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Marxismo y cristianismo

Ficha técnica

Título: Marxismo y cristianismo

Coordinador: Alasdair MacIntyre

Editorial: Nuevo Inicio

Páginas: 144

Precio: 19 €

 

 

 

 

 

Pablo Ortiz Soto
@pablothaumazein


En octubre del año 2015, el conocido juez de menores de Granada, don Emilio Calatayud, comentaba con gran asombro en su blog la celebración de una comunión civil en el municipio malagueño Rincón de la Victoria: “Vamos a ver, si es una comunión no puede ser civil, porque una comunión es un acto religioso y más concretamente católico. Yo estas cosas no las entiendo, la verdad. Yo soy católico y para mí sólo hay una clase de comunión: la de toda la vida. Si yo fuera comunista y quisiera tener celebraciones, no copiaría las católicas. No sé, montaría una fiesta para conmemorar [el] nacimiento de Marx, por ejemplo. Es que si empezamos con comuniones civiles, ¿por qué no una Nochebuena civil con villancicos civiles? ¿Y una Semana Santa civil y laica?”.

Este curioso hecho, que bien podría haber sido una graciosa ocurrencia de la guasa malagueña, en realidad no lo fue. Muestra de ello, el caso de las tres magas (Libertad, Igualdad y Fraternidad) que desfilaron por las calles de la ciudad de Valencia dos días antes de la fiesta cristiana de la Epifanía. Lo paradójico de esta última celebración no es que no se utilizara el término “reina” (¡faltaría más en un aniversario republicano!) sino más bien el adjetivo plural “magas”: ¿no había rechazado el humanismo ateo todo rito supersticioso, o es que querían hacer un guiño a la celebración cristiana del día de Reyes Magos?

Marxismo
Las tres magas Libertad, Igualdad y Fraternidad (Imagen El Mundo).

Estas desternillantes patochadas hipermodernas son herederas, en su versión más cómica, del proceso de secularización que, acunado en el siglo XVIII por la dicotomía kantiana de lo transcendente y lo inmanente, el avance del utilitarismo, la paulatina pérdida del sentido cristiano en la aburguesada Iglesia, entre otros fenómenos, se materializó principalmente durante el siglo XIX por medio de los antiteístas Ludwig Feuerbach (1804 – 1872), Friedrich Nietzsche (1844 – 1900) y Auguste Comte (1798 – 1857), para injertarse ideológicamente en la masa social a través de la praxis de Engels, Bakunin y Marx, como defiende Henri de Lubac. Pues bien, me sirvo de esta introducción para presentarles el sugerente ensayo Marxismo y cristianismo, del eximio filósofo de la moral escocés Alasdair MacIntyre. En este libro MacIntyre defiende que el marxismo, a diferencia de lo que comúnmente se cree, no es totalmente antagónico al cristianismo, sino que más bien tiene elementos de una herejía cristiana: “El marxismo era y es una transformación del cristianismo que, como sucede con algunas herejías, daba motivos para reafirmar elementos del cristianismo que habían permanecido ignorados y oscurecidos por muchos cristianos”.

Marxismo
“Los comedores de patatas”, de Vincent van Gogh (1885).

El autor subraya que, debido a la dinámica general de aburguesamiento de la Iglesia católica durante el siglo XIX (que también sería acunada en el XX como bien atestiguan, entre otros autores, el filósofo francés Charles Péguy en toda su obra o su coetánea Simone Weil), y por tanto su distanciamiento de los más necesitados –en aquella época, el proletariado esclavizado por el desarrollo industrial del capitalismo liberal europeo (cf. Vincent van Gogh o Charles Dickens)–, provocó la sustitución de su auxilio redentor hacia el hombre (la caridad) por el secular humanismo marxista. Es decir, MacIntyre no solo defiende la tesis de la carencia de una crítica cristiana al decimonónico capitalismo corrosivo, sino que además afirma que la esperanza –como virtud social hacia la liberación del hombre– es común tanto en el cristianismo como en el marxismo, a diferencia del individualismo liberal. Este sería el principal éxito de la praxis ideológica de Karl Marx. Si bien, esta defensa no quiere decir que el filósofo escocés reivindique el marxismo; lo que subraya de él, como rasgo único entre las doctrinas modernas, es su virtud esperanzadora: un principio cristiano copiado para un mundo que carece de toda caridad y que se ve azotado por el Estado y el más salvaje capitalismo.

“En este libro MacIntyre defiende que el marxismo, a diferencia de lo que comúnmente se cree, no es totalmente antagónico al cristianismo, sino que más bien tiene elementos de una herejía cristiana”.

En definitiva, recomiendo encarecidamente la lectura de este libro, escrito en 1953 por un joven MacIntyre, y revisado años más tarde tras su conversión al catolicismo (1982) después de un largo camino de búsqueda de respuestas –experiencia que comparte en la introducción de la obra–, porque es una magnífica oportunidad no solo para comprender aún más la modernidad, sus transformaciones, las relaciones con el cristianismo y la tan interesante tesis de MacIntyre, sino también porque nos ayudará a entender las líneas generales que constituyen el marxismo a través del análisis de la obra de Marx: su distanciamiento filosófico, el relativismo histórico y su posterior fracaso por la grave carencia de crítica, explica el autor entre otros aspectos, hacia la barbarie comunista.

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