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La diligencia

Germán Esteban Espinosa

Entre El delator y La diligencia nos hemos dejado en el tintero las de 1936, que fueron Prisionero del odio, María Estuardo (hecho a la medida de Katherine Hepburn, de la que se supone que Ford estaba enamorado y que casi provoca la ruptura de su matrimonio, aspecto que se solucionó cuando Hepburn se casó con Spencer Tracy, antiguo miembro del grupo de Ford y amigo personal), y The Plough And The Stars. En 1937 rodó con la niña prodigio Shirley Temple La mascota del regimiento y la efectista Huracán sobre la isla, al mismo tiempo que rechazaba dirigir Lo que el viento se llevó. En 1938, 4 hombres y una plegaria y Patrulla Submarina. Por fin, en 1939, estrenó tres películas, la primera de las cuáles es La diligencia.

La diligencia es importante porque renueva el género Western, olvidado por el sonoro. También destaca por poner en escena a John Wayne, y lo enlaza para siempre con el director. Además, es la primera vez que Ford rueda en el Monument Valley de Arizona, en la reserva de los Navajos. También hablaremos sobre la tormentosa relación entre el director y John Carradine, grandísimo actor, padre del trágicamente fallecido David Carradine (Kung fu, Kill Bill).

La película se basa en un relato de Ernst Haycox, que a su vez se inspira en Bola de Sebo, de Guy de Maupassant. Reúne en el reducido espacio de una diligencia a personajes variados que viajan de una ciudad a otra. Está el tratante de whisky, interpretado por el sastre de El delator, Donald Meek; el médico alcohólico encarnado por el actor fordiano Thomas Mitchell; el banquero estafador, la mujer de soldado embarazada, Louise Platt; El soldado confederado reconvertido en miembro de la caballería John Carradine; la prostituta Claire Trevor, el gordo conductor Andy Devine y el forajido, Ringo Kid, John Wayne.

Para los que acusen a Ford de moralista, el hecho de que pinte en todas sus cintas al círculo de viejas cotorras que forman las alianzas para la defensa de la moral, como si fueran odiosas arpías sádicas, demuestra claramente que el catolicismo de Ford está limpio de todo moralismo impostado. De hecho, en esta película la prostituta es la más santa de todo el grupo, seguida por el forajido y por el doctor alcohólico. Los peores son el banquero, la embarazada y el soldado, con sus prejuicios en contra de la prostituta, aunque los dos últimos evolucionen tras el intermedio del parto, en donde se demuestra la profesionalidad del borracho Doctor Boone.

Concretar el rodaje de esta película no fue fácil. El 10 de abril de 1937 Ernst Haycox publicó Stage to Lordsburg en la revista Collier’s, y el propio Ford compró los derechos por 7.500 dólares. Por esa época Dave Selznick, de la RKO, se había asociado con  Merian C. Cooper y los Hermanos Whitney (de los que ya hablaremos más adelante), para fundar Pioneers Productions, con la que Ford firmó un acuerdo con Cooper para rodar La diligencia, acordando que él elegiría a los actores.

Sin embargo, Selznick no estaba conforme con que fuera un western, y quería a las estrellas Marlene Dietrich y Gary Cooper para los papeles de Trevor y Wayne. Sin embargo, Cooper, hombre íntegro donde los haya, había dado su palabra a Ford, con lo que se fue de Pioneers y contactó con Walter Wanger, de la United Artists, que financió el proyecto (La UA fue fundada en los comienzos de Hollywood por actores como Chaplin, Douglas Fairbanks y Mary Pickford, y directores como Griffith, para poder hacer proyectos personales).

Escena de "La diligencia"

Dudley Nichols volvió a ocuparse del guión, del que cambió todos los nombres del relato y añadió la trama de Ringo Kid, que busca venganza, lo que da lugar al epílogo épico del largometraje. También tuvo la genialidad de dotar de urgencia el viaje, además de añadir la escena cumbre lírica de la película, la del parto a mitad del trayecto.

Por supuesto, el hecho de que una de las protagonistas fuera prostituta metió a Ford en  problemas con la censura, lo que solucionó no mentando en ningún momento la profesión del personaje de Trevor. Es aquí cuando Cooper y Ford deciden fundar Argosy, productora que tendrá como logotipo un barco de tres palos.

John Ford y John Wayne

La diligencia es importante por enlazar un triángulo cinematográfico maravilloso para el espectador: John Ford, que no se apellidaba Ford, sino Feeney, el Monument Valley, y John Wayne, que ni se llamaba John, ni se apellidaba Wayne, sino que se sus padres le bautizaron como Marion Morrison.

Wayne consideró toda su vida a Ford como su mentor, consciente de que gracias a él se convirtió en una estrella del cine americano, y no el astro de Serie B que ya era por aquel entonces. El universitario Marion Morrison se encontraba en verano trabajando en el rodaje de Cuatro hijos, película muda de Ford del año 1928, como ayudante de atrezzo. Tenía la misión de barrer las hojas del suelo después de una escena con viento. Cuando todo el equipo estaba comenzando a rodar tras colocar la complicada escenografía, Wayne se confundió y salió a barrer, estropeando todo el trabajo previo, algo que hizo tanta gracia a Ford que lo contrató como figurante para su siguiente cinta, Legado Trágico, y lo adoptó como si fuera su hijo, pese a dedicarse desde entonces a torturarlo en prácticamente todos sus rodajes.

Sin embargo, estuvo casi diez años sin hablarle, por el concepto extraño que el director tenía de la lealtad. Le sugirió a su colega Raoul Walsh que contratara a Wayne en 1929 para La Gran Jornada. Sin embargo, como Wayne obviamente aceptó sin pedirle permiso a Ford, éste le echó de su grupo como castigo, hasta que se encontró con él en Catalina en 1934 y volvió a hablarle.

Ringo Kid

Cuando iba a rodar La diligencia, Ford tuvo el sadismo de invitarlo a bordo de su Araner, y liarse todo el viaje hablándole de la película y pidiéndole a Wayne que le recomendara un actor joven que él conociera para el rol de Ringo Kid, hasta que por fin, al final del viaje, Ford le dijo que el papel era para él.

De hecho, si los lectores se fijan, la película es además un vehículo de presentación de Wayne como gran estrella. Ford no destaca precisamente por su gusto por los movimientos de cámara exagerados y, sin embargo, para presentar a Wayne, hace un travelling rapidísimo sobre Ringo Kid, que pasa de un plano entero a un primer plano en un segundo. Es el equivalente icónico al discurso: “Este es el joven John Wayne, la nueva estrella del western”.

Según le comentó el actor fordiano Harry Carey Jr. a Peter Bogdanovich, Wayne le confesó que su extraño modo de andar se debía a los consejos de su primer suegro, el actor Paul Fix, al que pidió ayuda porque pensaba que su modo natural de andar era extraño.

Monument Valley

Hay directores que tienen un espacio determinado donde les gusta rodar. Para Woody Allen y a veces para Scorsese es Nueva York. Para Ford fue Monument Valley, situado en el desierto de Arizona, pegado a la frontera con Utah y fácilmente reconocible por sus elevadas y dispersas montañas de formas peculiares, que pueblan los exteriores de todos los grandes westerns de Ford, menos el de Liberty Valance y Caravana de paz (Wagon Master, 1950).

Monument Valley

En 1921 llegó a la zona Harry Goulding, que junto a su mujer compró un extenso terreno en 1936. Al año siguiente oyeron que Hollywood buscaba exteriores para un western, por lo que mandó muchas fotografías a Walter Wanger, informando de que su terreno ocupaba 40 hectáreas. Hasta que los Goulding vendieron sus tierras en 1962, el equipo de Ford se trasladaba a vivir en sus propiedades durante los rodajes, formando una gran familia y conviviendo las 24 horas del día, con música incorporada por el acordeón de Danny Borzage, íntimo de Ford y hermano del director Frank Borzage.

En La diligencia, no obstante, solo aparece cuando la gran persecución de los indios, en la segunda parte de la película, tomando como frontera entre las dos partes la escena del embarazo. En la siguiente entrega, abordaremos el análisis fílmico de la película.

John Ford - el monográfico

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