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Trece razones que apelan al sentimiento y no a la cordura

Ficha técnica

Título: Por trece razones

Director: Tom McCarthy

Guion: Bryan Yorkey (Novela Jay Asher)

Producción: Netflix

Fotografía: Varios

Música: Eskmo

Reparto: Dylan Minnette, Katherine Langford, Christian Navarro, Brandon Flynn, Derek Luke, Kate Walsh

Duración: 60’ (13 episiodios)

País: Estados Unidos

Año: 2017

Jorge Velasco Fernández
@JorgeVF88


Netflix está en boca de todos. ¿Quién no tiene una suscripción? Su catálogo de productos es bastante potable para lo que ofrece la televisión hoy en día. Y esa fama la ha cosechado al producir series muy novedosas que han sido un éxito y que las productoras clásicas en muchos casos desecharon por miedo a sufrir pérdidas económicas con el temido share. Este éxito le ha llevado a la productora a dar rienda suelta a productos cinematográficos e incluso a colar alguno de ellos en algún festival.

Una de las series más novedosas y morbosas que presentó la plataforma el año pasado fue Por trece razones. La historia gira en torno a dos jóvenes en un “apacible” (véase la ironía) instituto norteamericano. El primero de ellos es Clay Jensen (Minnette), el cual un día cualquiera, al volver a casa de la escuela recibe un paquete que contiene 13 cintas de casette. Dichas cintas las grabó su amiga y compañera de clase Hannah Baker (Langford), y en ellas narra las razones de su suicidio. Cada cinta está dedicada a una persona, y la finalidad es que cuando a uno le llegue el paquete, este sea transferido a otra persona que aparezca mencionada en ellas, para que así todo el mundo llegue a conocer lo que le pasó en el instituto.

Por trece razones

La premisa es interesante y la narración un tanto turbia. Estos dos alicientes son los que hacen que la trama tenga cierto interés por el morbo que suscita este tema tabú en la sociedad y que los medios, por prudencia, suelen obviar o esconder para no soliviantara la opinión pública. Sin embargo, el producto es superficial. No llega a tratar con cierta profundidad el asunto, o el motivo por el que Hannah decide tomar tal fatídica decisión. El infantilismo de sus personajes, sus ñoñerías de adolescentes jugando a ser adultos y todos llenos de miserias, hacen que el espectador, al principio, apele al sentimiento o, mejor dicho, al sentimentalismo. La serie consigue generar sensaciones. Pero ese no debe ser el fin.

La interesante premisa y la narración un tanto turbia son lo que hace que la trama tenga cierto interés por el morbo que suscita este tema tabú en la sociedad.

Hay ciertos personajes que denotan ciertos fallos en la sociedad actual, como los padres de los chicos. Todos parecen familias perfectas que no se preocupan por que sus hijos salgan de casa a diario hasta las tantas. El orientador del colegio no se entera de nada y aconseja de una forma muy poco ortodoxa a sus alumnos. Además, que la forma de desencadenar todo el asunto parece que solo puede pasar en un colegio americano. Y estos hechos son sorprendentes dado que el director de varios capítulos, Tom McCarthy, ganador del Oscar a mejor película por Spotlight (2015), trató en ese filme un asunto tan escabroso como los abusos sexuales de una forma mucho más púdica y rigurosa que en esta ocasión.

Aun con todo lo mencionado, la serie merece la pena verla. Siempre se aprende algo y ayuda a concienciar y a estar alerta. Es cierto que los jóvenes no deben verla solos, sino acompañados de un adulto que además les vaya guiando y orientando sobre los temas que salen. Puede ser una buena opción para ver una serie con adolescentes (+16 años) en familia y luego hacer serieforums.

Por último, hay que añadir que es un producto que pronto tendrá segunda temporada. En ella se espera mucha más seriedad  y compromiso por parte de todos los miembros implicados en el asunto de Hannah Baker. Si la serie continua apelando al sentimentalismo caerá en lo absurdo, si cambia el chip y se vuelve más coherente, ganará adeptos.

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