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Moneyball

Fernando Bonete Vizcaino

Pretendía hablarles esta semana de la posmodernidad en dos extensos artículos al más puro estilo de la parrafada, pero ayer tarde, al salir del cine, tuve necesariamente que dejarme sorprender y admirar por Moneyball. Como la etapa social que vivimos nos acompañará, por desgracia, unos cuantos años más, me he decidido finalmente por traerles esta fabulosa película de Bennet Miller, no porque tenga el temor de que, al contrario que la posmodernidad, caiga en el olvido, es un gran filme, sino porque sentía unas ganas inmensas de hablarles de ella y recomendársela.

Como el béisbol, toda profesión que tenga una dimensión eminentemente pública implica ilusión y vocación, pero también miedos, y muchas veces corremos el riesgo de que estos nos ganen el partido. Solo el esfuerzo constante, el trabajo por superarnos e, imprescindiblemente, creer en lo que hacemos, nos darán al final la seguridad necesaria para afrontar nuestro deseo. No la suerte, ni el azar, tampoco la casualidad, que si bien forman parte ineludible del destino, son accidentes esporádicos, circunstanciales, de la naturaleza que nosotros mismos nos forjamos.

Moneyball es un largometraje de béisbol sin partidos de béisbol. Una película cuya temática deportiva es solo una excusa para hacernos partícipes de su mensaje: que cada paso para llegar a la base que nos dará la carrera es un fin en sí mismo. Ser conscientes de ello es vital para superarnos; saber que el esfuerzo ha tenido un significado en cada momento, nos da la clave para evitar el mal entendido fracaso de mirar solo por el ideal. Cumplir con nuestra naturaleza es dar lo mejor de nosotros mismos en cada momento, y si algo sale mal, una vez hemos comprendido el error, solo nos queda luchar por seguir mejorando. Quedar estancados en el terror de resbalar en la carrera, o de no acertar a golpear la bola, nos obliga a creernos incapaces incluso de poder jugar.

Billy Beane (en una formidable interpretación de Brad Pitt, como todas las de esta película) tardará más de dos horas (¿Moneyball dura más de dos horas?) en entender que la felicidad no se haya en la perfección. Siempre que hayamos hecho todo lo que estaba en nuestras manos, si conseguimos ganar el partido genial, y si no, just enjoy the show!

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2 Responses

  1. MR

    A mí me ha faltado que se centren más en las relaciones humanas, que hicieran más hincapié en esos miedos y en que lo importante es superarlos, pues me parece que al final la película transmite demasiado esa idea de que lo importante son los números, datos y estadísticas, y que desde un despacho se puede hacer todo.

    Se nota mucho la mano de Sorkin en el guión, con esos diálogos vertiginosos que a veces llegan a ser enredados, como en la escena en que están comprando y vendiendo jugadores como si estuvieran haciendo malabares. A mí personalmente me hacen distanciarme emocionalmente de la película en algunos momentos pero, aún así, la he podido disfrutar. Como dicen los críticos, me ha parecido una película “correcta”.

    1. Sin duda hay otra dimensión en la película paralela al desarrollo de una teoría práctica de los fines y la felicidad mucho más centrada en el deporte, en el béisbol.

      No he comentado casi nada al respecto por mi total desconocimiento de este deporte americano, pero sí, tal vez, exponga una línea argumental más técnica, numérica, que sirve de contrapunto a la otra mucho más humana, lo que puede revertir en que en ocasiones se aleje de la intención principal del filme. Lo que no sé es si otro desarrollo de la temática hubiera sido posible, teniendo en cuenta, como indico, la temática.

      Creo que, en definitiva, “Moneyball” cuenta con una doble dimensión cuya dinámica combinatoria se traduce en una película absorbente.

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