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Sembrando uvas

Germán Esteban Espinosa

Por fin llegamos a Las uvas de la ira, una de las mejores obras de Ford y una de las pocas películas de la época clásica de Hollywood de abierta crítica social, que toma por argumento el de la genial novela homónima del gran autor Steinbeck, sobre una familia de campesinos  de Oklahoma que se ven despojados de sus propiedades por los bancos y las nuevas tecnologías, y viajan hacia California en busca de un sueño: un nuevo trabajo. Sin embargo, al llegar solo obtienen xenofobia y explotación.

El argumento de Steinbeck es atroz. Con un lenguaje muy cinematográfico pone a parir la hipocresía imperante en Estados Unidos después del Crack del 29, cuando los campesinos de Oklahoma, los “okies”, eran vistos como animales y ladrones por sus compatriotas de otros estados; formándose dos clases sociales, la de personas (californianos) y la de refugiados (campesinos despojados).

La película de Ford data de 1940, y le supuso su segundo Oscar como director. Desde que terminó La diligencia, no paró de trabajar. En 1939 filma la más tediosa de sus obras: El joven Lincoln, protagonizada por el Henry Fonda más apático de toda su filmografía. Posteriormente se introduce por primera vez en el cine a color con Corazones indomables, que toma como argumento la poca transitada Guerra de la Independencia americana y que cuenta con John Carradine como antagonista.

Fotograma de la película

El origen de todo se encuentra en el año 1938, cuando Steinbeck se da una vuelta por los campos de refugiados de California para documentarse para un artículo en la revista Life. Sin embargo, no le pareció que un artículo fuera suficiente para describir la atroz realidad, con lo que escribió rápidamente Las uvas de la ira, que publicó en 1939. La novela se convirtió en un bestseller, lo que ayudó a que fuera comprada por Darryl F. Zanuck de la Fox y convertida en una de las obras maestras de Ford.

Las uvas de la ira llega a la perfección gracias a la acción combinada del saber hacer de Ford con el de un nutrido equipo de actores, más el impresionante argumento de la novela de Steinbeck, genialmente traducida en la pantalla por el guión de Nunnally Johnson, al que el propio escritor felicitó por su genial trabajo y quiso que se encargara de la adaptación de su siguiente novela, The Moon Is Down. Johnson cambió el orden de las peripecias de la novela original, hizo que uno de los episodios intermedios fuera protagonizado en el filme por la familia protagonista, y eliminó el acto maternal y bestial de la situación final de la novela (aunque según afirma el crítico y cineasta Jean Mitry este clímax fue suprimido por la censura, todo parece indicar que nunca se filmó). El final fue sustituido por un gran discurso de Má Joad.

John Steinbeck

El parecido estético de la película (que por cierto está fotografiada con la contrastada luz de Greg Tolland, uno de los directores de fotografía más conocidos de América por iluminar Ciudadano Kane y otras piezas de Orson Welles) con las fotografías de la crisis americana se debe a que para documentarse el equipo de Ford tuvo acceso a la Farm Security Administration del New Deal, donde se nutrió de fotos de la época, como las de Dorothea Lange.

Ford se encargó, eso sí, de despolitizarla en lo posible para centrar el conflicto en la familia, núcleo de todo su cine. Las uvas de Ford versan sobre la destrucción del hogar y la eneida para fundar uno nuevo, con la progresiva pérdida de los miembros familiares. A diferencia del libro, en la película hay algún personaje que aparece al principio y desaparece sin mayor explicación, como el hijo mayor de los Joad, Noah, del que no se dice que sufre un pequeño retraso mental por un golpe que le atizó su padre.

Fue candidata a siete Oscars, de los que se llevó uno Ford, y otro Jane Darwell, en su insuperable papel de Má Joad, que supo definir la fuerza de la madre con la sensibilidad más la falta de cariño público propio de las costumbres del sur estadounidense. Lo consigue tanto en la despedida de Tom, que analizaremos en las próximas entregas, como en la íntima escena del principio en la que mira sus recuerdos y decide cuáles llevarse y cuáles quemar.

Má Joad

Nunnally Johnson es, con diferencia, el guionista con el que peor se llevó Ford. En una carta enviada al crítico y cineasta inglés Lindsay Lohan, el guionista le aseguraba que todo el largometraje era mérito suyo, ya que en el guión se especificaba todo lo que tenía que hacer Ford. Luchó durante años por ser considerado el autor de la novela.

En la próxima entrega veremos todos los entresijos del rodaje, los trucos fílmicos que usó Ford para saltarse la censura e iluminar la escena en la que Tom Joad va enciende una luz en su tienda de campaña, además de mostrar el tortuoso rodaje al que Ford sometió a la joven Dorris Bowdon (prometida por cierto con el guionista Nunnally Johnson), sus burlas hacia John Carradine y una muestra del gran talento de Henry Fonda.

John Ford - el monográfico

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