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Los orígenes de «Fred Cabeza de Vaca»

Ficha técnica

TítuloFred Cabeza de Vaca

Autor: Vicente Luis Mora

Editorial: Sexto Piso

Año: 2017

Páginas: 328

Precio: 19,90 €

 

 

 

 

 

 

Guillem González
@demimerio


A muchos escritores les gusta abrir un poco las ventanas de su taller literario para que sus lectores puedan asomarse al proceso creativo. Por ejemplo, Miguel de Cervantes cuenta en el prólogo del Quijote que el argumento de la novela se le ocurrió en la cárcel de Sevilla, donde estuvo preso probablemente por malversación. Pero ¿cómo se le ocurrió exactamente? ¿Qué le ocurrió, qué vio, qué leyó o escuchó Cervantes para inventarse a un hidalgo que de tanto leer libros de caballerías se vuelve loco y confunde la realidad y la ficción? El lector, acodado en el alféizar del taller cervantino, puede ojear un poco, pero no lo sabe todo sobre la génesis del Quijote. Así, algunos críticos creen que Cervantes se inspiró en El entremés de los romances, una obra de teatro anónima donde un labrador se vuelve loco de tanto leer romances. Yo pienso que un día Cervantes se miró en el espejo y vio a un perdedor al que solo le quedaba la literatura. Quién sabe: hasta ahora no se ha resuelto el misterio de cómo fue concebido el Quijote.

En cambio, otros escritores, menos misteriosos o más modernos, abren las puertas de su taller literario de par en par para que el lector curiosee a sus anchas. En el prólogo de El misterio de la cripta embrujada (1979), Eduardo Mendoza cuenta con pelos y señales cómo empezó y se desarrolló el proceso creativo de esta novela. Después de terminar la primera, La verdad sobre el caso Savolta (1975), el autor barcelonés andaba sin ideas literarias; pero una visita veraniega a la Barcelona de 1977, en plena fiebre de la Transición, le dio el tono alegre, despreocupado y canalla que quería para su futura novela; además, un amigo le señaló el potencial literario que contenía un personaje secundario de su ópera prima. Con estos ingredientes, tono y protagonista, Mendoza cerró las puertas y las ventanas de su taller literario y en una semana escribió El misterio de la cripta embrujada.

A mí me encanta que me dejen husmear en los talleres literarios ajenos, pero también sé agradecer el misterio. Por eso, entre la ventana entornada de Cervantes y la puerta abierta de Mendoza, prefiero la primera. ¿Qué sería de los críticos y de los lectores si los escritores nos resolvieran todas las dudas? Además, no podría preguntarme ahora cómo se le ocurrió a Vicente Luis Mora su última novela, Fred Cabeza de Vaca (Sexto Piso, 2017).

¿Es posible, pues, que «Fred Cabeza de Vaca» sea fruto del gusto de Mora por el arte conceptual y la crítica como arte?
fred cabeza de vaca
Vicente Luis Mora.

Puesto que no conozco en persona a Vicente Luis Mora ni sé demasiado sobre su biografía, solo puedo partir de sus textos, especialmente los de crítica literaria. En su interesante y todavía activo blog, Diario de lecturas, Mora publicó en 2013 unos «Extractos de un artículo en marcha». Se trata de un ensayo que analiza «una tendencia de numerosos narradores a utilizar elementos del arte contemporáneo, en especial de las artes conceptuales». Entre las diversas obras mencionadas está El mapa y el territorio (2010) de Michel Houellebecq, una novela protagonizada por un artista francés, muy crítica con el capitalismo y situada temporalmente entre el hoy y el mañana más cercano. También Fred Cabeza de Vaca retrata el mundo del arte contemporáneo, gira alrededor de la vida y la obra del artista homónimo, español, y radiografía críticamente el statu quo presente y futuro coqueteando con la ciencia ficción. Por tanto, ¿fue la lectura de El mapa y el territorio lo que inspiró Fred Cabeza de Vaca?

En su ensayo El lectoespectador (2012), dedicado a la influencia de las nuevas tecnologías en la literatura, Mora habla también sobre los artistas conceptuales de los años sesenta. A falta de una teoría del arte que entendiera y situara las obras que estaban haciendo, los artistas conceptuales empezaron a teorizar en las obras sobre las mismas obras. Unieron la crítica al arte e incluso llegaron a darle a la crítica el mismo estatus que el arte. Lo mismo hace Fred Cabeza de Vaca en la novela que protagoniza: empieza su carrera como crítico pero pronto asalta los cielos artísticos. Y lo mismo hace Mora, ya que constantemente mezcla crítica y ficción, como diría y hacía Ricardo Piglia (y secundaría el linaje que va desde Cervantes hasta Joyce, Borges y compañía). ¿Es posible, pues, que Fred Cabeza de Vaca sea fruto del gusto de Mora por el arte conceptual y la crítica como arte? ¿O se le ocurrió mientras trabajaba en El lectoespectador?

En 2010, Mora llevó a cabo una performance literaria que, sin duda, debemos considerar arte: Quimera 322. Mora falsificó todo el número 322 de la famosa revista de literatura, es decir, escribió todos los poemas, reseñas, entrevistas, ensayos, anuncios y cuentos él solo. Para ello, imitó el estilo de los colaboradores habituales e inventó a otros tantos, pero también se inventó muy borgianamente a algunos de los escritores y libros mencionados. Para colmo, el subtítulo y el tema de Quimera 322 era «Literatura y falsificación». Aunque la revista contenía numerosas pistas textuales que permitían descubrir la broma, Mora anunció más tarde que todo había sido un elaboradísimo engaño. Como su creador, Fred Cabeza de Vaca también basa gran parte de su producción artística en el simulacro. Por ejemplo, Enfermuñeca, una muñeca que enferma, es comercializada como un juguete cualquiera hasta que Fred anuncia más tarde el elaboradísimo engaño: todo era una broma para poner de relieve lo manejables que son los padres, siempre dispuestos a comprarles a los hijos cuanto les pidan. En cierto sentido, Fred es un mago haciendo trucos o, mejor, un detective resolviendo misterios; de hecho, en la página 236 Fred suelta un «Elemental» muy holmesiano. Así que ¿se le ocurrieron a Mora los simulacros artísticos de Fred mientras escribía Quimera 322?

Como su creador, Fred Cabeza de Vaca también basa gran parte de su producción artística en el simulacro.
fred cabeza de vaca
«La reproducción prohibida» · Magritte · 1937

El mismo año que se publicó Quimera 322, salió a la luz Alba Cromm, que parte de un procedimiento idéntico: la novela es un número de una revista masculina ficcional, Upman. Sin embargo, Alba Cromm tiene más porcentaje de ficción que Quimera 322, pues es más obvio que se trata de una novela (para empezar, porque la publicó Seix Barral). Análogamente, el «embalaje» también es importante en Fred Cabeza de Vaca, ya que se presenta como una biografía de Fred escrita por Natalia Santiago Fermi (fórmula usada por Max Aub en Josep Torras Campalans, otra posible inspiración para Mora). En la «Introducción», la biógrafa, una académica que tiene una misteriosa relación con el biografiado, presenta su proyecto, que como es habitual en este género empieza con el nacimiento y la infancia; no obstante, poco a poco aparecen más lagunas y el relato se va fragmentando en apuntes de la biógrafa, pasajes del diario y de las memorias de Fred, correos electrónicos, entrevistas y otras tipologías textuales. Como en gran parte de la producción de la Generación Nocilla, en la que se incluyó a Mora, el fragmentarismo es una seña de identidad de Fred Cabeza de Vaca. Sin embargo, aquí asistimos a una guerra civil de la forma, una lucha entre el relato lineal y el fragmentario; la misma biógrafa se pregunta cómo ha de ser la biografía que está escribiendo: «¿Debe ser un mosaico o una carretera?». Entonces, ¿se le ocurrió esta novela a Mora al terminar Alba Cromm, como una superación del ya trillado fragmentarismo?

Más allá de sus hipotéticos orígenes, Fred Cabeza de Vaca es una novela fantástica, ideal para adentrarse en la extensa y variada obra de Vicente Luis Mora. Además, las borrosas fronteras entre crítica y ficción permiten pasearse por el taller literario de Mora, incluso animan a hacerlo. Sin embargo, la alta densidad teórica de Fred Cabeza de Vaca puede desalentar a los lectores más tradicionales. A otros también les puede molestar el machismo brutal de Fred, un Torrente con el coeficiente intelectual de Newton que se refiere a sus amantes con un número (sic), o el fragmentarismo excesivo, sobre todo en el capítulo escrito solamente con post-its (sic). Pero a pesar de estas críticas menores, merece la pena disfrutar de la prosa de Mora y de su crítica al capitalismo canalla, a la dictadura de la imagen y a la España actual, así como conocer las originales obras de arte de Fred.

Un último incentivo lector que roza el spoiler: en Fred Cabeza de Vaca se resuelve el Procés, la llamada crisis soberanista de Cataluña.

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