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Pablo, el apóstol del que se podría sacar más provecho

Ficha técnica

Título: Pablo, el apóstol de Cristo

Director: Andrew Hyatt

Guion: Andrew Hyatt

Producción: Affirm / Columbia

Fotografía: Gerardo Mateo Madrazo

Música: Jan A.P. Kaczmarek

Reparto: Jim Caviezel, Olivier Martínez, James Faulkner, John Lynch, Joanne Whalley…

Duración: 107′

País: USA

Año: 2018

Jorge Velasco Fernández
@JorgeVF88


Cuando se realiza una película de temática religiosa el público casi siempre recela. Piensa en dos cosas principalmente: ¡Qué pereza!, para los más alejados de la Iglesia. Y ¡qué alegría!, para los cristianos. pero aUn así, dentro de este grupo vuelve a haber cierta división: por un lado, los que van a ir sí o sí y van a poner la película por las nubes porque toda película católica merece difusión; los que van a verla con el pequeño reparo de que no sea un telefilme vendido para la gran pantalla; y los que ya la han tildado de película de mala calidad. Todo esto le ha pasado a Pablo, el apóstol de Cristo, la nueva película de Andrew Hyatt, director que ya se inició en el cine religioso en 2015 con Llena de gracia.

La película nos narra los últimos días de San Pablo (James Faulkner) en la prisión Mamertina de Roma, en tiempos del emperador Nerón. Allí, su fiel amigo, el evangelista Lucas (Jim Caviezel) se introducirá corriendo todo tipo de peligros para poder plasmar por escrito la misión y las últimas palabras de su mentor. La trama es así de sencilla. Pero el filme aborda muchos más temas como la persecución de las primeras comunidades cristianas por parte del Imperio Romano. La buena labor de hombres de fe para mantenerse fieles al mensaje de Cristo de ir a anunciar el Kerigma pese a que nos vaya la vida en ello. Y las ganas de lucha de jóvenes cristianos que sienten el yugo del Imperio apretando, privándoles de toda libertad para vivir su fe y proclamar la Buena Nueva.

Desgranemos esto poco a poco. Comencemos por la última idea, la facción bélica de jóvenes cristianos desobedientes con las órdenes de Pablo y Aquila y llenos de ambición infantiloide para no sucumbir ante el sometimiento del Imperio. Muy típico de personas poco formadas y que ven sentido a la lucha, sin llegar a entender el fondo del mensaje de Amor y Paz que transmitió Jesús y que sus discípulos y apóstoles han ido extendiendo por todo el mundo. Incluso, a día de hoy, hay instituciones que viven anunciando la fe y ejerciendo la violencia si es necesario.

La película patina en algunos aspectos, pero hay que ir a las salas, pues pocas películas se hacen sobre personajes tan interesantes.

En segundo lugar, es bueno destacar la buena labor de las primeras comunidades a la hora de mantener vivo el ejemplo y el mensaje de Cristo. Su ejemplo ha sido muy importante para muchos. ¡Qué necesario son hombres con convicción en el mundo! Capaces de amar hasta el extremo, capaces de dar la vida por el otro sin pedirles nada a cambio. Priscila y Aquila son un ejemplo de cristianos: Amparando a los más necesitados, manteniendo constancia en su combate de fe, pese a vivir una dificultad tras otra y, pese a que muchas situaciones no pareciesen tener ya un sentido por el que continuar adelante. Fue en esa dificultad donde este matrimonio demostró su integridad y su unión. Una unión donde no había sometimiento y ambos miraban en la misma dirección, como si fuesen uno solo, apoyándose el uno en el otro, siendo un ejemplo no solo para los miembros de la comunidad que sostenían, sino que también eran el aliento de Lucas y Pablo para que pudiesen recobrar fuerzas sabiendo que ellos les respaldaban en todo.

PabloHaciendo ya mención al desarrollo del filme, cabe mencionar, en primer lugar, que Pablo no es el verdadero protagonista, sino Lucas. Quizás sea este el gran hándicap que hayamos encontrado muchos en este acercamiento a la figura del apóstol. En todo momento el importante es Lucas, Caviezel, quien, sintiéndolo mucho, nos recuerda a Cristo, pese a que haya hecho todo lo posible, y está fantástico como el evangelista. Realmente, es el protagonista porque la historia no se centra en Pablo sino en quien va a contar su historia. Es Lucas el que se juega la vida para llegar a la prisión Mamertina. Es Lucas el que nos acerca la comunidad de cristianos perseguidos por Nerón. Y esto no es más que haber intentado plasmar en primera persona el libro de los Hechos de los Apóstoles y algunas cartas paulinas. Lo cual, resulta bastante interesante, como propuesta por parte de Hyatt. Sin embargo Hyatt, pese a contar con un presupuesto que se evidencia cuantioso, parece que solo ha sabido explotar a su elenco actoral, pues el filme es lento dado sus densos diálogos que los actores transmiten con veracidad pese a generar en el espectador cierto aburrimiento en algunos momentos. Además, su inicio intrigante como si de un thriller de época se tratase se va diluyendo hasta un ritmo mucho más lento a medida que toman fuerza esos diálogos.

Si a esto le añadimos que algunos planos tenían cierto desenfoque y que la película es un tanto oscura, dado todo el presupuesto que tenían, da la sensación de haber fallado con el resultado final. Todo ello sin terminar de mencionar que el espectador se queda con las ganas de saber un poco más de San Pablo, al cual parece que hay que ir conociendo ya su vida puesto que la película no nos cuenta todo, solo su final. Aquí reside otro quid importante. No haber sabido transmitir la fuerza de este hombre que hace que todo aquel que lo escuchara se cuestionase y que muchos lo siguieran y se convirtieran al cristianismo. No hay momentos de predicación, solo hay recuerdos, conversaciones, que al buen conocedor de su vida le basta y le encanta, pero que al espectador corriente le cansa.

Sintiéndolo mucho, la película patina en estos aspectos, aunque no por ello es un filme que hay que dejar de ver, sino todo lo contrario. Hay que ir a las salas, pues pocas películas se hacen sobre personajes tan interesantes. Aunque está clara una cosa: el elenco original con Hugh Jackman como San Pablo y a Matt Damon y Ben Affleck en la producción de una obra en la que también estaba detrás la Warner como productora y podría haber sido un boom tan sonado como La Pasión de Mel Gibson en su día, el Noé de Aronofsky, o el Éxodus de R. Scott, aunque su calidad fuese menos llamativa. De todos modos, nos tenemos que conformar con lo que hay, que no está nada mal, aunque vaya a ser un filme que guste a menos de los que se podría esperar dada la labor ejecutora de su director, un poco ducho en este campo, Andrew Hyatt.

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