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¿Qué está pasando con Eduardo Mendoza?

Ficha técnica

Título: Qué está pasando en Cataluña

Autor: Eduardo Mendoza

Editorial: Seix Barral

Año: 2017

Páginas: 94

Precio: 8 €

 

 

 

 

Guillem González
@demimerio


Durante el último año, Eduardo Mendoza ha sido dos veces trending topic. La primera vez fue cuando recibió muy merecidamente el Premio Cervantes, en abril de 2017. La segunda, cuando escribió el polémico artículo «El descarrilamiento del procés», el 27 de septiembre de 2017. En él, argumentaba que el nacionalismo es anacrónico, que las manifestaciones pacíficas del independentismo son infantiles y que ni el gobierno español actual ni los anteriores estaban a la altura de las circunstancias. Mendoza también afirmaba que «no se grita por las calles que no hay democracia cuando realmente no hay democracia; si te dejan salir a gritar lo que te da la gana es que las cosas no están tan mal». Irónicamente, cuatro días después de la publicación de su artículo tendría lugar el referéndum del 1-O, que ya sabemos cómo terminó. Y todavía resulta más irónico que Mendoza pidiera calma: «En medio de la vorágine, alguien tiene que pararse y ponerse a pensar un poco más a fondo». Porque sus opiniones incendiaron las redes: fue tildado de facha para arriba por unos y defendido a capa y espada por otros.

Es probable que las coléricas reacciones a su artículo le dejaran un mal sabor de boca y que, por eso, decidiera explayarse escribiendo Qué está pasando en Cataluña (Seix Barral, 2017). Pero esta vez ha generado poco movimiento: los libros no son trending topic. Con todo, se trata de un ensayo diminuto (18x12cm) y muy corto (89 páginas en letra grande que se ventilan en una hora de lectura). Estas medidas de poemario esmirriado o de panfleto incendiario deben ponernos sobre aviso. ¿Es posible explicar qué está pasando en Cataluña en tan poco tiempo y espacio? ¿Se puede escribir un Procés for Dummies de menos de 100 páginas?

Es probable que las coléricas reacciones a su artículo le dejaran un mal sabor de boca y que, por eso, decidiera explayarse escribiendo ‘t«Qué está pasando en Cataluña». Pero esta vez ha generado poco movimiento: los libros no son ‘trending topic’.
Eduardo Mendoza
Eduardo Mendoza.

En la introducción, Mendoza se presenta como un outsider que, aunque es catalán, vive fuera de España, pero está igualmente informado por la prensa y sus allegados. Bien: queremos una visión objetiva pero con un conocimiento de primera mano. Además, Mendoza aclara que no ha escrito este ensayo «para posicionarme en un bando o en otro» porque «no me gusta ninguno de los dos». Mal: el panorama político catalán no es tan simple, no se puede resumir en dos bandos, uno a favor y otro en contra. A partir de aquí, Mendoza desmiente algunos puntos del argumentario independentista y reflexiona sobre diversos elementos de la cultura catalana. Los capítulos son breves y su estilo es ágil y bastante didáctico; es de agradecer que casi no haya humor ni ironía, seña de identidad de Mendoza, porque el tema no está para bromas.

Sin duda, muchas de las ideas de Mendoza resultarán polémicas, especialmente para el lector independentista. Por ejemplo, cuando suaviza la represión que Cataluña sufrió durante el franquismo o cuando matiza la prohibición del catalán por la dictadura: según Mendoza, el catalán no estaba prohibido sino «tutelado por el gobierno», ya que se permitía publicar en catalán y hablarlo en privado. También causará ampollas su afirmación de que España no es «un estado franquista» sino una democracia, en contra de lo que opina cierto sector independentista; recordemos que Antonio Muñoz Molina ya sacudió las redes sociales con una columna titulada «En Francoland», donde criticaba, como Mendoza, a quienes comparan la España actual con la de Franco.

En cambio, otras opiniones de Mendoza son tendenciosas, cuando no falsas, y cualquiera que conozca la Cataluña actual se quedará estupefacto al leerlas. El escritor barcelonés asegura que la sociedad catalana es cerrada y está estancada en el pasado, porque margina a sus inmigrantes y los aparta del poder, a diferencia de las sociedades madrileña, estadounidense o latinoamericana, abiertas y asimiladoras: «En Cataluña, como en Francia o en el Reino Unido, hay un núcleo de población original, por así decir, en torno al cual los demás grupos se mueven en órbita». Es verdad que la burguesía catalana discriminó a los inmigrantes andaluces o de otras partes de España, incluso existe una palabra catalana para marcarlos a ellos y a sus descendientes (xarnego), pero hoy en día esas diferencias han quedado atrás y la sociedad se ha pluralizado. Recordemos, además, que Cataluña tuvo un presidente cordobés (José Montilla), que la candidata a la presidencia de la Generalitat por Ciutadans es jerezana (Inés Arrimadas) y que hay políticos independentistas hijos de inmigrantes (Gabriel Rufián).

Eduardo Mendoza
(Fuente: EFE).

Otras reflexiones de Mendoza sorprenderán a todos los lectores por su poca pertinencia, es decir, por no estar muy relacionadas con el Procés. Los capítulos dedicados al carácter de los catalanes y a la construcción de los estereotipos de los catalanes por el franquismo (tacaños, sosos) son muy interesantes, sin duda, pero ¿qué tienen que ver con la independencia de Cataluña? Mendoza también señala que la Cataluña actual es producto del ascenso de la burguesía catalana durante el siglo XIX, que esta construyó el imaginario nacional catalán, como sucedía en el resto de Europa, que la revolución industrial tuvo un origen oscuro (el enriquecimiento en América de los despiadados indianos catalanes) y que conllevó violencia y abusos laborales; esto es totalmente cierto pero, de nuevo, no viene al caso. El capítulo llamado «Barcelona, pecado original» es un disparate de principio a fin: ¿qué importancia puede tener para entender qué está pasando en Cataluña que al resto de catalanes no le guste Barcelona?

Sin embargo, el mayor error del ensayo de Mendoza no está en lo escrito sino en lo callado.

Sin embargo, el mayor error del ensayo de Mendoza no está en lo escrito sino en lo callado. Después de hablar de la Guerra de Sucesión, del origen de la burguesía catalana, de la Guerra Civil y del franquismo, Mendoza se detiene; no señala el papel clave que han tenido muchos acontecimientos de la democracia en la gestación del independentismo. Así, es imposible comprender el auge independentista sin hablar del fracaso del nuevo Estatuto de Autonomía de Cataluña, recortado por el gobierno español en 2010, y de la manifestación del 11 de septiembre de 2012, entre otros eventos importantes. Otra laguna incomprensible, un auténtico elefante en la habitación, es España: ¿cómo es posible entender qué está pasando en Cataluña sin hablar del resto de España? Si aceptamos la burda simplificación de que existen dos bandos, uno a favor y el otro en contra de la independencia, Mendoza solo critica al primero. ¿Acaso los políticos españoles no han tenido un papel tan significativo en el Procés como los catalanes? Mendoza admite que «la responsabilidad del Gobierno español es considerable», pero no le dedica ni un solo capítulo del libro; olvida la famosa boutade independentista, quizás exagerada pero que contiene cierta dosis de verdad: «Madrid es una fábrica de independentistas». Dicho de otro modo, no se puede entender qué está pasando en Cataluña sin saber qué está pasando en España. Y no son excusa la voluntad de simplificar y la necesidad de brevedad: son demasiados los factores que han quedado fuera del análisis de Mendoza.

Qué está pasando en Cataluña es un ensayo fracasado, quizás escrito con demasiada prisa o presión externa, o puede que fuera un proyecto demasiado ambicioso. Para comprobar la magnitud del fracaso, basta preguntarle a cualquier lector del libro qué está pasando en Cataluña: no podrá contestar, porque el libro no da ninguna respuesta. Aun así, merece la pena leerlo desde una perspectiva crítica y complementándolo con otras lecturas. A los independentistas les irá bien conocer la visión crítica de Mendoza; a los de fuera de Cataluña les ayudará acercarse un poco a la cultura catalana. Creo que a quienes más decepcionará será a los incondicionales de Eduardo Mendoza, como yo. Su libro anterior, Las barbas del profeta (2017), era un ensayo un tanto desconcertante sobre la enseñanza de los textos sagrados. No se puede decir que la no ficción sea el punto débil de Mendoza, porque tiene libros tan buenos como Nueva York o Barcelona modernista. Y si no tenemos en cuenta las últimas entregas de su saga del detective loco, hay que remontarse a 2010 para encontrar una novela original y sobresaliente: Riña de gatos. ¿Qué está pasando con Eduardo Mendoza?

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