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«Perfectos desconocidos»: tan divertida como descorazonadora

Ficha técnica

Título: Perfectos desconocidos

Director: Álex de la Iglesia

Guion: Paolo Genovese, Álex de la Iglesia, Jorge Guerricaechevarría

Producción: Mediaset / Telecinco cinema / Movistar+

Fotografía: Kiko de la Rica

Música: Alfonso de Villalonga

Reparto: Eduard Fernández, Eduardo Noriega, Juana Acosta, Ernesto Alterio, Pepón Nieto, Dafne Fernández, Belén Rueda.

Duración: 96′

País: España

Año: 2017

Jorge Velasco Fernández
@JorgeVF88


Perfectos desconocidos es el decimoquinto trabajo del cineasta vasco Álex de la Iglesia. Una comedia muy negra remake de la versión original italiana Perfetti sconosciuti de Paolo Genovese, con la que ganó 2 premios David de Donatello, el de Mejor película y Mejor guion. Esta versión española es una de las grandes ausentes en los Goya, tanto su director como su gran reparto, que no ha recibido ninguna candidatura. Y eso que, esta vez, la película del señor De la Iglesia no se va tanto de madre como en buena parte de sus trabajos, que terminan perdiéndose en la locura pese a tener unos arranques y un desarrollo bastante interesantes, pero que se difuminan en el climax final con salidas que en muchos casos tiran por la borda toda la buena labor con la que se estaba realizando el filme.

La trama nos la ha situado en un entorno fijo; una mesa de salón de una casa de familia bien en el centro de Madrid. Allí se reúnen cuatro parejas de amigos que se dicen conocer de toda la vida y en el que uno de los miembros propone el siguiente juego dado su grado de complicidad y confianza que se tienen entre ellos: dejar sobre la mesa, mientras dura la cena, el teléfono móvil. Y cada llamada o mensaje que se reciba a cada celular será leído y escuchado por todo el mundo.

Esta versión española de la película original de Genovese es una de las grandes ausentes en los Goya, y eso que esta vez De la Iglesia no se va tanto de madre como en buena parte de sus trabajos.

Claro está que con esta premisa lo normal es que todos los que se dicen amigos guarden más que un secreto entre ellos, pero el envalentonamiento para no parecer personas cohibidas y que promueven su exaltación extrema de la amistad (una amistad sin intimidad) les hace caer a todos ellos en la tentación y el morbo de jugar la suculenta propuesta. Entonces comenzamos a ver que los matrimonios que hay no son tan perfectos como aparentan ser, ni son tan felices como parecen decir. Tampoco todos los miembros dicen la verdad y frivolizan acerca de sus sentimientos, situaciones… generando un estado de comicidad para el público que sonríe expectante a todo lo que va a devenir cuando comiencen a sacarse los trapos sucios.

Perfectos desconocidos

Los subtemas de la película van más allá de los habituales tópicos. Lo más significativo es la adicción de las personas a los aparatos electrónicos, entiéndase en este caso los teléfonos móviles, donde cada uno guarda variada información, mucha de ella de dudosa moral, pero que alimenta la satisfacción del portador del artefacto. Y que provoca el morbo de los miembros de la mesa a querer descubrir sus secretos y aficiones ocultas. Como por ejemplo la afición por chatear con desconocidos y proponerse juegos eróticos, siempre a escondidas del marido/mujer, claro está. O la malsana tentación por ligar con gente más joven y tirar por la borda años de matrimonio e hijos en común. También se trata el tema de la homosexualidad como un tabú entre amigos por miedo a la sorpresa y al rechazo de una condición que aún sigue generando disputas en ciertos círculos.

Pero el verdadero problema de los miembros de la cena, y que se dicen tan amigos, no es otro que la evidencia del miedo, del miedo por demostrar la humanidad de cada uno y de afrontar la realidad. Vemos matrimonios avocados al fracaso por falta de confianza y de comunicación, por no tener un proyecto de vida común sino proyectos individuales con personas al lado para satisfacer necesidades primarias. Vemos las caretas, la mascarada veneciana de un grupo de personas que se conoce pero que no se quiere bien. Un grupo que valora la amistad con una negatividad pasmosa.

El verdadero problema de los miembros de la cena, que se dicen tan amigos, no es otro que la evidencia del miedo, del miedo por demostrar la humanidad de cada uno y de afrontar la realidad.

La sensación que deja la película en el espectador es la de estar asistiendo a un sainete muy cómico, pero a la vez muy triste y descorazonador por la falta de sensibilidad de cada personaje. Cada uno, gracias al hipnótico alcohol, va sacando poco a poco su dios salvaje para terminar por sacar a la luz lo más miserable del otro, generando vergüenza ajena al llevar al extremo mentiras sin sentido por el miedo a afrontar una realidad que duele a cada uno de los protagonistas.

La película consigue todo esto arriba mencionado gracias al guion, la buena labor de la dirección artística y la buena actuación de sus siete miembros, junto a una música que va subiendo la tensión del filme por momentos. Además de que a esto último también le favorece el dinamismo con el que rueda Álex de la Iglesia, creando un producto muy ágil y entretenido que no deja respiro al espectador hasta que los protagonistas abandonan la casa.

En el fondo es una pena que esta nueva versión de Perfectos desconocidos no haya tenido la recompensa de alguna candidatura a los premios Goya de la Academia de cine español. Sin embargo, no por ello vamos a dejar de animarlos a que acudan a las salas a disfrutar de una de las mejores películas españolas del año, sino todo lo contrario. Estas fechas, tan dadas a cenas, seguro que en varias casas se propone el juego de la película. Espero que, tras lo mencionado, se corten un poco y dejen espacio a la intimidad de cada uno, pues pueden ver cosas que no quieren y de las que se sorprenderían.

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