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Llegando a Lordsburg

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"La diligencia" (1939) - John FordTítulo: La diligencia

Dirección: John Ford

Guión: Dudley Nichols

Producción: Walter Wanger (United Artists)

Dirección de fotografía: Bert Glennon

Reparto: John Wayne (Ringo Kid); Claire Trevor (Dallas); Thomas Mitchell (Doc Boone), John Carradine (Hatfield), Andy Devine (Buck); Louise Platt (Lucy Mallory), George Bancroft (Curley), Donald Meek (Peacock), Berton Churchill (Gatewood)

Duración: 96 minutos

País: Estados Unidos

Año: 1939

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Germán Esteban Espinosa

Tras tres intentos frustrados de redactar esta entrega de la monografía sobre John Ford, que aborda una crítica breve sobre La diligencia, llegamos a la conclusión de que lo más característico de la película es su banda sonora. Si algo llama la atención desde el principio es la particular melodía que acompaña al vagón durante todo el trayecto, y que solo se ve interrumpida por el breve entremés de la canción mejicana, y por la llegada de los indios, momento en el que aparece un leitmotiv basado en música grave, muy semejante al que utilizará en otros westerns.

Presenta una estructura narrativa perfectamente sólida, que comienza con una descripción del ambiente hostil en el que se encuentran, con la amenaza de los cheyennes capitaneados por Jerónimo. Después va presentando a los personajes, de manera sutil a veces, de forma exagerada en otras ocasiones, como el alcoholismo de Doc Boone. Mitchell consigue en este papel interpretar al alcohólico mejor logrado y menos sobreactuado de la filmografía de Ford.

Carradine está correcto en su papel, pero como en la película donde brilla con luz propia es en Las uvas de la ira, nos centraremos en su persona en la siguiente entrega. Wayne, siempre criticado por su manera de actuar, da la talla sin ningún problema, mejor incluso que su compañera, la prostituta marginada.

Una de las mejores tomas de Ford en la película

Por no extendernos en detalles que tantos miles de críticos y estudiosos han enunciado ya, vamos a divagar sobre unos cuantos detalles curiosos. En primer lugar, se aprecian elementos de continuidad entre esta cinta y otras futuras producciones de John Ford. Tag Gallagher, crítico amante de ver símbolos hasta en los cortes entre plano y plano, defiende que la diligencia que está cubierta de telarañas en Liberty Valance es la misma que se utilizó en esta película, como una comparación entre el optimismo de esta y el pesimismo de aquella.

Camuflado entre los clientes del bar donde están los antagonistas al final de la cinta, hay un actor negro que llama la atención. Se trata de Woody Strode, intérprete que será un miembro fiel del equipo de Ford en su última década productiva, y que protagonizará la original película El sargento negro (1960). Los personajes que encarna Andy Devine en La diligencia y en Liberty Valance están casados con una mejicana y tienen múltiples familiares. Además son cobardes, aunque en ambos casos muestran seriedad al final del largometraje cuando le dice en tono serio a John Wayne que ya han llegado a Lordsburg; y cuando amenaza a Lee Marvin con enjuiciarle si sale a la calle con la escopeta. Esta escena está calcada de la de La diligencia, con la diferencia que en la del 39, el valiente es Doc Boone, y el antagonista le da su arma.

Es magnífica la forma con la que Ford da el pistoletazo de salida a la persecución. Cuando parece que ya ha pasado el peligro y los personajes se disponen a brindar por su éxito, suena desde fuera de campo un flechazo, y uno de los personajes cae fulminado. A partir de ahí empieza una desenfrenada persecución, que demuestra uno de los tópicos atribuidos a Ford: es uno de los directores que mejor sabe mostrar la velocidad que alcanzan los caballos galopando. Van a todo trapo en sus películas.

La diligencia atraviesa un río a toda velocidad

En este segmento los cinéfilos critican a Ford que se salte continuamente el eje; o sea, que al cambiar la posición de la cámara entre plano y plano, dé la sensación de que si en un plano los indios cabalgan hacia la izquierda, en el siguiente parece que lo hagan hacia a derecha. Pero lo cierto es que no genera ninguna confusión en el espectador. En cualquier caso, ayuda a mostrar la imposibilidad de encontrar ayuda en el desierto. Ford se excusó diciendo que rodaban al amanecer y al atardecer, y que cambiaban de posición según la dirección del sol. De hecho, en películas como Fort Apache repite el salto de eje de una forma mucho más exagerada que en La diligencia.

Esta larga secuencia de ocho minutos y 48 segundos tiene dos puntos interesantísimos. El primero está protagonizado por el indio que cae entre los caballos y es arrasado por la diligencia. Se trataba del navajo Enos “Yakima” Cannutt, que ideó él mismo la secuencia, y como se aprecia e la cinta, después de ser arrollado por el coche hace intentos de levantarse, para que el público viera que era un actor y no un maniquí. Le gustó tanto a Ford que lo introdujo en su equipo de figurantes.

El otro punto clave se produce hacia el final, cuando la dama está nerviosa ante la inminente llegada de los indios y se pone a rezar, mientras que por fuera de plano aparece la pistola de Carradine, dispuesto a matarla para evitar que la violen los nativos. Como respuesta a sus plegarias, es precisamente un indio quien la salva de morir, segundos antes de que haga su aparición la caballería. Aquí se demuestra que la maestría de Ford no solo se aprecia en escena, sino que sabe manejar perfectamente los fuera de campo, algo que tradicionalmente se ha alabado del cine de Hitchcock.

 Wayne ve a Trevor

El estudio del plano con múltiples puntos de atención que lleva a cabo Ford en esta película fue clave para Orson Welles al rodar Ciudadano Kane (1941), pues según declaró el propio cineasta, estudió la película de Ford al milímetro. Es interesante cómo muestra sin palabras el clasicismo de la embarazada, el jugador y el banquero, cuando en una mesa larga se sientan los tres lo más alejados posible de la prostituta Dallas. La cinta también hizo que las bandas sonoras de Ford tendieran hacia la música folclórica americana, además de comenzar a comprometerse en serio con sus rodajes, según afirma el experto en Ford Scott Eyman.

Cuando se estrenó, la pieza supuso un éxito arrollador tanto en Europa como en Estados Unidos. Encantó la espectacular escena de persecución. Aunque haya envejecido más que otras de sus obras, es innegable que es una buena pieza cinematográfica, que solo se estanca en el tiempo que pasa entre el parto y la reanudación del viaje. La semana que viene nos introduciremos por fin en Las uvas de la ira, una de las mejores del director, que lo une definitivamente a Darryl F. Zanuck.

John Ford - el monográfico

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