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La infalibilidad y perfección del comunismo soviético

Ficha técnica

El niño 44 (2015) - Daniel Espinosa - Germán Esteban EspinosaTítulo: El niño 44

Director: Daniel Espinosa

Guión: Richard Price. (Novela de Tom Rob Smith)

Producción: Michael Schaefer; Ridley Scott; Greg Shapiro

Dirección de fotografía: Oliver Wood

Reparto: Tom Hardy (Leo Demidov); Noomi Rapace (Raisa Demidov); Vincent Cassel (Mayor Kuzmin); Gary Oldman (General Mikhail Nesterov); Fares Fares (Alexei Andreyev); Charles Dance (Mayor Grachev).

Duración: 137 minutos

País: Estados Unidos, Reino Unido, República Checa, Rumanía.

Año: 2015

Distribuye: eOne

Germán Esteban Espinosa


El Comunismo es el verbo hecho carne. Es la palabra de Dios. Es la verdad. Es el Bien platónico. Es el criterio de objetividad, la certeza inapelable, el fin de la existencia humana. Es la felicidad inalcanzable en vida, la respuesta a todas las preguntas, la ecuación de la antivida. En el comunismo no existe el mal. El comunismo lleva a la clase proletaria a la armonía de la sociedad comunista en la que todos son felices y todo es perfecto. El comunismo es el paraíso.

La infalibilidad del comunismo es tal, que si algo no funciona, se debe por narices al sabotaje internacional; a la trampa del extranjero, del otro, del que no es comunista, del capitalismo; del enemigo. Cuando los planes de Stalin no se cumplían, había que encarcelar, torturar y matar a los ingenieros responsables y a sus familias, porque el comunismo no falla nunca y, si lo hace, es porque lo han saboteado.

El crimen no existe, si alguien quiere esclarecer un delito, comete traición, porque el comunismo es un sistema inmaculado, con lo que al investigar algo que no puede producirse en el mejor de los sistemas posibles, se está traicionando al pueblo y llenándole la cabeza de miedo, con lo que el investigador merece ser torturado y encarcelado. El comunismo es, el resto, no es.

El niño 44 (2015) - Daniel Espinosa - Tom Hardy - Noomi Rapace - Germán Esteban Espinosa

Esta filosofía es la que transmite perfectamente la película, que es una de las cintas que mejor reconstruye la paranoia e inseguridad propias del comunismo estalinista, en el que, como bien describe Alexandr Solzhenitsyn en su demoledor Archipiélago Gulag, podían detenerte por el mero hecho de necesitar más mano de obra en los campos de concentración. Una URSS donde por tener una leve sospecha o ser denunciado por alguien, eras automáticamente culpable; donde tu vida no valía nada porque pertenecía a un bien mayor que tu existencia y superior a tu dignidad: el paraíso comunista.

El director y el guionista parecen más preocupados por transmitir el costumbrismo de la época que por adaptar el argumento central de la novela de la que surge El niño 44; por lo que advertimos al potencial espectador de que es mejor que acuda a verla pensando en que no va a ver una adaptación cinematográfica, sino una película original. Como creación fílmica, merece la pena gracias a la ambientación y el buen hacer de los personajes, que protagonizan una película que mantiene el interés en todo momento y transmite perfectamente la sensación de opresión que vivían los moscovitas por culpa del comunismo.

Tom Hardy es sensacional. En la versión original consigue recrear un acento ruso tan perfecto que nadie diría que se trata de un acento creado para la ocasión. Noomi Rapace por fin ha encontrado un papel en el que sentirse a gusto, después de películas muy olvidables como La venganza del hombre muerto (2013). Gary Oldman, por su parte, aporta ese nerviosismo tan característico de sus personajes, de modo que no sabemos en ningún momento cuál va a ser su próximo movimiento ni de qué lado se va a posicionar.

El niño 44 (2015) - Daniel Espinosa - Tom Hardy - Noomi Rapace 2 - Germán Esteban Espinosa

El director comete el enorme error de recurrir a lo que en inglés se denomina shaking cam y que nosotros calificamos comúnmente como “operadores de cámara con parkinson”. Por culpa de esa técnica, las escasas escenas de acción que posee la película pasan como un borrón veloz. No vemos ningún movimiento ni ninguna acción; no sabemos lo que sucede sino solo por lo que deducimos de los efectos de sonido. Por favor, señores profesionales del cine, ¡Dejen ya de utilizar esa puñetera técnica! ¡No es buena, ni aporta realismo! Si vamos al cine es para ver movimientos, no para ver lapsus lumínicos sin sentido; para eso nos montamos en una montaña rusa o un deportivo y miramos a los lados.

Dejando eso a un lado y los interrogantes que puedan quedar al final de la película, amén de la falta de concordancia entre la cinta y la narración original, el largometraje promete calidad y una genial reconstrucción de la época, además de momentos de tensión y lirismo que construyen una gran empatía con el personaje protagonista y con las cientos de víctimas que fueron despedazadas por la imparable y dogmática trituradora de la ideología comunista.

Dato cinéfilo

Es curiosa la afinidad que muestra Putin con el comunismo y con la figura de Stalin. ¿Querrá ser de mayor como Koba? De momento, se conforma con prohibir que esta película sea exhibida en Rusia.

Continúa el camino...
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