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Lecturas de «Teoría King Kong»

Ficha técnica

Título: Teoría King Kong

Autor: Virginie Despentes

Editorial: Literatura Random House

Año: 2018

Páginas: 176

Precio: 13,90 €

 

 

 

 

 

Guillem González
@demimerio


Leí con agrado agridulce una de las últimas columnas de Alberto Olmos, provocadoramente titulada «Es fácil ser un hombre como Dios manda (si sabes cómo)». En ella el escritor segoviano criticaba un ensayo sobre masculinidad de Grayson Perry, La caída del hombre, por tener una idea única y simplista de la masculinidad. Entre otras, Olmos citaba esta frase del libro de Perry: «En todo el mundo hay hombres que cometen crímenes, declaran la guerra, reprimen a mujeres y desbaratan economías, todo debido a su anticuada versión de la masculinidad». Según Olmos, a menudo el feminismo «solo habla de los malotes que se ponían en las últimas filas en el instituto» y tienen una «anticuada versión de la masculinidad», mientras que ignora a los demás hombres. El ataque a La caída del hombre está en sintonía con el malestar que sienten y expresan muchos hombres: «el feminismo y los estudios de género ponen a todos los hombres en el mismo saco», «a todos nos consideran machistas, violentos y abusones», etc.

Cuando leí por primera vez la reseña, estuve de acuerdo con su autor. Pensé que así como se habla de feminismos, en plural, habría que hablar de masculinidades, como propuso la socióloga Raewyn Connell en su estudio homónimo, irónicamente escrito por una mujer. En Masculinidades, Connell es mucho más cuidadosa al referirse a la masculinidad, quizás porque sabe cuán frágil puede ser; por ejemplo, dice que «Ciertas versiones de la masculinidad se relacionan profundamente con la violencia».

Quienes esperen un programa feminista o un denso tratado quedarán decepcionados. «Teoría King Kong» es, simplemente, un ensayo feminista, en el sentido primigenio de la palabra ensayo.
king kong
Virginie Despentes.

Sin embargo, esta primera lectura del artículo de Olmos, tan dulce, pronto se agrió. Me pareció que su crítica solo le daba una forma sofisticada a un manido argumento antifeminista: «no todos los hombres somos iguales», es decir, «no todos los hombres somos machirulos». Este argumento contiene algo de verdad —y Olmos da diversos ejemplos válidos de otras masculinidades—, pero en el fondo se equivoca: el feminismo no dice que todos los hombres sean machirulos sino que todos los machirulos son hombres. El feminismo no critica a los hombres per se sino el rol del hombre en la sociedad patriarcal, porque no todos los hombres abusan de las mujeres pero todos los hombres pueden abusar de las mujeres, todos los hombres podemos convertirnos en machirulos, machistas o algo peor. Nuestra identidad de género es cuando menos machista en potencia, ya que el lugar que ocupamos en la sociedad es privilegiado y está programado para permitirnos ciertos comportamientos abusivos que a las mujeres u otras identidades se les niegan. Ese poder inherente al papel del hombre es lo que el feminismo y los estudios de género quieren poner de relieve, cuestionar y socavar.

Con todo, estoy siendo demasiado crítico con la columna de Alberto Olmos, porque es de agradecer que los hombres reflexionen sobre las masculinidades, pero sobre todo porque yo todavía no he leído La caída del hombre de Grayson Perry. Y hablar mal de una reseña sin haber leído el libro reseñado es una canallada. Principalmente porque lo que me interesa es justamente la lectura, primero dulce y luego más agria, del texto de Olmos. Y es que el feminismo es en primer lugar un proceso de lectura, una forma de leer la realidad y los textos. Antes que nada, el feminismo es una lectura de la sospecha, un código para poner de relieve las relaciones de poder invisibles. El feminismo es una nueva revolución humanista: primero, una manera diferente de leer y, a continuación, una manera diferente de actuar y estar en el mundo. Y esta revolución nos incumbe también a los hombres.

La escritora francesa Virginie Despentes lo sabe, por eso empieza su Teoría King Kong (2007) apostrofando a sus lectoras en un largo, poderoso y memorable segundo párrafo, en el que a continuación se dirige a sus lectores hombres:

«Pero también escribo para los hombres que no tienen ganas de proteger, para los que querrían hacerlo pero no saben cómo, los que no saben pelearse, los que lloran con facilidad, los que no son ambiciosos, ni competitivos, los que no la tienen grande, ni son agresivos, los que tienen miedo, los que son tímidos, vulnerables, los que prefieren ocuparse de la casa que ir a trabajar, los que son delicados, calvos, demasiado pobres como para gustar, los que tienen ganas de que les den por el culo, los que no quieren que nadie cuente con ellos, los que tienen miedo por la noche cuando están solos».
king king
«Brooklyn Gang, New York» · Bruce Davidson · 1959

De ningún modo se puede acusar a Despentes de no ser inclusiva con los hombres, o al menos con ciertos hombres. Pero en el fondo cualquiera tendría que leer Teoría King Kong, un ensayo de 2006 pero recientemente reeditado con buen tino por Literatura Random House, donde la autora francesa se autobiografía a través de un prisma feminista. La misma editorial ha publicado también Vernon Subutex 3, la tercera y última entrega de la trilogía novelística de Despentes, a raíz de la cual fue entrevistada en el Página Dos del pasado 14 de marzo.

Los temas tratados en Teoría King Kong son sin duda polémicos pero nos ayudarán a leer mejor la actualidad. Así, en el capítulo titulado «Imposible violar a una mujer tan viciosa», cuenta cómo ella y su amiga fueron violadas por tres hombres. Despentes rompe el tabú de hablar sobre la propia violación y les propone a las otras víctimas que también lo hagan, y critica la estigmatización de la víctima y la impunidad del verdugo. De hecho, formula una interesante lectura de la violación: no es un evento que defina a la mujer violada sino al violador; es decir, que la violación es una característica y un arma del heteropatriarcado, el acto que resume las agresiones, sometimientos y humillaciones que un sexo le impone al otro:

«La violación, el acto condenado del que no se debe hablar, sintetiza un conjunto de creencias fundamentales sobre la virilidad».

Despentes logra que lectores y lectoras empaticen con ella y otras víctimas de violaciones, consigue acercarnos aunque solo sea un poco al horror experimentado por aquellas, pero también ayuda a comprender su necesidad de salir de él para seguir viviendo. Ojalá quienes opinaron sin ton ni son sobre la violación de «La Manada» hubieran leído antes Teoría King Kong. Otro de los temas tratados en el ensayo de Despentes es la prostitución, que la autora ejerció durante dos años. De nuevo, la experiencia personal es el punto de partida y otra vez la polémica está servida, pues la apología de la prostitución de Despentes ataca de resultas al matrimonio (entre otros objetivos):

«Si la prostituta ejerce su trabajo en condiciones decentes, similares a la esteticién o la psiquiatra, si libera su actividad de todas las presiones legales que se ejercen actualmente sobre ella, entonces, la posición de la mujer casada se vuelve de repente menos interesante. Porque si se banaliza el contrato de la prostitución, el contrato matrimonial aparece de modo más claro como lo que es: un intercambio en el que la mujer se compromete a efectuar un cierto número de tareas ingratas asegurando así el confort del hombre por una tarifa sin competencia alguna. Especialmente las tareas sexuales».

«Porno-brujas» es uno de los capítulos más interesantes y probablemente resulte tan polémico como los ya mencionados. En este caso, Despentes habla como espectadora de pornografía pero también como codirectora, pues convirtió su primera novela, Fóllame (1999), en película con Coraline Trinh Thi, actriz porno francesa, y las dos protagonistas son otras dos actrices de cine para adultos; no hace falta decir que contiene escenas de sexo explícito y que causó todavía más revuelo que la novela en la que está basada. Merece la pena leer este y el anterior capítulo de Teoría King Kong al hilo de The Deuce, la última serie de David Simon; esta retrata con un realismo análogo a la crudeza de Despentes la difícil vida de las prostitutas de la calle homónima de Nueva York, así como la legalización y el auge de la pornografía durante los años 70.

Se ha dicho en algunos medios que Teoría King Kong es un manifiesto feminista, pero no lo es; tampoco es una obra de teoría feminista, a pesar del título —para comprender su enigmático significado, habrá que llegar al penúltimo capítulo del libro—. Quienes esperen un programa feminista o un denso tratado quedarán decepcionados. Teoría King Kong es, simplemente, un ensayo feminista, en el sentido primigenio de la palabra ensayo: partiendo de su yo y de su experiencia personal, Despentes reflexiona sobre diversos temas propios del feminismo; ya hemos mencionado algunos —la violación, la prostitución y la pornografía—, pero hay otros como el machismo de cierto periodismo cultural o los rancios estereotipos todavía hoy atribuidos a la mujer.

Por eso, el estilo de Teoría King Kong no es académico sino más bien literario, similar al de sus novelas: ágil, poderoso y directo como Charles Bukowski, muy a menudo políticamente incorrecto como Irène Némirovsky y en algunos casos incluso aforístico: «Me alegro de lo que soy, de cómo soy, más deseante que deseable». Pero a pesar de su amenidad y de su carácter autobiográfico, Teoría King Kong también tiene un andamio teórico que lo sostiene: encontramos a menudo citas y referencias eruditas y cada capítulo empieza con un epígrafe de una autora feminista: Virginia Woolf, Angela Davis, Gail Pheterson, Annie Sprinkie y Simone de Beauvoir. Teoría King Kong no solo nutre nuestra capacidad lectora, también nos surte de lecturas.

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