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Lazos de sangre, un buen remake

Ficha técnica

Lazos de sangre (2013) - Guillaume Canet - Clara ReynésTítulo: Lazos de sangre

Dirección: Guillaume Canet

Guión: Guillaume Canet y James Gray

Dirección de fotografía: Christophe Offenstein

Producción: Alain Attal, Guillaume Canet, John Lesher, Hugo Sélignac

Reparto: Clive Owen (Chris); Marion Cotillard (Mónica); Billy Crudup (Frank); Mila Kunis (Natalie), Zoe Saldana (Vanessa), James Caan (Leon)

Duración: 144 minutos

País: Francia

Año: 2013

Distribuye: Good Films

Clara Reynés


Este largometraje es una versión de su homónima de 2008, francesa, Liens du sang, de Jacques Maillot. La película, dirigida por Guillaume Canet y apadrinada por James Gray, luce. Para los amantes del cine negro y de un buen largometraje, será un buen bocado para consumir una tarde cualquiera.

El metraje arranca con un golpe al espectador, entrando in media res en plena acción. La primera escena, que despide una fragancia tarantinesca, no acaba de cuajar. Afortunadamente, no marca el tono del resto de la película. A partir de la siguiente secuencia, el filme gira por otros derroteros: el argumento es el mismo que el de la anterior versión, con algún ligero cambio o característica de personaje; y que el del libro en el que se basa el guión (la novela Les liens du sang, de Bruno y Michael Papet). La novela, a su vez, es un testimonio de la vida de dos hermanos y sus vidas reales.  La historia se ambienta en 1974: dos hermanos enfrentados por sus profesiones, ladrón y policía; tres mujeres cuyas vidas están entrelazadas con las de estos, y el resto del núcleo familiar, compuesto de ellos dos, su hermana y su padre.

Es, pues, una versión de algo ya hecho, ya visto. Sin embargo, el filme que ha realizado Guillaume Canet después de haber co-protagonizado el anterior en 2008, es una versión, nos atreveríamos a decir, buena. No es una obra maestra, no es una película de culto, pero sí es una buena película.

Lazos de sangre (2013) - Guillaume Canet - Clive Owen - Clara Reynés

Entremos propiamente en materia: la elección de la banda sonora y la estética y fotografía de la cinta es excelente; acompaña a la trama y, sin resultar brillante, es muy buena. La imagen lavada, el atrezzo, el vestuario y las localizaciones, sin llegar a ser la locura de puesta en escena que fueron en Milk o Grand Hotel Budapest, son de calidad. Es decir, el envoltorio del caramelo es más que satisfactorio, pero todos sabemos que el envoltorio nunca es lo relevante: lo importante es el contenido.

Pasemos, en segundo lugar, al tratamiento del argumento y al tono del largometraje, ahora que ya hemos comentado su aspecto estético. Después del arranque, fuera del tono de la película desde nuestro punto de vista, y quizá no muy conseguido, oliendo un poco a manido (es ese tipo de escena que parece que sólo puede permitirse Tarantino, o igual es un prejuicio nuestro), el largometraje, dentro de un tratamiento visual y de personajes de cine negro/policíaco, vira claramente al dramón, realizado sin pretensiones melodramáticas y sin grandes sorpresas ni giros efectistas. Las trayectorias de los personajes están no sólo justificadas, sino también reafirmadas por unas imponentes interpretaciones y un muy buen trabajo de guión. La producción consigue desprenderse de esa tonalidad claramente francesa que tenía la anterior versión, sin llegar por eso a generar una arquitrama comercial de Hollywood. Se respeta a sí mismo y respeta al espectador, siguiendo sus propios tiempos. Calificado en numerosas ocasiones de lento, en nuestra humilde opinión no lo es: el ritmo se enrosca alrededor de la trama, otorgando profundidad y pausa a los personajes y a sus vivencias, y acelera en los momentos adecuados, más relacionados con el concepto de película de cine negro. El contrapunto entre su género y concepto estéticos y su tono hacen de este metraje una buena pieza, apta para ver de manera relajada en cualquier momento.

Lazos de sangre (2013) - Guillaume Canet - Marion cotillard - Clara Reynés

Los giros, dentro de la trama principal (el conflicto entre los hermanos) no son sorprendentes, pero sí verosímiles y eficaces. No confundamos, pues, previsible con aburrido: todo el mundo sabe cómo acaba El crepúsculo de los dioses, (Billy Wilder, 1950), y no conocemos a nadie que se vea capaz de negar que es una de las grandes obras maestras del cine americano del s.XX.

Salvando las distancias (enormes, obviamente), recomendamos este metraje a todos aquellos a los que les guste un buen largometraje, que profundice en los personajes; disfrutar de la interpretación de los actores y de una realización que, sin intentar lucirse, sigue los recovecos de la trama y los potencia (recurriendo a steady-cam y cortos planos secuencia en momentos de intensidad dramática), diálogos necesarios pero no explicativos y una buena fotografía y realización técnica y estética, con toques de género policíaco y reminiscencias al cine negro.

Dato cinéfilo

Sección oficial de Cannes, fuera de concurso  y candidata al Premio del Público en el Festival de Toronto.

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