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Lewis Baltz. Lo que deja la ausencia

Andrea Reyes de Prado
@AudreyRdP


No necesariamente luminosa, no necesariamente blanca. La belleza puede adoptar formas de frío, de distancia, de misterio. Ser cara oculta, ser cisne negro, o silencio. Porque son también lengua, también palabra y mensaje, formas de lo sublime. Lewis Baltz (1945–2014) no buscaba desde sus imágenes bellezas blancas y puras del mundo. Encontraba segmentos de su suciedad y autoengaño, aquello que el hombre hace y deshace en su búsqueda de la falsa felicidad, y así lo retrataba en contrastes de negros y blancos que, a pesar de ser espejo de feas o neutras realidades; puesto que no hay arte sin ella, son también belleza. Fotografías de geografías irrumpidas e interrumpidas por el hombre, naturalezas muertas, lenguajes de arquitectura sobre tierra.

Baltz
Fotografía de la serie ‘The Prototype Works’

Hasta el próximo mes de junio, la Fundación Mapfre de Madrid expone la primera retrospectiva del reconocido fotógrafo quien, a ojos de Urs Stahel, comisario de la muestra, era «una combinación entre una persona enormemente visual y un crítico de la sociedad». En su alejamiento de la idea romántica –hermosa y sublime– del paisaje, y junto a otros fotógrafos como Robert Adams o Stephen Shore, Baltz formó parte del movimiento New Topographics (nacido de la exposición Fotografías de un paisaje alterado por el hombre de 1975); bajo el cual «las imágenes fueron despojadas de cualquier adorno artístico y reducidas a un estado esencialmente topográfico, transportando cantidades sustanciales de información visual, pero evitando completamente los aspectos de belleza, emoción y opinión». Símbolos de progreso y poder humano en su desnuda realidad. La oquedad del hombre. Lo que es, lo que tiene, lo que al crear destruye; sin él mismo. Urbanidad o espejos de una huella imborrable. Una nada desoladora de la que mostrar con pureza la suciedad. La presencia que queda tras el acto y su ausencia.

«Baltz es belleza gélida, estética del abandono. Una mirada conceptual al alrededor humano, a la interrogación absurda y perdida que parece el mundo una vez ha sido por él pisado, modificado, corrompido»

Agrupada su trayectoria cronológicamente a lo largo de secciones como Prototipos (1967–1976), serie de sus años de estudiante; Nevada (1977) o las difuminadas fronteras entre natura y hombre; Cerca de Reno (1986–1987), Ciudades nocturnas genéricas (1989-2000) o Venezia-Marghera (2000–2013); la fotografía de Baltz baña de inquieto sosiego escenas urbanas donde ventanas, puertas, señales o esquinas se convierten en rostros de vacío. Espacios ahogados de California, lugar donde creció; tensión y ambivalencia en Park City, objetos ajenos en la tierra o la tierra misma y su erosión en San Quentin Point. Niebla en humo que absorbe las montañas del Círculo Polar, ciencia-ficción en los Cuerpos dóciles de los años noventa, época de cambio en su estilo y concepción del trabajo, debido a la conciencia de que una nueva era comenzaba en sí a fraguarse: la era de los medios. Fotografía que deja de ser fotografía y se convierte en pared, en propio pilar que sustenta valores de la sociedad. «Los suburbios –los límites de la ciudad, los lugares en los que la ciudad se convierte en la no-ciudad– son los lugares que están mutando, los lugares en los que el futuro pende de un hilo». Geometrías agudas al otro lado del silencio.

Baltz
Fotografía de la serie ‘San Quentin Point’

Baltz es belleza gélida, estética del abandono. Una mirada conceptual al alrededor humano, a la interrogación absurda y perdida que parece el mundo una vez ha sido por él pisado, modificado, corrompido. Una mirada frontal, directa, un mensaje claro sin palabras, una cara sin expresión que sabe decir lo que ha visto. Llamativas imágenes, poseedoras de un encanto distante, que nos hablan de un hombre que empleó su don en observar y testimoniar lo que hallaba tras la acción humana sobre la naturaleza. Una fotografía que (in)voluntariamente ahoga, en esa proximidad de objetivo, quitándonos espacio y aire. Fotografía incógnita, en apariencia indiferente, que como resultado de una variada selección de nombres y estilos por parte de la Fundación contrasta con la de Bruce Davidson, Julia Margaret Cameron, Paz Errázuriz o Josef Koudelka, últimos habitantes de la sala Bárbara de Braganza.

«El principio básico es el siguiente: por corriente que sea, todo paisaje humano tiene un significado cultural […]. Nuestro paisaje humano es nuestra autobiografía involuntaria, refleja nuestros gustos, nuestros valores, nuestras aspiraciones, incluso nuestros miedos, de una forma visible, tangible…». Cara oculta, negra, del mundo. Silencio de lo feo que Baltz captura y hace armonía sobre el lugar terrestre y humano.

Información práctica

Lewis Baltz
Fundación Mapfre
C/ Bárbara de Braganza 13, Madrid
Hasta el 4 de junio de 2017
Lunes de 14:00 a 20:00 horas; de martes a sábado de 10:00 a 20:00 horas y domingos y festivos, de 11:00 a 19:00 horas
3 €. Lunes gratuito
Sitio web

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