nunca llegan a darse porque no existen. Pero él es tozudo y lleva su miseria y su mentira elevada a la enésima potencia. Y este dato no solo lo sufren los vecinos, sino que también los padres de Nuria (Miguel Rellán y Lola Casamayor) se han dado cuenta y tratan de convencer a su hija de que tiene que dejar a Jesús porque le hace mal. Nuria, por su parte, es una oficinista que se queda en paro por haber insultado sin querer a su jefe y que ahora va mendigando trabajos cutres e incluso pide un puesto en la empresa de su padre. Además, quiere ser madre, porque ya está viendo que tiene una edad avanzada y que cada vez les va a costar más. Y esto agobia a Nuria, pero tiene el problema de ser igual de metepatas que su marido.

Una comedia mordaz, triste, pero muy entretenida que consigue lo que su título propone: generar el sentimiento de vergüenza ajena en el espectador ante semejantes meteduras de pata.

Juan Cavestany es el director y guionista de esta serie de 10 episodios y que ya ha sido renovada para una segunda temporada. Saltó a la fama con productos de dudosa calidad como El asombroso mundo de Borjamari y Pocholo (2004), Gente de mala calidad (2008), una obra menor pero de mayor profundidad como fue Dispongo de barcos (2010) y que tras varios cortos y otros filmes de poca aceptación por público y crítica ha dado en el clavo de la mano de su compañero en la dirección y el guion, Álvaro Fernández Armero, un director y guionista algo más formado y que tiene productos de mayor poso como Salir Pitando (2007) o Las ovejas no pierden el tren (2014) y que, dado a su experiencia en televisión con series como El síndrome de Ulises (2007), Con el culo al aire (2012) o Algo que celebrar (2015) y su participación en algunos capítulos de la exitosa Allí abajo (2015), han propiciado que ambos hayan podido ensamblar todo muy bien para crear un producto arriesgado y nunca visto. Una comedia mordaz, triste, pero muy entretenida que consigue lo que su título propone: generar el sentimiento de vergüenza ajena en el espectador ante semejantes meteduras de pata de los protagonistas.

Otro dato interesante es la genial interpretación de la pareja protagonista. Qué fácil tiene que ser trabajar con actores tan buenos en este campo, pues saben poner ciertas caras, soltar gags o emplear la voz para dar un tono tragicómico a la situación. Además, una de las cosas buenas de la serie es que ¡por fin! se hacen comedias de 30 minutos, para no cansar al espectador. Esto es algo que aún las cadenas principales no se atreven a apostar y por lo que han perdido productos importantes como El Ministerio del Tiempo o Velvet. Se siguen empeñando en hacer capítulos de una hora y cuarto o de hora y media que, entre la publicidad añadida, se van a las dos o dos horas y media de emisión y que terminan por cansar al espectador. Y aquí es importante el papel del espectador, pues debe ser el juez. Movistar + está ofreciendo productos de 50 minutos para series más profundas como las mencionadas La zona o La peste, y de 30 minutos para comedias. Esto es lo que se pedía. Ahora falta ir afianzando poco a poco esta nueva forma de consumir televisión. Una televisión que cada vez es más a la carta y cuyos productos deben ir muy orientados hacia espectadores de diferente índole a los que hay que cuidar mucho. Y por el momento, Movistar + lo está consiguiendo.

vergüenza

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