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La abuela del cine clásico

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"Cabiria" (1914) - Giovanni PastroneTítulo: Cabiria

Director: Giovanni Pastrone “Pietro Fosco”

Guión: Gabriel D’Annunzio

Director de fotografía: Segundo de Chomón

Reparto: Carolina Catena, Lidia Quaranta, Gina Marangoni, Umberto Mozzato, Bartolomeo Pagano

País: Italia

Año: 1913

Duración: 150 minutos

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Germán Esteban Espinosa

Contexto histórico

Cabiria, realizada en Italia en 1914 en medio del colosalismo italiano, es una de esas películas que no se conocen fuera del ámbito de la investigación cinematográfica. Es un ejemplo de transición entre el caos de los modelos de representación arcaicos y el modelo de representación clásico (o institucional, como lo llamaría Noël Burch en El tragaluz del infinito, obra de indispensable referencia). Refleja el paso entre la búsqueda en los primeros años del invento de la imagen en movimiento de un lenguaje propio; y el establecimiento, gracias a Griffith y su Nacimiento de una nación (1915) e Intolerancia (1916), de un lenguaje propio basado en la diégesis dickensiana.

Primero tenemos que situarnos en la historia. El cine, desde sus comienzos, fue visto por los grandes de la cultura como un invento de barraca de feria, un entretenimiento para el vulgo y la lacra social. Esto es lo común en toda Europa, menos en España, donde destacamos entre los demás por aceptar desde el principio el invento de Los Lumiére (porque fue su cinematógrafo, y no el bioscopio ni el kinetoscopio el que llegó a la Península Ibérica), como se aprecia en el entusiasmo de Valle-Inclán y otros dramaturgos por las relaciones que se podían establecer entre cine y teatro.

Sin embargo, allá por 1907 surge en Francia el Film D’Art impulsado por los Hermanos Lafitte, el primer movimiento encabezado por académicos de la cultura que persiguen legitimar el cine como un bien de la alta cultura. Pero, ¿Qué es lo que pasa cuando el cine quiere ser didáctico? Que se hunde en la miseria, y realiza producciones que parecen mal teatro filmado, como El asesinato del duque de Guisa, o aquí en España, Pedro el Cruel. Pese a su buena intención, ninguna de sus producciones alcanzó buena fama, porque tanto en Brighton como en Estados Unidos o la misma Francia, ya había cine mucho más ágil y entretenido, tal como constata el doctor Ignacio Armada.

Y así llegamos a Italia. La región llevaba poco tiempo unificada, y su gobierno era consciente de un gravísimo problema: los italianos no poseían sentido de la unidad, ni historia común. Bastante les costaba ya hablar una sola lengua. Para solucionarlo, tuvieron la brillante idea de recurrir al cinematógrafo, y rescatar los temas comunes a todos los italianos de la época más gloriosa de su historia: la Roma clásica. Ahí surge indirectamente el género Peplum y el cine colosalista italiano.

¿Por qué colosalista? Porque es la primera industria cinematográfica que está impulsada enteramente por el Estado, que subvenciona las producciones, provee de numerosos figurantes procedentes del ejército, y se encarga de crear decorados elaboradísimos a tamaño natural, vestuario documentado, esculturas, etc., para que los italianos se sientan orgullosos de su gloria pasada.

Los grandes decorados trajeron consigo la profesionalización de un nuevo puesto de trabajo: el director de fotografía, ya que para filmar la enorme escenografía, había que mover la cámara (las panorámicas y los travelines ya se habían ensayado, pero con fines distintos), por lo que se dieron cuenta de que hacía falta ir cambiando la exposición, para que no se viera medio decorado mal y medio bien.

Cabiria

En ese contexto surge Cabiria, la más grande e impresionante de todo el cine colosalista. En el año 1913, el gobierno recurrió al famoso escritor decadente Gabriel D’Annunzio para que escribiera el guión, más importante de lo que cree el lector al tratarse de cine mudo, como explicaremos a continuación. Se unió al director Giovanni Pastrone, que como buen italiano, no quería quedarse a la sombra de la figura de bohemio de D’Annunzio, por lo que filmó bajo el seudónimo de Pietro Fosco (“Piedra fogosa”). Tras construir los decorados y contratar al reparto, solo faltaba una cosa: el director de fotografía. Ahí entra en juego una de las grandes figuras olvidadas de nuestra cinematografía, Segundo de Chomón, aragonés del que hablaremos en el siguiente epígrafe.

La película trata sobre el rescate de la joven Cabiria, capturada por unos piratas de Cartago. Muestra perfectamente la transición hacia un modo de entender el cine como novela. La narrativa sigue siendo un tanto arcaica, sobre todo por su forma de proceder. Primero se proyecta un texto en el que se describe la acción que a continuación se observará. Vemos que de este modo, el cine actúa como las ilustraciones de un libro. La acción queda clara, pero la empatía con la imagen se ve constantemente interrumpida por el largo metraje textual.

No obstante, la producción demuestra nociones de montaje en paralelo, que muestra dos acciones consecutivas en pantalla, pero que ocurren al mismo tiempo en la realidad. Otras reglas como el salto de eje se ignoran; pero como tampoco es algo obligado, no se lo tenemos en cuenta (salto de eje significa que de un plano al siguiente del mismo fenómeno, la cámara se ha cambiado de lado, con lo que da la sensación de que lo que se movía a la izquierda, ahora se mueve hacia la derecha). Nos es imposible criticarla como se merece, porque para hacerlo habría que vivir en esa época. Ahora su contemplación equivale a estudiar una pieza de museo; es muy interesante, pero resulta tremendamente tediosa, y la música de pianola no ayuda.

Pero es fácil suponer la profunda impresión que causó. En una época poco acostumbrada a las grandes producciones, presentar una película con todos vestidos de romanos y cartagineses, con unos decorados tan grandes como edificios, lleno de acción e historia, debió provocar conmoción en el público coetáneo. Además, la colaboración entre el recién creado Hollywood y la industria colosalista italiana, permitió que la cinta se distribuyera con mayor rapidez por todo el globo.

La cumbre de Cabiria sucede precisamente al principio, en el templo de Moloch. La parte babilónica de Intolerancia está calcada de la ciudad cartaginesa de este largometraje. Construyeron un decorado mastodóntico, de varias decenas de metros altura. Una boca con tres ojos y dos manos da la bienvenida al templo, donde una figura gigante de un perro con tres ojos y fuego interior, devora a los niños que son arrojados en su pecho por los sacerdotes cartagineses.

Esta imagen es tan célebre que en 1927, cuando Fritz Lang rueda Metrópolis, al principio, cuando el joven hijo del director baja a la fábrica y ve a los obreros como marionetas torturadas en el trabajo, la fábrica se transforma momentáneamente en una imagen semejante a la de dicho templo.

Fotograma de "Metrópolis" que muestra la similitud con el templo de Moloch

Es interesante apreciar cómo en la cinta se ve cierta tendencia a buscar belleza con algunos cuadros, a encontrar valores expresivos y texturas sensoriales. Esto se nota sobre todo en los paisajes desérticos, donde se combinan perspectivas diagonales con camellos silueteados delante de un sol que se oculta, rodado todo en la mayor profundidad de campo que permitía la tecnología de la época. También se ve en las fantasmagóricas imágenes de la mano y el monje, segundos antes de que incinere al primer infante.

Los trucajes ópticos están a la orden del día, como se puede apreciar en el truco del sueño, que a la vez demuestra cómo aún no se había dado con la sintaxis audiovisual que permitiera explicar que determinadas imágenes son el sueño del personaje (años después se establecería el signo del fundido desenfocado de la imagen). Primero un rótulo inmenso nos cuenta que la princesa sueña. Después vemos un cuadro fijo, con la heredera al trono tumbada debajo de un espacio en negro, donde aparecen las imágenes freudianas de su subconsciente nocturno.

Sueño de la princesa en "Cabiria"

Sus dos horas y media de película, unidas a la difícil localización de una copia, más lo arcaica que resulta su narrativa, hace que no sea atractiva para el gran público, y que los cinéfilos tengan que reunir fuerzas y determinación para contemplarla. No obstante, aquellos que quieran dedicarse al cine ya sea de modo práctico o teórico, deben verla. Es un punto de inflexión en la historia del séptimo arte por la influencia directa que ejerce en Griffith y el cine clásico americano y soviético. En el enlace pueden verla en calidad Youtube.

Segundo de Chomón

Si por algo destaca España es por dejar escapar a sus genios, por ridiculizaros, marginarlos, jamás apoyarlos y olvidarlos en la Historia. Más les valdría a aquellos colectivos de actores y directores que van de adalides de la cultura apoyar aquellas figuras céleres que han caído en el olvido. Pero claro, para eso tendrían que tener cultura, saber del que carecen por completo.

Segundo de Chomón fue, por así decirlo, el Méliès español. Pero mejor que el francés, con un lenguaje más ágil. Procedente de Aragón, igual que Luis Buñuel, fundó en 1902 junto a su esposa un taller de coloreado. Los lectores han de saber que el cine siempre aspiró desde sus inicios al color, por lo que existían coloreadores dedicados a pintar fotograma a fotograma ciertos detalles, de modo que diera la impresión de no ser cine en blanco y negro. De hecho, si ustedes ven un corto del francés o de Chomón y es completamente en blanco y negro, será porque la copia que observan es de mala calidad.

Segundo de Chomón

En 1905 escribe y realiza El Hotel Eléctrico (disponible en Internet, pero con baja resolución). Ya con esta película, que además es la primera producción de ciencia-ficción de nuestra cinematografía, Chomón alcanza un éxito absoluto, y se convierte en uno de los maestros internacionales de la “truca”, mecanismo para realizar diversos trucajes ópticos que van desde la retroproyección al stop motion, que es la técnica que utiliza en este corto, para reflejar un hotel en el que todo está automatizado, y de paso criticar finalmente que la automatización total lleva a la destrucción, tal como señala Javier Memba en su Historia del cine universal.

Gran admirador de Méliès, hay autores que afirman que el galo rechazó un trabajó en común. Sin embargo, Charles Pathé (creador de la productora homónima que aún existe) no dudó en contratarlo, con lo que tras la realización de Gulliver y los gigantes ese mismo año, Segundo de Chomón cruzó los pirineos para producir en Francia numerosas piezas fantásticas, tales como El rey de la cabeza elástica (1908); Visita a Júpiter, Nuevo viaje a la luna, Viaje al centro de la Tierra y Viaje a Marte en 1909.

De esta época destaca su corto de 1907 Les Kirikis, fantástico retrato de una prodigiosa familia de circenses nipones que hacen maravillas, gracias a un truco óptico muy sencillo que no desvelaremos para no estropear la magia. Lo que se ve es un lenguaje rápido, moderno, que unido al coloreado de las imágenes, hace que sea muy difícil situarlo en los primeros años del Siglo XX.

Desde esos años hasta el final de sus días, Chomón se transforma en una máquina de hacer cine, trabajando generalmente en la península itálica. Termina participando en más de 500 producciones, además de especializarse en los trucajes y la iluminación. En Italia realiza películas en las que combina baños cromáticos semejantes a los que se usarán en los años 20 en Francia y Alemania, con auténticos bailes breakdance de muñecos grabados en stop-motion.

Además, consigue estar presente en los grandes momentos de la cinematografía europea. Es el iluminador de Cabiria, como hemos dicho uno de los puntos de inflexión de la historia del cine. Pero no se conforma con eso, sino que  en los años 20 vuelve a Francia a colaborar con el genial Abel Gance, siendo el responsable de efectos especiales de películas tan colosales como Napoleón (1927), de la que ya hablaremos en un futuro. Ilumina también otros productos españoles, tales como la película de Benito Perojo de 1927 con el célebre título de El negro que tenía el alma blanca.

Y con esto, llegamos al final de este artículo cinéfilo-histórico, que inaugura una rama temática sobre la historia del cine con artículos más densos y extensos de lo habitual en esta sección, pero mejor documentados y más rigurosos. Esperamos que les haya servido para conocer mejor algunos de los entresijos del origen del cine, y hayan aprendido sobre la existencia del genio olvidado Segundo de Chomón.

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