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Urtain

Pablo Casado Muriel

La literatura universal está repleta de personajes que avanzan inexorablemente hacia su destino: Edipo, Agamenón, Ajax. El fin catártico de estas obras es trasladado a nuestros días de una manera magistral en la obra que nos ocupa: Urtain.

12 asaltos invertidos dan forma a la obra de Juan Cavestany, producida por Animalario y el Centro Dramático Nacional. Un 21 de julio de 1992, José Manuel Ibar Azpiazu se lanza desde el balcón de su casa en Madrid; es el choque final contra el sino, el trágico final del que fuera ídolo español durante el tardofranquismo.

Sin embargo, la catarsis empieza ahí. “Dicen que cuando vas a morir la vida pasa por delante de tus ojos como una película”; eso ocurre en la obra. El espectador se sumerge en la vida de Urtain desde sus últimos días en los que los parroquianos de su bar se ríen de un alcohólico que recuerda sus tiempos de gloria hasta sus orígenes como púgil, donde empresarios y “amigos” hacen fortuna a costa de la fuerza y la sangre del boxeador.

La acción no sale del cuadrilátero, que se convierte en bar, despacho, o ring según el momento. Los actores, siempre en escena, no superan la media docena. Entre ellos destaca Roberto Álamo en el papel de Urtain, una interpretación magnífica que mantiene el nudo en la garganta del espectador durante casi dos horas.

La de Urtain es la historia de un ascenso y una caída, es la ruleta de la fortuna, es el trozo de carne a merced de los designios del destino. Es la historia de aquel que sale de su entorno para encontrarse con un mundo hostil donde la bondad no existe y el que la ejerce tiene todas las de perder.

Con esta obra la tragedia griega se hace actual, y con personajes reales. El éxito conseguido entre el público y la crítica resucitó un clásico de Televisión Española, Estudio 1. Por suerte, el que quiera disfrutar de esta magnífica representación puede hacerlo gracias a la web de RTVE, aquí.

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