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«Por favor, sea breve»: antologías de microrrelatos

Ficha técnica

Título: Por favor, sea breve. Antología de relatos hiperbreves

Editora: Clara Obligado

Editorial: Páginas de Espuma

Año: 2001

Páginas: 224

Precio: 15 €

 

 

 

 

 

 

 

Pablo Ortiz Soto
@portizs


A principios del siglo pasado, uno de nuestros escritores más queridos, el Nobel Juan Ramón Jiménez predijo en su obra Cuentos largos la deriva de la literatura hacia la minificción en las siguientes décadas: «¡Cuentos largos! ¡Tan largos! ¡Ay, el día en que los hombres sepamos todos agrandar una chispa hasta el sol! (…), el día en que nos demos cuenta de que nada tiene tamaño, y que, por lo tanto, basta lo suficiente; el día que comprendamos que nada vale por sus dimensiones (…) y que un libro puede reducirse a la mano de una hormiga porque puede amplificarlo la idea y hacerlo universo». Aunque el género de la microficción tiene sus raíces experimentales en el modernismo y la vanguardia, a finales del siglo XX y, sobre todo, a principios del XXI esta narrativa se ha consolidado. Una categoría literaria que no es fruto de la casualidad ya que refleja la época en la que vivimos: la sociedad de la urgencia, la de la obsesión por la instantaneidad, la inmediatez, la velocidad, la reducción, la intensidad y el constante cambio.

microrrelato
Clara Obligado.

A este respecto, tampoco es casual el nacimiento en este siglo de numerosas editoriales que apuestan por la hiperbrevedad. Muestra de ello Páginas de Espuma, una de las primeras que se abrieron al mercado gracias al trabajo de la escritora argentina-española Clara Obligado, quien en el año 2001 publicó Por favor, sea breve. Antología de relatos hiperbreves y, ocho años más tarde, tras el gran éxito cosechado, editaría la segunda parte: Por favor, sea breve 2. Antología de microrrelatos. Ambas obras son las primeras y las más conocidas compilaciones de narraciones mínimas españolas e hispanoamericanas: «Sus creaciones se manifiestan en ocasiones como pequeñas bombas de relojería que estallan en la frase final, epifanías de momentos clave en nuestra existencia. En otras ocasiones, el final abierto concita nuestra perplejidad y logra que el microrrelato no acabe nunca», afirma la estudiosa de estos bonsáis literarios, Francisca Nogueral, en el prólogo al segundo libro.

«El microrrelato refleja la sociedad en la que vivimos: la de la urgencia, la de la obsesión por la instantaneidad, la inmediatez, la velocidad, la reducción y el constante cambio».

En el primer volumen, cuya portada es un homenaje al famoso nanorrelato de A. Monterroso («Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí»), la editora recoge algunas de las narraciones breves más significativas de los autores clásicos del siglo XX (Rubén Darío, Julio Cortázar, Vicente Huidobro, Jorge Luis Borges, Ramón Gómez de la Serna…); y otros escritores actuales también importantes en el género como son José María Merino, Guillermo Samperio, Luisa Valenzuela, Andrés Neuman, Ana María Shua, Juan José Millás o, entre otros muchos, Julia Otxoa. De este modo, a lo largo de las páginas se encontrarán con microficciones de misterio (como «La uña» de M. Aub que recuerda ligeramente al relato el «Corazón delator» de Allan Poe, o «El evangelio de Juan Rulfo según Julio Ortega» en el que leerán una curiosa versión reducida de la novela Pedro Páramo).

También se toparán con el amor y el desamor (en «A primera vista», «Toda una vida» en una simple mirada o en un «Transplante» para la eternidad); y asimismo jugarán con un microrrelato interminable («Subraye las palabras adecuadas»), revivirán en cuatro líneas un doloroso golpe de Estado, leerán la peculiar esquela de un ave Fénix y, entre tantos y tantos instantes para la memoria, reflexionarán sobre el miedo, la libertad, la muerte, el viaje, la felicidad, el materialismo, la secularización, los mitos, la fama, la soledad, la artificialidad, el humor o, entre otros temas que podrán descubrir sumergiéndose en esta interesante lectura, la cáustica ironía que retrata L. Valenzuela en «Este tipo es una mina»: «No sabemos si fue a causa de su corazón de oro, de su salud de hierro, de su temple de acero o de sus cabellos de plata. El hecho es que finalmente lo expropió el gobierno y lo está explotando. Como a todos nosotros».

«Revivirán en cuatro líneas un golpe de Estado, leerán la peculiar esquela de un ave Fénix y reflexionarán sobre el miedo, la libertad, la muerte, el viaje, la felicidad, la soledad…».
microrrelato
«Por favor, sea breve 2» · Páginas de Espuma · 224 págs. · 15 €

Con respecto a la segunda obra, en cuya anaranjada portada aparece la hormiguita de Juan Ramón persiguiendo al dinosaurio de Monterroso, el volumen cultiva las mejores semillas literarias actuales a una orilla y a otra del océano narrativo hispano. Los rasgos temáticos que aparecen en esta antología versan, entre centenares de inquietudes y extrañezas de la cotidianidad, sobre el anhelo del hombre por la naturaleza («Luna hiena»), el olvido de los crímenes pasados en las generaciones futuras («Conjugación»), el extraordinario nacimiento de Cristo («El milagro») o la rebelión de las máquinas («Escenas del futuro»). También asistirán a una cacería de letras («Huyamos»), a un intento de asesinato («El método deductivo»), a los ataques que sufre en cada momento un literato («Escrituras»), además de analizar la riqueza de los juegos literarios geométricos («Isósceles») o, incluso, podrán leer el microrrelato más breve de la historia: «Luis XIV», del escritor Premio Nadal Juan Pedro Aparicio. Todo ello en textos con una extensión máxima de treinta y seis líneas, aunque la gran mayoría –en ambas compilaciones– no sobrepasan las dieciséis.

En definitiva, si quieren comprender la sociedad occidental, si tienen curiosidad por conocer las narraciones mínimas y reflexionar el universo temático y la singularidad elíptica de la microficción; o si quieren pasar un buen rato en los repetitivos y cansinos trayectos de todos los días en los transportes públicos, las más de doscientas historias que cosechan estas dos antologías complementarias son una magnífica oportunidad para responder a sus inquietudes. Eso sí, no olviden este consejo de la editora: «de la misma manera que no conviene atiborrarse con los bombones de una caja, es mejor leer los textos de uno en uno, lentamente, paladeando matices y diferencias. Este ‘diminuto remolino de palabras’, pide, como el poema, una lectura reposada.» Por cierto, un último detalle. Cuando tengan la obra entre sus manos, en el caso de que sean diestros (si son zurdos háganlo del revés), sujeten con la mano izquierda el canto del libro y con el dedo pulgar de la derecha pasen rápidamente todas las páginas: ¡verán un curioso y sorprendente efecto que les provocará una sonrisa!

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