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Munich

Fernando Bonete Vizcaino
@ferbovi

Veraz*, aunque a algunos les pese. Veraz no por narrar lo que ocurrió aquellos fatídicos días de septiembre del 72, si no por el estremecedor desarrollo de los acontecimientos posterior. Michael Burleigh nos pone en antecedentes:

Este clima de ojo por ojo influyó en el jefe del Mosad, Zvi Zamir, quien a su regreso de Múnich –donde había presenciado la catastrófica actuación de los alemanes, que hicieron caso omiso de sus sabios consejos- apremió a la primera ministra Golda Meir para que se concentrase en aterrorizar a los terroristas mediante el asesinato de los dirigentes de Septiembre Negro y de todo el que hubiera contribuido a facilitar la operación de Múnich. […]

El modus operandi se revistió de una dudosa legalidad. Los servicios de inteligencia israelíes en el extranjero se encargarían de recoger información sobre un determinado sospechoso de terrorismo, compilando entonces un dossier [sic] que a su vez pasaba a ser el fundamento de una acusación en toda regla. Actuando como «fiscal», el jefe del Mosad presentaba el caso ante la primera ministra y los miembros de su gabinete –y así siguió siendo en otros gobiernos distintos del de Golda Meir-, que constituían el jurado y cumplían el papel de juez. No había un «abogado» de la defensa.

Comando "Cesarea"

"Munich" (2005) - Steven SpielbergHasta ahí la teoría, aunque la práctica llegó todavía más lejos. Muchos de los objetivos  fueron ejecutados más por la viabilidad o facilidad operativa que por su culpabilidad de relevancia (agentes de responsabilidad del servicio de inteligencia israelí dieron con posterioridad testimonio de ello). Como en el largometraje, centrado en una de las múltiples células articuladas por el Mosad, acaso la más importante, la que operó bajo el nombre en clave de “Cesarea”, las propias unidades acabaron por reconocer en ellas el mismo método utilizado por los radicales palestinos: el terrorismo.

Asesinatos a bocajarro, como el del traductor Wael Zu’aytir, agujereado doce veces por balas del calibre 22 a pesar de no haber tenido nada que ver con el atentado de Múnich (su culpabilidad se basó en afirmaciones vertidas en los medios sobre la masacre, que para él había sido orquestada por los propios israelíes). Bombas activadas por control remoto para el portavoz de la OLP en París Mahamud Hamshari (en el teléfono) y el contacto palestino con la KGB Hussain Abu-Kair (en la cama). Comandos (16 en total) infiltrados en Beirut tras viajar desde Haifa en lanchas torpederas para asesinar a Abu Yusef (esposa incluída) y Kamal Adwan, en una operación al estilo “cobra rápida” Uzis en mano. Granadas sin más para acabar con la vida de Kamal Nasser… 

Pronto, los israelíes se habían convertido en auténticos dobles de los palestinos. El terrorismo de Estado que ejercieron los judíos hizo de Israel un espejo en el que los árabes y sus proyectos de destrucción tuvieron un perfecto reflejo. Esa “Ira de Dios” desatada por el Mosad obtuvo numerosas respuestas, de importancia y violencia crecientes. Así lo certifica el secuestro perpetrado por Septiembre Negro de un avión de Lufthansa, con el que se consiguió la liberación de los tres terroristas supervivientes y encarcelados tras los atentados de Múnich, el ataque a la embajada israelí en Bangkok… por no decir de las andanzas del “bueno” de Carlos el Chacal.

La célula israelí arma una bomba trampa

De todo esto, de las fantásticas vacaciones pagadas de Ali Hassan Salameh gracias al crédito aportado por la CIA, y de las correspondientes implicaciones morales al completo, da perfecta cuenta el filme de Spielberg (para mí, y entre paréntesis por ser de particular opinión, su mejor metraje). Afirmaciones como esta, realizada por uno de los operativos de la unidad secreta judía, hacen que el espectador se remueva incómodo en el asiento:

¿Crees que los palestinos inventaron lo de derramar sangre, que conseguimos nuestra tierra siendo amables?

Da que pensar y mucho sobre la naturaleza del eterno conflicto en Oriente Próximo. Y no porque la responsabilidad recaiga y los verdaderos culpables sean los israelíes, sino porque antes que ellos lo fueron la permisividad y confianza de los Aliados ante el pampaneo antisemita de Hitler y los suyos, y antes incluso la desastrosa política ejercida desde el comienzo del mandato británico en Palestina (si es que alguna vez existió Palestina, que me da que no).

La culpa, en definitiva, mucho antes, muchísimo antes de todo esto, la tiene el hombre, que desde que es hombre ha dedicado un especialísimo interés por la violencia, tal vez desmedido por volver la espalda a esa otra violencia que es la del amor.

Pagamos ese precio para que la escoria de Vichy fuera sustituida por la escoria de De Gaulle y los nazis fueran sustituidos por Stalin y por América. Huimos de los gobiernos… ¿Un Padre Nuestro?

Hay que tener mucho valor para afirmar esto. Mucho más que para matar. La verdad es la gran revolución de la Historia, y se logra en su inmensidad con pequeños gestos como el de Spielberg con Munich.

* Casi. Solo por una pequeña inexactitud: los policías tiradores del aeropuerto de Fürstenfeldbruck no llevaban mira telescópica en sus, por lo demás rifles de cañón corto. Tampoco iban provistos de cascos de protección, chalecos antibalas y radios para comunicarse. Un absoluto desastre de las autoridades alemanas aderezado con la vergonzosa guinda que dejaron los medios de comunicación, que enfocaron a las fuerzas especiales con sus cámaras desvelando todo el plan estratégico de la policía a los terroristas, que seguían toda la actualidad del momento por televisión.

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