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Pasen y vean

La información y el periodismo han caído en tierra de nadie. Asisten heridos al circo mediático que se ha organizado a su alrededor, un espectáculo que los mantiene entre dos frentes enemigos, totalmente aislados de la realidad. Comienza la función.

Fernando Bonete Vizcaino

¿Qué es un buen número sin emoción? Para captar el interés es indispensable sorprender, presentar lo sensacional, lo espectacular y, si se presenta la ocasión, el escándalo y hasta lo escabroso. Que mejor forma de promocionar nuestro show que embuirlo de acción, la experiencia in situ del acontecimiento, que se huele, se toca, se saborea, y hasta se ve y se oye (hiper-emoción). Todo vale con el objetivo de vender nuestro producto, pues eso es precisamente lo que los medios consideran que es la información: mercancía. La fascinación por el directo genera competencia, todos se hacen eco de una misma noticia (mimetismo mediático), y destacarse se hace indispensable. No hay tiempo para el análisis ni la contextualización, la veracidad implicaría una pérdida de beneficios. Basta con los datos y el discurso que nos ofrezca una fuente emotiva y compasiva (mesías mediático).

Esta forma de entender la información y de actuación del periodismo es provocada por la televisión. Es verdad que la hiper-emoción ha existido siempre, pero centrada en determinados segmentos de los medios, que normalmente apostaban por la seriedad y rigurosidad de su información. La televisión se ha aprovechado del postulado posmoderno basado en el fracaso de la razón y en la confianza plena en el sentimiento para introducir la emoción como identificador de la verdad. Este medio nos presenta los hechos en riguroso directo, con todo detalle, pues es necesario e indispensable ver para comprender y creer. Según este precepto toda información debe ser convertida en imagen y, para la total seguridad del medio, en espectáculo. Cuanta mayor sorpresa y fascinación suscite la noticia en el espectador, más involucrado se sentirá con el medio y más enganchado estará a su “información”, que es en verdad entretenimiento. Ejemplos en la película de Tanovic no faltan: discurso emocionado y sentimental de la periodista, que pretende que sea realizado por el soldado para mayor realismo y teatralidad; grabación del búnker y de los militares atrapados, además de su intención de hacerles una entrevista, y del enfrentamiento final de los mismos (la sangre y la violencia, el espectáculo morboso, atraen mayor cantidad de audiencia).

Pero la hiper-emoción responde también a otro razonamiento, el del entendimiento de la información como mercancía, como un producto audiovisual del que se puede sacar toda una serie de beneficios económicos, sociales y, en algunos casos, políticos. Un medio recurre a la hiper-emoción para diferenciarse de otro, de la sobreabundancia de información. Una competencia desenfrenada por tener el producto más espectacular y emocionante y así poder hacer más interesante la información y que esta destaque y adquiera un mayor valor. Entonces, el valor de esta no radica en su verdad, ni en su seriedad ni rigor como análisis, sino en el interés y polémica que suscita. De ahí que la periodista intente por todos los medios conseguir una entrevista con los soldados atrapados. No le importa la delicada situación física ni emocional en la que se encuentran, solo tiene un objetivo: que su noticia alcance exclusividad frente al resto.

La causa de que un medio tenga que buscar variaciones respecto de otros la encontramos en el mimetismo mediático. Cuando se descubre un nuevo acontecimiento todos los medios se abalanzan sobre los hechos, pues si el asunto mueve el interés de los canales de referencia, este debe ser imprescindible. De este modo, el concepto de verdad queda deformado, ya que induce a la audiencia a pensar que aquello de lo que se han hecho eco tantos medios tiene que ser necesariamente verídico. Pongamos como ejemplo el hallazgo de nuestra periodista, a la que momentos después ya están secundando desesperadamente el resto de canales.

El escenario ha quedado preparado para el número final. Todos esperan expectantes la venida del mesías mediático. El magnífico espectáculo mostrado requiere de un final emotivo y sentido, de un discurso que tenga alcance universal y toque la fibra sensible del espectador. Sin duda, Danis Tanovic entiende a la perfección el carácter mesiánico de este personaje omnipotente haciéndolo descender de los cielos. El coronel Soft llega con su helicóptero hasta el lugar de los hechos. Es la fuente que los medios necesitaban, una personalidad que infunde solemnidad en el show y que a partir de entonces se hace cargo del análisis de la situación. Su opinión y crítica son tomadas como palabra indiscutible y totalmente verdadera.

Con todo, si el contraste de la información y su análisis concienzudo han desaparecido, ¿qué función tiene entonces el periodista en el plano de la comunicación? Si solo es necesario estar presente para quedar informado y ver es comprender, la figura del periodista ya no es necesaria. Se trata entonces de un mero instrumento, un cristal transparente que no retiene ni procesa los acontecimientos, un elemento de unión y difusión de hechos, como si de una máquina se tratara. La verdad queda degradada y la masificación y la instantaneidad entronizadas.

La información ha quedado sin contenido, y el hecho de poseerla en mayor cantidad no nos ofrece entonces ser más libres. Todo lo contrario, esta situación significa un retroceso, pues la información, en su sentido más pleno, ha quedado desvirtuada. Somos nosotros quienes permanecemos en tierra de nadie sobre una mina: el ejercicio irresponsable e irracional del periodismo. Una mina que nos impide ser libres.

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– Otras críticas en la sección Cine.

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