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La ragazza del lago

Fernando Bonete Vizcaino

Un regalo de los que ya no se hacen. La atracción hacia este intrigante thriller va aumentando conforme se desarrolla la trama, con un comisario cada vez más interesante que acompañado por magníficas y originales tomas nos atrapa en sus cábalas criminales, pero sobre todo sociales y morales.

El crimen es tan solo una excusa para una brillante exposición de los postulados posmodernos mientras se dispone a su exploración y solución. El primero de ellos: la archiconocida ausencia del padre. Ninguna de las figuras paternas en el largometraje conoce realmente a sus hijos. Ni el padre de la fallecida Ana conocía sus secretos y afectos más íntimos, ni los progenitores de Angelo lograban comprender a su difícil y complejo hijo más allá que el anterior. Y lo que es más importante, tampoco el propio comisario descubre la gran distancia que lo separa de su hija y el peligro que corre de que se repita la historia (genial la epifanía de los sucesivos acercamientos y alejamientos que se muestran en la escena doméstica con abrazos y enfados, respectivamente).

El problema ético es perfectamente resuelto. La redención del padre se lleva a cabo a través de la figura del policía, descubriendo la justa trama que encierra el caso, arrepintiéndose del distanciamiento al que ha condenado a la hija (muy bien retratado al final de la película en un brillante e ingenioso diálogo con la fiscal en el que se reconoce culpable simbólicamente de no haber estado presente en el parto de su hija) y defendiendo en todo momento lo que desde el principio entendió como la verdad cuando pronuncia la lapidaria frase de “todos tenemos un padre”.

La otra gran figura de la película es Ana, quien será la protagonista junto con el comisario a pesar de estar muerta la casi totalidad del film. Es el icono que nos propone la pureza de espíritu y por eso la persona incomprendida dentro de un mundo que no entiende que se pueda ser fiel a la verdad. Su propio novio se refiere al tema sexual indicando que haber dicho que no mantenía relaciones con ella hubiera sido ser condenado al calificativo de loco. Un ángel de la guarda de la inocencia, que cuidará de Angelo sacrificándose por él hasta darlo todo: la vida. Otorga su bien más preciado para que el relevo, otro defensor de la bondad, el comisario, termine por hacer justicia.

En cuanto a la forma, fantástico el tono humorístico de ciertas escenas, siempre elegante y sutil. Muy buenas actuaciones en un entorno que a pesar de su profundidad social no pierde su esencia policial, con una música un tanto original con ciertas reminiscencias detectivescas muy acordes con la estética del largometraje. Además, un contraste magnífico entre la belleza de Ana y la crudeza de su muerte; serena como lo fue su vida, en paz por haber cumplido con su ser.

Y esa sonrisa final…

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