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«Dibujaron lo inevitable», sostiene Pereira

Ficha técnica

Título: Sostiene Pereira

Autor: Pierre-Henry Gomont (basado en la novela de Antonio Tabucchi)

Editorial: Astiberri

Año: 2017

Páginas: 160

Precio: 25 €

 

 

 

 

Andrea Reyes de Prado
@AudreyRdP


En realidad, es así como ocurre. Más cerca de la nada que del todo. Dentro del silencio, de lo imperceptible. «Lo esperado sucede inesperadamente –versa Juan Antonio González Iglesias–. A veces no hay campana, no hay trompeta, no hay canto / ni heraldo ni siquiera jilguero que declare / la entrada del milagro». O de la condena. O de lo necesario, lo inevitable. Sorprende, inquieta, esa extraña e inesperada naturalidad, la inusual ausencia de grito, de trueno, de aspaviento. Porque todo acontece como si nada estuviera aconteciendo, y por eso, en su durante, no nos damos cuenta de que algo se ha vuelto irreversible.

Hay escritores de lo pequeño, y escritores de lo grande a través de lo pequeño. Antonio Tabucchi (Pisa, 1943–Lisboa, 2012), quien encontró el tema de su escritura cuando descubrió el poema Tabaquería de Álvaro de Campos (Pessoa) –ese  triste y maravilloso canto que se inicia con «No soy nada. / Nunca seré nada. / No puedo querer ser nada. / Aparte de eso, tengo en mí todos los sueños del mundo»–; forma parte de ambas clases, si acaso no son una sola. Fascinado por Portugal y reconocido traductor italiano de Fernando Pessoa, vivió siempre entre los dos países, las dos culturas, las dos lenguas, letras, vidas. Y fusionó el alma de ambas, junto a la suya propia, en obras como El juego del revés (1981), Nocturno hindú (1984), Pequeños equívocos sin importancia (1985), La cabeza perdida de Damasceno Monteiro (1997), El ángel negro (1998) o Se está haciendo cada vez más tarde (2001).

Después del gran éxito del libro, el dibujante Pierre-Henry Gomont ha realizado una versión en cómic publicada por Astiberri.

Pero dentro de su producción novelística, de personajes siempre perdidos, incompletos, perplejos, tiernos y torpes, sin duda hay un título que sobresale por encima de los demás: Sostiene Pereira, publicado en 1994. La novela, uno de los mejores ejemplos de su compromiso social, narra el cambio, trascendental pero apenas advertido, en la vida de Pereira, un pequeño periodista cultural –sin más ideología que la del amor por la literatura y el vivo recuerdo de su esposa fallecida– que trabaja en un medio lisboeta en la época del régimen salazarista. Conocer al joven Monteiro Rossi y a su novia Marta, opuestos a él en carácter y con fuertes convicciones que van en contra de la dictadura, hace desquebrajar su apacible y vacía zona de confort. Y algo así es irreversible.

sostiene pereira

Después del gran éxito del libro, elaborado desde esa asombrosa y precisa sencillez tan característica de Tabucchi (que también poseen otros escritores italianos como Calvino o Baricco), traducido a numerosas lenguas y llevado al cine; el dibujante Pierre-Henry Gomont (Francia, 1978) ha realizado una versión en cómic publicada por Astiberri. El reto de convertir en imágenes una historia nacida de las palabras es tan fascinante como arriesgado, pues no se está cambiando el ropaje de un cuerpo, sino también la propia piel. Por ello no siempre la película o la novela gráfica más fiel al libro original, más literal en sus transcripciones, es necesariamente la mejor. Conseguir transmitir la esencia de ese libro, su «alma», es en realidad el verdadero desafío y lo que le da un mayor valor.

A propósito de las adaptaciones, el propio Tabucchi respondía lo siguiente en una entrevista a la revista Campus de la Universidad de Murcia: «Algunos cineastas dicen que hay una visualidad muy fuerte en mis novelas que les seduce. Fernando Lópes, el director portugués que filmó El filo del horizonte, escribió un artículo sobre esta supuesta característica de mis novelas. Él decía que mi narración era aparentemente cinematográfica, pero cuando se intenta llevar al cine se comprueba que es muy difícil de adaptar. Y es que mi narración está llena de huecos, de saltos, y eso es complicado para el director, el cine no aguanta los huecos, tiene que rellenarlos. La imagen necesita de la imagen, no del vacío. Un lector rellena los huecos que se produzca en un relato literario con su imaginación».

«Algunos cineastas dicen que hay una visualidad muy fuerte en mis novelas que les seduce».

Gomont, en su Sostiene Pereira, se acerca bastante al objetivo de transmitir lo que verdaderamente es y quiere decir la novela, pero quizá se queda algo corto en ese «rellenar los huecos» al que se refería su autor. Su variable armonía de colores, sus finas líneas en busca de la expresión ínfima imprescindible y sus recursos humorísticos –que conviven muy bien con el humor escrito de Tabucchi– encajan de forma natural entre sí, dando lugar a una recomendable obra que provocará curiosidad tanto a quienes hayan leído la novela como a quienes hayan oído hablar de ella y decidan que sea Gomont quien primero ponga imágenes a la historia. Pero cuando uno/a ha leído previamente Sostiene Pereira, y a Tabucchi, observa que algo falla, que algo falta. Que lo que está tiene una presencia esmerada, atenta y merecida, pero que podría haberse sacado más partido, haber llegado un poco más adentro.

Que todo acontezca como si nada estuviera aconteciendo es parte de la magia de Pereira, y Gomont, en cuyas viñetas se aprecia que lo ha sabido ver y comprender, no ha terminado de ser un espejo de su obra. Pero esto ocurrirá siempre: muy rara vez una versión o adaptación supera, por razones naturales, a la creación original. El cómic, que posee una atractiva edición tanto estéticamente como en contenido, se disfruta. Y se contagia la misma rabia, la misma impotencia, que Tabucchi reflejó, con su delicadeza triste y honesta, en un texto que clama por la libertad de opinión y expresión. El cómic es bueno, y recomendable. Pero el libro es imprescindible.

sostiene pereira

 

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